
El Majestic, de hotel de lujo a sede del museo de la AFIP
El edificio de Avenida de Mayo albergó a muchos famosos
1 minuto de lectura'
Los museos son como los diccionarios o las enciclopedias. Uno les formula preguntas y ellos responden. ¿Y qué preguntas se le harían al Museo Histórico de la Administración de Ingresos Públicos?
"Muchas", no duda su director, el licenciado Gabriel Miremont. El particular reservorio -sólo hay cuatro similares en el mundo, junto con los de Tokio, Bruselas y Jerusalén- es uno de los 130 con que actualmente cuenta la ciudad de Buenos Aires. Figura en un grupo poco favorecido en cuanto a cantidad de visitantes. "Su temática de por sí suena árida -admite Miremont-, pero además esta zona ha sido tomada por la presencia muy continua de manifestaciones, algo que también nos juega en contra."
Se refiere a que está situado en el 1317 de la Avenida de Mayo, es decir entre el Congreso y la Casa Rosada, sendero clásico de protestas. Las piqueteriles, fundamentalmente. Sus nueve salas ocupan el 5° piso de uno de los edificios más bellos de la avenida, el ex hotel Majestic. En el resto funcionan oficinas de la AFIP (fusión de la Administración General de Aduanas y la DGI). La señorial torre, de estilo ecléctico italianizado, fue construida a comienzos del siglo XX por los arquitectos Federico Collivadino e Italo Benedetti. En 1931, por la quiebra del hotel, pasó a manos del Estado.
"Muchos turistas extranjeros ingresan, atraídos por esa cualidad estética; entonces, descubren el museo", apunta el director. "Y quedan asombrados por su contenido", asegura. Una vitrina "responde" a la pregunta sobre qué hubo allí antes. Exhibe una lujosa vajilla y la gorra de un botones, encontrada insólitamente en el techo de uno de los ascensores, cuando se lo reparaba. Es decir que allí hubo un hotel.
No uno cualquiera, sino el Majestic, que alcanzó gran reputación. En sus siete pisos se alojaron personalidades como Saint-Exupéry, Clemenceau, Le Corbusier y Nijinsky. Este último festejó allí su casamiento, celebrado en 1913 en la iglesia de San Miguel (Suipacha y Mitre), con la bailarina húngara Romola de Pulzky. Quedan rastros del Majestic en la notable ornamentación, sus antiguos vitrales y los pisos de cerámicas coloreadas.
Cometas y contrabando
En el roof garden del hotel, en 1910 se dio cita una gran multitud con el objetivo de observar el cometa Halley al atravesar el cielo porteño.
Miremont trae al diálogo la difundida queja: ¿adónde van a parar nuestros impuestos?, y señala que el museo precisamente pretende explicarlo mediante el proceso histórico de aquéllos, desde la colonia hasta la actualidad.
Juan de Garay -recuerda- fue el único de los adelantados exento de pagar impuestos (obligados a ello por la corona española, para poder llevar a cabo sus campañas), "porque venía a una tierra inhóspita", pero sí fue el primero que los impuso, creando un sistema de recaudación que después ejercería el Cabildo y cuyo objetivo -como en todos los países- es contar con el sustento necesario para mantener las instituciones y, por medio de ellas, diversos fines, incluida la realización de obras.
El visitante puede verse sorprendido en diversos tramos del recorrido. Una sala retrotrae a los tiempos de la organización nacional y sus primeros impuestos: al alcohol, naipes, tabaco, perfumes, vinos y champagne; en otra, hay una antigua caja expendedora de estampillas fiscales, con la primera de ellas, que data de 1868 y fue impresa en Chicago. Se usaba para pagar inmobiliarios y ganado.
La sala dedicada a los actos ilícitos testimonia ese tipo de hechos -atentatorios del sistema-, por ejemplo, el contrabando, que nació junto con la aduana, casi como su hermano bastardo, la maniobra de evasión y la falsificación de moneda o de tabaco y bebidas. No son "iniciativas" de reciente cuño, por cierto. La aduana también está presente en los diversos objetos que, a través del tiempo, ingresaron en el país o egresaron de él.
Pero detrás de todo esto, advierte nuestro anfitrión y cicerone, está la vida cotidiana y el factor humano. "Los impuestos los cobra gente y ella es parte decisiva de todo el engranaje", apunta. Esa participación está representada por las herramientas de trabajo de las que se valieron los "recaudadores" vernáculos de todos los tiempos, desde el tintero hasta la PC y desde el correo hasta el e-mail.
Y, en cuanto a quienes fueron máximos responsables de la ejecución de toda gestión económica nacional, no falta el mobiliario presidencial, con escritorios donados por la Casa de Gobierno, frente a los cuales se sentaron Sarmiento y Mitre.




