El caso de las osas que perdió la Aduana
Por Marta García Terán De la Redacción de LA NACION
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Paradas sobre sus pies, pueden llegar a medir 2,70 metros y cuando llegan a la madurez, pesan más de 200 kilos. Se las conoce como osas pardas y, precisamente, no se caracterizan por pasar inadvertidas.
Sin embargo, a la Aduana y a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre se le perdieron cuatro osas. Sí, cuatro ejemplares hembras que, desde 1999, deambulan sin destino luego de que fracasó un intento de hacerlas ingresar en el país sin papeles.
Teóricamente, los animales retozaban en una quinta de La Reja desde marzo último, cuando fueron cedidas en guarda al dueño de un circo por las autoridades ambientales. Pero, cuando ayer los fueron a buscar, las osas no estaban. Y lo que es peor, nadie conoce su paradero.
Las autoridades de la Sociedad Protectora de Animales están indignadas con sus pares de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, porque la última vez que se vio a las osas estaban encerradas, anilladas y en malas condiciones. Nadie cree que las osas anden sueltas ni mucho menos. Lo que ocurrió es que una delegación de la Aduana estuvo el lunes último en la casa situada en Carbó 2533, de La Reja, para verificar el estado de los animales y ver qué destino se les daba. Pero ayer ya las osas no estaban y los vecinos aseguran que se las llevaron en un camión el martes por la mañana.
Cuesta creer que el matrimonio de gente mayor que vive en esa modesta casa, con apenas unos pocos metros de parque, pudiera siquiera pagar la comida que requiere uno solo de estos animales por día. Más si se tiene en cuenta que la dueña de casa se quedó muda a la hora de dar su nombre o hablar del tema, pero recuperó la voz para decir que no tenía plata ni para sus remedios.
María, una de las vecinas que se disculpó por no dar su apellido, jura que las osas eran maltratadas, que vivían casi todo el tiempo encerradas en una jaula y que les daban de comer perros. Con ella coincidieron otros vecinos consultados en el barrio de quintas del distrito de Moreno.
Fuentes de la Aduana dijeron que no podrían decir si eso es cierto o no, pero sí que los dueños de casa les dijeron que las alimentaban con frutas y verduras.
Como sea, Miguel Rivolta, jefe del Servicio Veterinario del Zoológico de Buenos Aires, sostuvo que estos animales deben ingerir una dieta balanceada basada en carne y pescado, y que deben vivir en un hábitat amplio, que nada tiene que ver con una jaula y una cadena.
Eran seis y venían de España
Pero antes de avanzar es necesario explicar qué tiene que ver la Aduana en esta historia, lo que nos lleva al 30 de noviembre de 1999, cuando cinco osos pardos llegaron al puerto de Buenos Aires. No tenían autorización de importación ni documentos, explicó una fuente cercana al director nacional de Aduanas, Mario Das Neves.
Venían de España con su entrenador checo, Jindrich Pesek, y eran originalmente seis. Pero uno murió durante el viaje y fue arrojado al mar.
Los animales no tenían los papeles en regla, no pudieron ingresar legalmente en el país y quedaron bajo custodia de la Aduana, que se encontró con que las leyes no permitían donarlos.
Este organismo le dio intervención a la Dirección de Flora y Fauna, que depende de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, a la que entregó la potestad de los osos para que se encargara de su cuidado hasta tanto se solucionara el problema.
Estado deplorable
Esta dirección, a su vez, los derivó al Zoológico de Buenos Aires, según la titular de esa área. Allí murió otro oso, el 22 de enero de 2000.
El veterinario Miguel Rivolta recuerda perfectamente el estado en el que llegaron los animales al zoológico. "Deplorable", dijo. Y agregó: "Pesaban entre 70 y 80 kilos, cuando el peso normal es el doble, entre 150 y 180 kilos, tenían heridas viejas y las narices agujereadas. Mostraban movimientos estereotipados, como los de un autista. Su estado psíquico también era muy malo. Uno de ellos murió, pese a nuestros esfuerzos".
El derrotero de las cuatro osas sobrevivientes, hoy de 12, 23, 26 y 28 años, apenas comenzaba. En el zoológico porteño estuvieron unos pocos días, hasta el 30 de enero de 2000, cuando fueron devueltas a la Dirección de Flora y Fauna.
Les esperaba un nuevo destino: esta vez sería el circo Ralluy, en Mar del Plata. Hacia allí partieron con su cuidador checo, que siempre las tuvo en su tráiler. Pero no estarían mucho tiempo.
El 13 de marzo último, según la licenciada Victoria Lichtschein, directora de Flora y Fauna, se presentó Carlos Segura, dueño del Circo de los Hermanos Segura. El hombre mostró unos permisos, dijo que las osas eran suyas y que había pagado 13.000 dólares al circo Ralluy por ellas: "Se labró un acta y se nombró al señor Segura depositario de los animales en forma preventiva", dijo la funcionaria.
¿Por qué dejaron que se quedara con ellos, si los animales no tenían los papeles en regla y no podían ser comprados por nadie? "Es cierto que está en infracción, pero como nosotros no podíamos tener los osos, se los dimos en custodia hasta que veamos qué hacemos con ellos", respondió.
-Varias asociaciones proteccionistas dicen que podrían haberles dado un destino mejor.
-Ah, bueno, el que pueda ayudar, bienvenido sea.
-¿Por qué no les avisó antes?
-Mis inspectores me informaron que los animales estaban bien.
-¿Dónde están las osas ahora?
-Para nosotros estaban con este señor, en Moreno.
- No, ya no están allí.
-Entonces mañana (por hoy) nos ocuparemos de buscarlas y citaremos al señor Segura, porque él era hasta ahora el responsable.




