
El tren llegó a Puerto Madero
El viaje inaugural del ferrocarril unió en unos 30 minutos la City con Castelar.
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El guarda Héctor Montenegro hizo sonar su silbato por tercera vez. Fue la señal para que el maquinista Víctor José Buono pusiera en funcionamiento los comandos de la locomotora diésel enganchada al convoy con destino a Castelar.
A las 11.35 de ayer se inició el viaje inaugural de este transporte de pasajeros diferencial mediante el cual, en 30 minutos, podrá unirse aquella localidad del oeste del conurbano con Puerto Madero, denominación precisamente de su estación terminal, en la Capital.
Para el recorrido de los 26,5 kilómetros que separan ambos puntos, la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA) -responsable del emprendimiento- afectó al flamante servicio dos coches, cada uno con capacidad para 56 pasajeros sentados, equipados con aire acondicionado, música funcional y telefonía celular, y la atención de un par de azafatas.
De la ceremonia inaugural, bajo una enorme carpa levantada frente al Dique 3, participaron el jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez; el titular de TBA, Claudio Cirigliano, y los secretarios de Transporte, Armando Canosa, y de Coordinación del Ministerio de Economía, Julio Cáceres, entre otros.
El nuevo servicio -con una inversión de 4 millones de dólares- comprendió trabajos de remodelación sobre vías recorridas hacia 1950 por una formación de carga que ingresaba en el puerto y que se explotó luego para el transporte de pasajeros. Dejó de funcionar a mediados de esa década, cuando su prestación fue superada por la de la línea A del subterráneo.
Los horarios de salida del tren, desde Castelar, son 6.57, 8.51 y 10.45 , y el retorno desde Puerto Madero se cumplirá a las 16.43, 18.32 y 20.31. El precio del viaje es de 3 pesos y se espera una demanda diaria de 700 personas.
El largo camino bajo nivel, con paredes de hormigón y una sola línea férrea de trocha ancha, cuenta con iluminación interior, tres extractores de aire y una senda peatonal para emergencias.
Todo fue sobre rieles en este histórico acontecimiento ferroviario. Menos -pequeño imprevisto- el intento de establecer comunicaciones mediante celulares. Ahí abajo se producen interferencias, las mismas que -suponemos- si se quisiera hablar por teléfono desde las tumbas etruscas.
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