El periodista Vila Ortiz teme que continúen las agresiones
Aún no se explica las amenazas que viene recibiendo desde octubre de 1992
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ROSARIO.- "Tengo la sensación de que quieren hacerme desaparecer sin provocarme daño físico", fueron las primeras palabras de Carlos Alberto "Gary" Vila Ortiz, el periodista rosarino de 63 años que es amenazado constantemente desde octubre de 1992.
En su casa del residencial barrio Fisherton, en la zona oeste de la ciudad, y en compañía de su esposa, dialogó con La Nación sobre el problema que lo aqueja desde hace seis años.
"A esta altura de los hechos suelo olvidarme de lo que me ocurre; de lo contrario, creo que me hubiera vuelto loco. Lo que es muy cierto es que ha cambiado sustancialmente el ritmo de mi vida. Antes iniciaba mis tareas cerca de las 10 y las prolongaba hasta altas horas de la noche. Pero estas amenazas hicieron que me fuera alejando de los habituales lugares de trabajo", continuó.
-¿Por qué se fue del diario La Capital?
-Todo empezó en octubre de 1992. Yo estaba al frente de la redacción y prácticamente a la cabeza del diario porque el director se había ausentado. Hice un comentario sobre el manejo de unas empresas, algo que posteriormente contó con el aval del propio director. A partir de entonces comenzaron las amenazas no sólo contra mí sino también contra toda mi familia. En ese momento no aguanté y decidí irme.
-¿Por qué se afirma, entonces, que las amenazas se deben a que defiende a los judíos o ataca a los peronistas?
-Pienso que es para desviar la atención. Acá el problema es otro, aunque hasta el momento no lo puedo desentrañar. Tal vez alguien piensa que yo sé algo que realmente no sé. La verdad, no entiendo nada.
-¿Qué le da fuerzas para seguir adelante?
-La fe. Hace unos años la había perdido, pero la recuperé tras una gran operación a la que fui sometido. También recibo el apoyo de mis hijos, mis nietos y mi mujer.
-¿Utilizaron algún método especial en las amenazas?
-Un jefe de investigaciones de la policía rosarina fue el que me advirtió que estaban siguiendo a uno de mis hijos. Así empezó. Después, desde un automóvil me apuntaron con una pistola. En otra oportunidad ingresaron en mi casa y me cortaron con un bisturí muy cerca del estómago. Hasta esta última vez en la que me atornillaron un testículo.
-¿Cómo es posible que después de seis años no hayan identificado a nadie?
-Suena raro, pero es cierto. Tal vez porque en muchas ocasiones no presenté la denuncia por temor a las represalias.
-¿Sigue haciendo periodismo?
-Mientras pueda, no me harán callar. El suplemento rosarino de Página 12 me ofrece una columna. Y hago un programa de jazz en Radio Clásica, una emisora de frecuencia modulada.
-¿Quiénes se han ocupado del caso hasta ahora?
-La Justicia, la policía, los partidos políticos, gran parte del periodismo.
-¿Tiene custodia?
-Actualmente la utilizo muy poco, porque perdí el 60 por ciento de mi privacidad. Igualmente, quienes me amenazan saben cuáles son los pasos que doy a diario. Por ejemplo, no pude presentar un libro que edité porque me advirtieron que van a volar la librería.
-¿Piensa en irse del país?
-Desde ya me atormenta la idea de salir de Rosario. Eso sería una gran daño moral y no lo podría soportar.
-¿En todo este tiempo perdió amigos?
-No. Realmente perdí a gente a la que apreciaba y creía que era amiga, pero evidentemente no lo era. Muchos me juzgaron mal. Hace poco publiqué un cuento policial y algunos llegaron a pensar que esto que me pasa no es otra cosa que la extensión de ese relato.
-¿Qué espera en adelante?
-Que esto se termine cuanto antes y que los argentinos cambiemos definitivamente el discurso. Hasta hace poco, cuando secuestraban a alguien, la mayoría pensaba en voz alta: "Algo habrá hecho". Esto debemos desterrarlo definitivamente.
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