
El hombre que se llevó un secreto a la tumba
Federico Pippo falleció en junio; fue el principal sospechoso de la muerte de su ex mujer, Oriel Briant, en City Bell; el crimen nunca se resolvió; un par de medias y un poco de tierra fueron las pruebas fallidas
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La cara desfigurada por una bala y unas 20 puñaladas en los genitales. Así fue hallada el 13 de julio de 1984, a un costado del kilómetro 75 de la ruta 2, Aurelia Briant, alias Oriel. El culpable nunca fue hallado y su ex marido, el principal sospechoso, falleció en junio de este año .
"Se habló de sectas, ritos satánicos, vinculaciones con el cine y la droga, pero lo cierto es que nunca se supo exactamente qué pasó", contó a lanacion.com Bruno Casteller, ex fiscal de la causa y quien dictó el sobreseimiento de Federico Pippo, ex marido de Oriel.
"No había pruebas suficientes. La gente había condenado a Pippo, pero yo no podía basarme en lo que se rumoreaba", se lamentó Casteller.
El crimen conmocionó a todo City Bell, donde residía Oriel con sus cuatro hijos. Había estado casada con Pippo durante 12 años. En aquel momento salía con Alberto Mensi, un vidriero que se convirtió en el primer detenido de la causa, aunque luego fue liberado por falta de mérito.
La noche del 9 de julio de 1984, en medio de la lluvia y el frío, y por motivos que nunca se descubrieron, Oriel salió de su casa vestida con un camisón, una bata y un par de medias de color celeste. De los cuatro hijos que tuvo con Pippo, sólo el menor, Christpher, de 3 años, estaba en la vivienda en ese momento.
De hecho, los llantos del menor en el patio delantero, al día siguiente de la desaparición, alertaron a los vecinos.
Pero Oriel fue encontrada sólo cuatro días después, a un costado de la ruta, desfigurada. Alguien se había ensañado con ella. Alguien a quien nunca se descubrió.
El sospechoso Pippo. Luego de la detención del vidriero, que fue finalmente liberado, las sospechas se posaron en la familia Pippo, fundamentalmente en Federico.
El hombre era profesor de literatura y filosofía en diferentes colegios y trabajaba los fines de semana para la División Balística de la policía bonaerense. "Era un hombre muy inteligente, casi brillante. Refutaba todas las acusaciones con argumentos muy sólidos", relató Casteller. Lo recuerda como "un tipo raro, medio exótico, especial".
"Siempre me quedó la duda de si realmente fue él el que cometió el crimen, por eso lo sobreseí", dijo el ex fiscal, todavía con la amargura que deja un caso irresuelto.
Pippo, su hermano Esteban y su madre, Angélica Rosa Romano de Pippo estuvieron presos un año, debido al testimonio de un primo de Federico, Néstor Romano, que aseguró que, en la noche en que desapareció Oriel, los Pippo pasaron por su stud de Lobos con la mujer. Pero Romano se desdijo poco tiempo después y finalmente el "clan Pippo", como se los denominó, fue liberado.
A las pocas semanas del crimen también fue detenido Carlos Davis, a quien apodaban Charly. Era uno de los alumnos preferidos de Pippo e incluso había viajado con él a Egipto. Cuando se habló de ritos satánicos, entre los rumores que corrián se decía que el propio Charly había filmado el crimen y lo había vendido como "cine snuff"-un mito sobre grabaciones de asesinatos reales que se creía se comercializaban ilegalmente para entretenimiento- a los Estados Unidos. Pero tampoco se encontraron pruebas concretas en contra de Davis.
Imprudencias. "Cuando yo me hice cargo de la causa, unos 10 días después de que hallaran el cuerpo, ya se habían perdido muchas pruebas y la investigación se tornó muy difícil", contó Casteller.
Las huellas del rodado que habría trasladado a Oriel hasta el lugar donde se encontró el cadáver fueron pisoteadas. Los frascos en donde se juntó la tierra de las medias de la mujer y la que se encontró en el stud no estaban rotulados, ni sellados ni lacrados.
"No fue algo intencional, simplemente fue una cuestión de imprudencia, de inexperiencia. Este fue un caso piloto, en el que no se cuidó el momento fundamental que es la toma de pruebas en el lugar del hecho", explicó Casteller.
Tras 25 años de aquella noche en la que Oriel respondió a un misterioso llamado a su puerta, para no volver nunca más, la causa se cerró y el culpable nunca fue hallado. Se dice que nadie reclamó sus restos, que fueron exhumados en 1991. Algunos todavía creen que Pippo se llevó el secreto a la tumba.
El pasado 8 de septiembre, dos hijos de Federico Pippo fueron detenidos , acusados de robar unos 300 pesos y bebidas alcohólicas en un supermercado de City Bell.




