
En Punta, el alcohol invade las playas
Desde temprano se ve a adultos tomando cerveza, champagne y otros tragos; eso sí, no hay excesos
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PUNTA DEL ESTE.- Los brasileños fueron los de la iniciativa. Y poco a poco, los argentinos se fueron animando y le agregaron un condimento porteño a ese cóctel bajo el sol.
Así fue que este verano, en las playas de La Barra, de a poco los tragos, las cervezas, el champagne y los vinos espumantes comenzaron a bajar a la arena desde bien temprano. Apenas pasado el mediodía.
Otro ingrediente: la música electrónica. Pero no aquella que se reproduce en altoparlantes, con pasividad, sino la que cada veraneante lleva consigo a la orilla del mar. Los i-Pod y los i-Phone están en su mejor momento. E incluso muchos llevan diminutos parlantes de gran alcance para amplificar la música que más les gusta y difundirla entre sus amigos.
La imagen de una joven de cuerpo escultural con una cerveza en la mano mientras toma sol o la de un chico parado en la orilla, con los pies en el agua y un trago en la mano a pleno mediodía, se convirtieron en algunas de las postales características de esta temporada en playas como Bikini, en Manantiales, o en Montoya, en La Barra. Esto sí, en general no se ven excesos y casi todos los que consumen son mayores de edad.
A los brasileños se los reconoce por la frapera. Ellos prefieren que sus tragos estén a temperatura ideal. Entonces, solicitan unas especies de palanganas gigantes con hielo que son las responsables de proveer los tragos.
Pipas de agua
Ayer, el parador de Bikini estaba repleto de gente de Porto Alegre, retozando en los gigantescos puff blancos que hay sobre la arena. En todas las mesas había fraperas en las que transpiraban botellas de champagne, latitas de energizantes, distintos tipos de cerveza y vino blanco.
Más allá, cerca de la orilla, el consumo de bebidas alcohólicas se extendía. Mauro es un joven de Maldonado que vio la oportunidad en esta tendencia. Instaló un tacho lleno de hielo casi dentro del mar, en el que colocó todo tipo de cervezas, de las argentinas a 50 pesos uruguayos (unos 7 pesos argentinos). Pasadas las 15 de ayer, casi no le quedaban porrones por vender.
Algo similar se vio en la playa Montoya. Allí, los tragos también estaban muy presentes. Incluso algunos, los autogestionados, llevaban sus heladeritas con municiones para pasar la tarde.
También están los que prefieren el jugo de naranja, el agua mineral o, más a la tardecita, el mate. Algunos, porque prefieren evitar el alcohol bajo el rayo del sol: les da dolor de cabeza.
Bruno, Marcel y Rodrigo tienen entre 16 y 17 años. Ayer estaban instalados en la arena de Montoya, todos sentados en torno de una especie de burbujeante botella de vidrio de la que surgía una manguera roja. Se la pasaban unos a otros para aspirar su humo blanco.
En torno de ellos reinaba un aroma a frutilla. Se trataba de una pipa de agua y lo que fumaban era tabaco saborizado. "Viene de gusto a coco, a banana, a manzana, a chocolate y a hasta a jabón", cuenta Bruno entusiasmado.
"La gente piensa que es droga, pero no, es tabaco y mucho menos nocivo porque no tiene nicotina ni agregados. Lo trajo un amigo nuestro de Israel", contó Marcel.
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