
El exceso de alcohol domina la noche de los jóvenes en Flores
Se hicieron operativos fuera de los boliches; adentro, no hay límites para beber
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Es viernes por la noche y el paisaje del barrio de Flores es, cuando menos, extraño. Sobre San Pedrito y sobre la avenida Rivadavia están estacionados dos patrulleros y una camioneta de la Guardia de Infantería de la policía. Una cuadra más allá, sobre Rivadavia, otros dos autos de la Policía Federal completan la escena.
The End, una de las discos más concurridas de la zona, está cerrada. Punta y Taco, un restobar, generalmente concurridísimo, es clausurado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y a las 2, obligado, cierra sus puertas, al igual que un quiosco cuyos dueños simulaban tener cerrado, pero mantenían una pequeña puerta abierta para vender alcohol. Y la noche de Flores tiene más para ofrecer, entre otras cosas, a media cuadra de San Pedrito, sobre Rivadavia, bonitas promotoras apostadas a ambos lados de la vereda forman un pasillo para invitar a los transeúntes a conocer Amadeus, un boliche cuya entrada cuesta cinco pesos para los hombres y tres para las mujeres -con una consumición incluida- y que ofrece pool, bowling, disco y más...
Ya dentro del lugar, un Napoleón bastante alto lleva las riendas de la fiesta de la noche de brujas que tiene lugar en esa disco. Invita a varias parejas a un concurso de baile que se desarrollará sobre el escenario. Claro que este concurso sorprende a más de uno. Empieza, ciertamente, siendo de baile, pero después sigue con un juego erótico con las parejas concursantes en el que éstas deben tratar de romper un globo juntando sus cuerpos e imitando algún movimiento sexual en la posición que indica el animador para llevarse una cerveza como premio. Más tarde, llega el concurso de striptease con el público, y para las cuatro prometen strippers profesionales y un bikini open.
Canilla libre
Los shows eróticos y la gran oferta de alcohol son lo más convocante en la noche de Flores. Como un ejemplo de esto, la disco Ivanoff, a una cuadra de Amadeus, ofrece por el precio de la entrada (doce pesos los hombres y la mitad las mujeres) shows sexy y canilla libre toda la noche.
Si uno no se deja atrapar por Amadeus o por Ivanoff, solamente hay que cruzar la calle para encontrarse con Evelyn, una disco con una barra muy poblada y una pista que puede albergar más gente que la que había este viernes. También, por el mismo precio que Amadeus, se puede disfrutar del dancing y elegir entre un Gancia batido, cerveza o tequila, que vienen incluidos con la entrada.
A eso de las tres, y sin aviso, llega el show en Evelyn. Sube a un pequeño escenario improvisado detrás de la barra a un musculoso Tarzán de pelo largo, que viste solamente unos pantaloncitos de piel de leopardo, acompañado por una bailarina de mirada felina y pocas ropas.
El trago de daikiri en un envase de más de medio litro que sirven en la barra parece ayudar a que algunos pierdan su timidez. Así, un chico y una chica suben a la barra a compartir el baile erótico con los strippers.
Anteayer, empresarios de boliches y el gobierno porteño aseguraron que profundizarán los controles y pidieron la participación activa de los padres. Tal vez el próximo viernes el panorama sea distinto en la caliente noche de Flores.
"Mezclas mortales"
- "Aunque la persona se siente excitada, el alcohol continúa con su trabajo deprimiendo, primero, la corteza cerebral; luego, los núcleos centrales, y, finalmente, los núcleos automáticos cardiorrespiratorios. Cuando el exceso de alcohol llega a determinado punto, ocurre la muerte por paro cardiorrespiratorio", explica el doctor Camilo Verruno, experto en alcoholismo, docente de la Facultad de Medicina de la UBA y director nacional de asistencia de la Sedronar. Verruno define los cócteles de alcohol y drogas que toman muchos jóvenes en sólo dos palabras: "Mezclas mortales".





