
"En el recital de Viejas Locas vimos corridas, represión, alcohol y vidrios rotos"
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Fue impresionante todo lo que vivimos con un amigo el sábado pasado en el recital de Viejas Locas en Vélez. Nosotros estamos muy acostumbrados a ir a recitales y todos los domingos vamos a la cancha, pero la verdad es que lo que vimos ese día fue increíble.
Llegamos a Vélez a las 21.30. Estacionamos y empezamos a caminar para entrar al recital. En las cuadras previas ya empezamos a preocuparnos. En cada esquina había grupos cantando y tomando alcohol, y no sólo alcohol... Mientras más nos aproximábamos al estadio, peor eran las imágenes: tumultos, gritos, policías reprimiendo, corridas, toda la calle estaba plagada de botellas y vidrios rotos, y se veían chicos que de pronto se ponían a romper los cristales de algún local.
Llegamos a la fila para entrar al campo y parecía un embudo. Eramos miles de personas acurrucadas. Se sucedían las corridas, por la gente que se quería colar por un terreno que está al lado. Avanzábamos como a paso de hormiga. En la fila había chicos de todas las edades, tanto varones como mujeres, ¡y también había madres con sus hijos en brazos!
Al llegar a la boca del embudo había que taparse la nariz y la boca para no inhalar gases lacrimógenos y había que tener cuidado porque los policías te arrimaban el caballo para asustarte. Era tanta la masa de gente, que ni siquiera necesitaba caminar: la fila se movía por sí sola.
El control de la entrada empezó a dejar a pasar más gente, pero ese pasar era: correr y que no te peguen un palazo. En ningún momento había inspección de entradas: lo único que se oía era "entrada en mano" (si les mostrabas un boleto de colectivo pasabas igual).
Yo iba pegado a un amigo, pero fue imposible mantenernos juntos: era una marea que te empujaba y te llevaba como en el aire. Creo que nunca en mi vida había estado tan apretado y sin dominio de lo que podía hacer. Como dije al principio, estoy muy acostumbrado a los tumultos de los recitales y la cancha, pero jamás había visto escenas como las del sábado a la noche. Realmente metía miedo.
Para muchos puede resultarle extraño todo esto, pero es lo que se vive día a día en la Argentina. Cuando vas a ver a tu equipo de fútbol, es lo mismo que un recital: tenés que entrar por el lado correcto; si no, te agarra la hinchada del otro equipo y... fuiste; y si entraste bien por tu lado, también tenés que cuidarte de que no te roben la entrada o que no arremeta la policía y te pegue. Y a la salida cruzá los dedos: ojalá que no te hayan roto el vidrio, robado el estéreo o el auto.
* El autor es estudiante universitario, 22 años.
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