El parque Tierra Santa atrae a más de 6000 personas por día

El predio recrea en Costanera Norte los lugares en donde vivió Jesús; ayer fueron monseñor Laguna y el rabino Rojzman
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13 de abril de 2000  

Hacia un costado está lo de siempre: las inconfundibles barandas de la costanera, el río color león y los taxis negros con el techo amarillo. Pero, hacia el otro lado, las cosas cambian: hay beduinos, casas de barro, calles de tierra, palmeras, camellos y bueyes. Es Buenos Aires también, pero no parece.

En realidad, se trata de Tierra Santa, el original parque temático que abrió sus puertas en diciembre último, en un predio de 7 hectáreas del Sindicato de Empleados de Comercio, pero con tanto éxito que hoy lo visitan más de 6000 personas por día, 385.000 desde su inauguración.

Adentro del parque, la idea es sentirse trasladado al Medio Oriente de hace 20 siglos para recorrer la vida y obra de Jesús: desde su nacimiento, representado en el pesebre más grande del mundo, hasta su monumental resurrección, cuando una estatua animada de 18 metros aparece desde adentro de una montaña y da su bendición hacia los cuatro puntos cardinales.

Y realmente, Tierra Santa parece Medio Oriente, aunque no es perfecta. Es que también están los aviones, que pasan rumbo al Aeroparque, y hay oleadas de chicos modelo 2000 que corretean provistos de mochilas y latas de gaseosa y que quedan milagrosamente callados cada vez que alguno de los casi 30 guías (vestidos de beduinos) les cuenta las historias del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Todo telgopor

Aunque todo el parque está claramente volcado a la historia del cristianismo, sus organizadores dicen que la idea es que el lugar pueda ser visitado por gente de todas las confesiones.

De hecho, los alumnos de varios colegios de la comunidad judía ya han pisado sus calles polvorientas y, sin ir más lejos, ayer mismo Tierra Santa fue visitada por monseñor Justo Laguna y el rabino Mario Rojzman -que hace dos años viajaron juntos a la Tierra Santa original y publicaron un libro con sus experiencias- acompañados por chicos católicos y judíos.

Además de las grandes atracciones -el pesebre, el cenáculo y la Resurrección de Cristo que se produce cada media hora-, el parque tiene un templo romano, el gran templo judío y una réplica del Muro de los Lamentos. Allí, entre los ladrillos, la gente coloca papelitos doblados con sus plegarias, como en el que está en Israel.

Tierra Santa provoca muchas cosas de este tipo porque toca las emociones más profundas. Por ejemplo, en la celda donde espera su condena, Jesús está solo, con un recipiente que nunca está vacío porque, por algún motivo que los organizadores del parque todavía no logran descifrar, la gente que pasa le deja comida.

Como toda la ciudad está construida en hierro y poliuretano ( telgopor, en criollo), todo suena a hueco y las hojas demasiado verdes de las palmeras denuncian que se trata de ejemplares artificiales. Pero eso es lo de menos porque, finalmente, Tierra Santa logra su objetivo y cuando se abandona el parque y se vuelve a los paisajes porteños, uno se siente un extraño.

Réplica plástica

Réplica plástica

Allí donde antes había canchas de fútbol, ahora se levanta Tierra Santa.

La idea nació en la mente de Fernando Pugliese, un abogado que dirige un estudio de "arquitectura escenográfica", artífice de los pesebres solidarios de la Ciudad de Buenos Aires y de la réplica de una carabela de Colón que se expuso en la Rural en 1992.

Hacía años que Pugliese quería construir una réplica de la ciudad de Belén, pero no conseguía empresarios interesados en financiar su aventura. Hasta que se cruzó con Armando Cavalieri, el secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio, que quedó encantado con la idea.

El sindicato, entonces, cedió el predio. Y cuatro empresas -Carrefour, Banco La Caja, Consolidar y Osecac- hicieron posible la obtención de los 7 millones de pesos necesarios para levantar la ciudad de plástico.

El 22 de diciembre, Tierra Santa abrió sus puertas. Hoy, sus organizadores dicen que recibe unos 6000 visitantes por día -entre el martes y el viernes- y unas 10.000 cada día de fin de semana. Y que desde diciembre pasaron por allí 385.000 personas.

La mayor parte del público son chicos, pero también se ven muchísimos contingentes de jubilados y familias, que pagan entre 3 y 7 pesos por cada entrada. ¿Tierra Santa da ganancias? "Por ahora no, pero tampoco queremos perder plata", dijo Cavalieri ayer a La Nación .

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