
El gran desafío de cambiar el mundo para ser aceptado
Tres historias que muestran cómo es la lucha por conseguir la integración
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Son destinatarios, a diario, de la solidaridad ajena y también sufren los avatares de vivir en una ciudad que no siempre está preparada para recibirlos.
Marina López Saubidet tiene 23 años, es licenciada en Comunicación Social y desde los 14 no puede mover las piernas. Antonio Rodríguez Soto es el presidente de la Asociación Artistas Plásticos Argentinos Ciegos y hace 10 años que perdió la vista. Eduardo y Minú Abeleira son los padres de tres niñas, una de ellas es María, de siete años, con síndrome de Down.
Los cuatro conviven con la discapacidad, algo que marcó sus vidas para siempre. Pero su problema les abrió la puerta para ver el otro lado de las cosas: el de la ayuda desinteresada y también, a veces, el de la falta de cooperación de los demás.
Cada uno de ellos pelea para que la integración deje de ser un sueño para convertirse en una realidad.
Sus historias conmueven, llevan a la reflexión y dan cuenta de por qué las Naciones Unidas decidieron instaurar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que se celebró ayer.
La fuerza del amor
La llegada de María cambió la vida de Eduardo y Minú Abeleira. Ya eran padres de Josefina, de 10 años, cuando supieron que el bebe que esperaban padecía síndrome de Down. "Nos enteramos durante el embarazo y pudimos prepararnos, pero para otros padres es una sorpresa -dijeron-. Los padres están confundidos." Después de María llegó Rosario, de un año.
Los Abeleira apoyan a otros padres que atraviesan lo que ellos ya vivieron. "El nuestro no es un trabajo científico, sino un asesoramiento familiar a otros padres de chicos con síndrome de Down", explicó Eduardo.
"A pesar de que cada dificultad tiene sus propios límites, el amor de las familias es lo que prima en estos casos", se apuró a decirles Antonio Rodríguez Soto.
El sabe de discapacidad desde pequeño. A los tres años descubrieron que una alteración en la cadena genética de ADN lo haría vulnerable a las infecciones, sobre todo en los miembros inferiores y en el músculo óptico. De los tres a los siete años estuvo enyesado y antes de cumplir los 10 perdió parte de su visión.
"Hace 10 años quedé totalmente ciego y tuve que abandonar mi ocupación profesional. En un primer momento tuve una depresión muy grande, pero todo cambió cuando conocí un taller de plástica en el Centro Nacional de Rehabilitación para Ciegos de San Isidro", relató.
La de Marina López Saubidet tampoco fue una adolescencia fácil. Cuando tenía 14 años se levantó una mañana sin poder mover los brazos. Unas horas mas tarde, la parálisis había llegado a sus piernas y luego, al resto del cuerpo.
Sin abandonar la rehabilitación, terminó el secundario y se recibió en la Universidad Austral. Ahora trabaja en el área de comunicación del Instituto de Etica Biomédica de la Universidad Católica Argentina y en la Asociación Conciencia.
-¿Creen que la sociedad ayuda a los discapacitados a insertarse en ella? -En los últimos años se ha tomado una conciencia tan profunda de la discapacidad que la misma sociedad cada vez la acepta más -opinó Rodríguez Soto.
De la charla quedó en claro que una de las trabas más grandes que padecen los discapacitados es el diseño de Buenos Aires.
"La ciudad es caótica. Tanto que en Buenos Aires los perros guías no sirven porque se vuelven locos. La ciudad es un gran obstáculo", se quejó Rodríguez Soto.
López Saubidet contó sus proezas para viajar en los colectivos de piso bajo. "Tuve mis buenas hazañas... en la línea que yo tomo hay sólo dos de piso bajo y puedo estar toda una mañana esperándolos. Es un signo."
-Cuando encuentran estas trabas físicas en la ciudad, ¿qué respuestas tienen de la gente?
-En el caso mío, la gente me ayuda. En general son solidarios -contó Rodríguez Soto.
"Yo encuentro de todo. Por la falta de frecuencia de colectivos viajo mucho en taxi y muchas veces los taxistas no me paran. Es todo un esfuerzo cargar la silla. Es una cuestión más humana, porque otros se las rebuscan y me ayudan", agregó.
Minú Abeleira se mostró más crítica: "Que uno sea diferente no significa que no pueda tener las mismas oportunidades. La gente no puede hacerse la distraída en algunas cosas. No siempre podés depender de la buena voluntad de la gente. Las autoridades deberían controlar las normas".
Otro punto interesante fueron sus opiniones sobre el papel de los medios de comunicación. "La concientización que hacen los medios es esencial, pero son las fundaciones en las que está involucrado cada discapacitado las que promueven los cambios", comentó Abeleira.
Antonio Rodríguez Soto fue claro: "Es importante que por los medios la sociedad pueda enterarse de que existimos y cómo existimos. Esa es la base para que la sociedad entienda que somos capaces de hacer muchas cosas".
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