
"El chico no está en su sano juicio", dijo la jueza
Junior se mostró arrepentido
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BAHIA BLANCA.– “Evidentemente, no es un chico que esté en su sano juicio”, afirmó ayer la jueza de menores de esta ciudad Alicia Georgina Ramallo, en referencia a Junior, el alumno que mató a tres de sus compañeros en una escuela media de Carmen de Patagones.
La magistrada hizo esa apreciación en una conferencia de prensa, en la que también reveló que Junior había confesado su arrepentimiento.
El adolescente, que permanece recluido en un calabozo de la Prefectura Naval, en el puerto de Ingeniero White, se negó por la mañana a recibir a sus familiares, aunque por la tarde cambió de opinión y durante más de dos horas mantuvo una charla, cuyo contenido no trascendió, con su padre (un suboficial de Prefectura al que le sustrajo el arma con la que luego mató a tres compañeros), su madre y su hermano menor, de 10 años. Estos, por razones de preservación de su integridad, se quedaron a dormir anoche en la delegación de Prefectura, informaron fuentes de esa fuerza a la agencia Télam.
"Es un chico [Junior] que desde su infancia presenta problemas para integrarse en el medio social, especialmente con sus pares. Estamos hablando de una base patológica", explicó la jueza, que sostuvo sus dichos sobre los análisis psicológicos que se le realizaron al menor.
"La relación con sus padres era medianamente buena. Tal vez, por su personalidad, le tenía temor al padre", agregó.
Luego, confió que Junior se sentía arrepentido por lo sucedido: "En la primera entrevista que tuvimos, en plena ruta, cuando lo llevaban a Bahía Blanca y yo viajaba hacia Patagones, le pregunté cómo se sentía y me dijo que estaba arrepentido, que todo había ocurrido muy rápido y que no recordaba nada". Junior ratificó todo esto cuando declaró en el juzgado.
Sobre la personalidad del chico, la jueza Ramallo admitió: "El informe de los especialistas es muy clarito. Lo que para otro chico es normal, para él no lo es. Lo que es sencillo para otros, para él es complicado".
Durante la conferencia de ayer -que, dijo, será el único contacto para hablar del menor-, la magistrada se preocupó por aclarar que no se estaba en presencia de una "causa penal". "[Junior] es menor de edad, por lo que fue sobreseído tal como lo establece la ley 22.278, que así lo dispone para todo delito cometido por un menor de 16 años, sea cual fuere su gravedad", explicó.
"Acá no se trata de buscar si fue o no culpable. De hecho, él lo reconoce. Y no se le tomó declaración indagatoria porque es inimputable. Simplemente, se le preguntó si él quería declarar; se le dijo que era importante que lo hiciera y que dijera qué había pasado, porque él está pidiendo ayuda. Tuvo un momento de reflexión, no respondió inmediatamente. La audiencia duró una hora y media."
La jueza fue contundente al advertir que no iba a revelar las declaraciones del menor. En cambio, sí habló del futuro inmediato: "Es prematuro definir un destino para él. Estamos en el comienzo de los estudios. Podría ser derivado a una comunidad terapéutica, a una clínica psiquiátrica o un simple instituto, aunque esta última posibilidad está casi descartada".
En cuanto a la reacción de la familia del homicida, dijo que se trata de "gente humilde, que está desconcertada, shockeada, muy triste, y que no comprende qué ha pasado".
La jueza decidió derivar al menor a la sede de la Prefectura Naval en Ingeniero White porque allí "las instalaciones son más amplias y se podrá mantener al chico alejado del periodismo. Los padres y su hermanito, de 10 años, se quedarán a vivir en Bahía Blanca, porque hay que conversar bastante y, además, ahora hay que pensar en ese otro chico al que hay que reubicar en alguna escuela de esta ciudad, ya que por ahora no volverán a Patagones".
La magistrada no dudó en calificar como "una catástrofe para la Argentina" al episodio en la escuela de Carmen de Patagones. "Los especialistas enviados por la Nación, aunque están preparados para situaciones de catástrofe, tendrán mucho trabajo y deberán quedarse por un tiempo prolongado en Patagones", adelantó.
"El panorama que encontré en el aula fue desolador; los compañeros de escuela están consternados, muy tristes. Hablamos con los papás y con la comunidad, luego ordené que se filmara el escenario de los hechos y que no se hicieran las autopsias a los cadáveres, como lo exige toda muerte violenta, porque los padres se negaron. Finalmente, el médico forense hizo una inspección de vista para elaborar el informe", contó la jueza Ramallo.
Múltiples factores
Según el trabajo de los gabinetes psiquiátricos y de psicología, a cargo de Daniel Harrington y la licenciada María Pinto, "el suceso se habría producido por una multiplicidad de factores individuales, grupales y sociales, que están en pleno proceso de evaluación". La jueza evitó dar un plazo al período de internación. "Se verá su evolución con el transcurso del tiempo; cuando cumpla 18 años, cuando cumpla 21..."
Consultada sobre cuándo el menor tomó verdadera conciencia del alcance de los hechos, confirmó que fue durante su entrevista: "No sabía el resultado. Sabía que algún muerto podría haber habido, pero no sabía cuántos. De hecho, no lo podía saber". "[Junior] compartía su habitación con el hermanito, no tenía diario íntimo ni cartas", mencionó Ramallo, para aclarar que no se hizo ningún allanamiento, "ya que la propia madre abrió las puertas" para que ingresaran los investigadores.
El profesor a cargo
- "Hubiera preferido morir yo en lugar de los chicos. Si hubiera entrado en el aula me hubiese tirado primero porque represento a la autoridad", dijo Carlos Ruiz, el profesor de Derechos Humanos que estaba a cargo del curso la mañana de la masacre.
- "Cuando llegué al pasillo escuché un estruendo y un chico, no recuerdo quién, me entregó el arma", contó el profesor.
- "Como el teléfono no andaba, corrí hasta mi auto y salí para buscar a la policía", relató. "No hicimos trabajos especiales sobre violencia, ni sobre la masacre de Colorado", aseguró.





