
El padre Tomás transformó la vida de un pueblo entero
Su consigna es que nadie se vaya a la cama con hambre; atiende a 4000 personas
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Tomás Llorente tiene una obsesión que lo desvela: “Quiero poder decir que en Manuel Alberti nadie se va a la cama con hambre”, repite una y otra vez.
Manuel Alberti está a 42 kilómetros de la Capital, en el partido de Pilar. Las necesidades que pasan las 25.000 personas que allí viven son tantas que sería imposible enumerarlas.
Cuando Llorente llegó, el pueblo era muy distinto. Pero poco a poco la comunidad que sigue a Llorente comenzó a transformar las cosas: primero fue la parroquia Santa Rosa de Lima, luego dos colegios –a los que asisten más de 2600 alumnos– y desde hace casi cuatro meses se abrieron cuatro centros donde se prepara comida.
Como para competir con las necesidades, los números que maneja el padre Llorente abruman: las ollas populares de los tres centros alimentan a 1300 personas por día, se preparan 500 kilos de pan y 1800 sandwiches, 1000 chicos reciben una merienda y apoyo escolar, se ayuda con mercadería a otros comedores que asisten a unas 2000 personas. Calcula que unas 4000 personas de Manuel Alberti reciben ayuda diariamente.
Posee una sonrisa fácil y conoce a todos por su nombre. El padre Tomás tiene una palabra para cada uno. Nació hace 58 años en Carrión de los Cobres, un pueblito español en el que viven 2500 personas. “En mi pueblo no hay pobres. Tienen poco o mucho, pero nadie pasa hambre”, cuenta, y enseguida se ríe: “Pensar que todos los días damos de comer a casi dos pueblos como el mío...”
Pertenece a la Congregación de los Misioneros de la Sagrada Familia y llegó a la Argentina en 1973 con cuatro estudiantes. La idea era estar un año en el país. Pero la decisión de que el padre Tomás se quedara torció el rumbo de miles de vidas.
En el centro de Caritas Santa Rosa de Lima se prepara comida para 520 personas por día, más las raciones de 100 chicos.
En el centro se entregan medicamentos y funciona un taller de costura que, con donaciones, hace prendas que se venden a uno o dos pesos.
Susana es una de las 70 personas que trabajan voluntariamente para sostener la obra del sacerdote. “A todos tratamos de darles una solución, cada uno viene con sus problemas, pero lleven poco o mucho todos se van contentos y agradecidos”, cuenta.
Donde nunca sobra nada
Parada sobre una silla, una voluntaria revuelve una enorme olla, en el centro María Madre Nuestra.
Todos los días, de lunes a sábados, se cocinan allí dos ollas. El cucharón entra y sale, entra y sale, y parece que el fondo de la olla no llega a verse nunca. “El hambre pega fuerte por acá”, dice la mujer. Hay una forma simple, y a la vez terrible, de comprobarlo: nunca sobra nada.
Gabriel Arroyos tiene 76 años y ya no recuerda cuántos de profesión. Es peluquero. Martes y jueves corta gratis el cabello a chicos y grandes. “Lo hace a cambio de la comida –contó una de las voluntarias–. Quería sentirse útil y se ofreció a hacer lo que sabía.” “Es mi trabajo y me gusta”, sintetizó Gabriel.
Griselda va al centro todos los días, desde hace un mes, para buscar la comida de Rocío y Emanuel, sus dos pequeños hijos. Sin trabajo, ésta es la única alternativa que le queda. “Si no venimos acá no comemos”, se sincera.
Dice que fue un despertador para muchos, en los que hizo nacer las ganas de dar. La Comisión de Acción Solidaria de Tortugas se encarga de que miles de manos anónimas hagan realidad los sueños del padre Tomás. No es tarea fácil: dar de comer a tanta gente es una responsabilidad que pesa.
La comisión organizaba un festival para recaudar fondos, pero este año decidieron invertir en los comedores el dinero de la organización. Abrieron la cuenta N°1238/0 119/9 del Banco Galicia, cuya CBU es 0070119420000001238097. Sus teléfonos son (02320) 473927 o 4382-4591.
“No podemos dormir si no tendemos una mano a los demás, y cuando uno duerme, sueña –explica el sacerdote–. Yo sólo los invito a que me ayuden a soñar.”
Voluntarios
Para dar una mano
- Colchón de aire. La Asociación de Voluntarios del Hogar María Ferrer, que colabora para ayudar a personas discapacitadas, intenta ayudar a Walter, de 23 años, que padece de atrofia muscular evolutiva desde hace 14 años y que actualmente está internado en el Hospital María Ferrer en situación crítica. Solicita con urgencia un colchón de aire con motor. Para colaborar con este pedido hay que comunicarse con Clide a los teléfonos 15-5693-5258 o 15-4447-7279.
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- Heladera se necesita. La sala de Neonatología del hospital Posadas alimenta diariamente a muchos bebes internados, con leche maternizada, que necesita estar siempre refrigerada. Por este motivo necesita una heladera tipo exhibidora con puerta de vidrio.
Aquellas personas que puedan colaborar deben comunicarse con Roberto Gaitán al 469-9300 internos 1507/8, de 8 a 13.
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