Estudian Ingeniería y Medicina, representan al país en sus selecciones y cuentan cómo es vivir a pura disciplina: “Se puede encontrar un equilibrio”
Delfina Veljanovich, del conjunto argentino de patinaje artístico, y Candela Gentinetta, integrante del seleccionado de básquet, contaron a LA NACION cómo es combinar el deporte de alto rendimiento y la carrera universitaria
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Combinar el deporte de alto rendimiento con una carrera universitaria puede parecer un desafío imposible, pero hay jóvenes atletas argentinas que convirtieron esta mezcla en una forma de vida. Entre entrenamientos exigentes, competencias, horas de estudio y exámenes, Delfina Veljanovich, de la selección argentina de patinaje artístico, y Candela Gentinetta, integrante del seleccionado de básquet, demuestran que la disciplina y la pasión pueden ir de la mano con el conocimiento. “Se puede encontrar un equilibrio”, aseguraron en diálogo con LA NACION.
La historia de Delfina, entre el patinaje y la ingeniería industrial
Delfina es una de las patinadoras más destacadas de Argentina con tan solo 21 años. Del barrio porteño de Balvanera, inició su carrera en el club GEBA y a los 14 años ya logró dar el salto para representar al país en torneos internacionales. Desde chica su prestancia para el deporte hizo que se destaque de las demás y, gracias a su empeño, ya pisó fuerte en el ámbito mundial: en 2022 quedó quinta en el mundial junior y el año pasado finalizó séptima en el mundial de mayores.

“Desde muy chica me puse nuevos objetivos, subir la vara de mi exigencia. Estaba cada vez más determinada en lo que quería, buscando tener mejores resultados para poder seguir representando a Argentina”, aseguró la joven que al terminar el colegio y ya con una carrera avanzada en el deporte tuvo que decidir si iniciar una carrera universitaria.
Sin miedo, Delfina eligió la carrera de Ingeniería Industrial. “Durante la pandemia empecé a hacer orientación vocacional. Me interesaba mucho todo lo que es el análisis de los procesos, la toma de decisiones, la organización, trabajar también en equipo, buscar objetivos en común. Siempre me gustó lo numérico, las matemáticas”, aseguró.
Al elegir su exigente carrera, la joven empezó una dura rutina que combina largas jornadas de entrenamiento, cursadas y viajes nacionales e internacionales para participar de distintos torneos. “Entreno durante la mañana hasta el mediodía. Vuelvo a mi casa, me baño y me voy a la facultad. Trato de ponerme las materias lo más tarde posible para poder entrenar durante el día tranquila”, contó y aseguró que “lo más difícil es compatibilizar todo cuando hay viajes”.

Para poder coordinar el estudio y su carrera deportiva, Delfina entró en el Programa para Estudiantes Deportistas de Alto Rendimiento de la UBA, que ofrece un régimen especial de cursada y evaluación para los alumnos.
“Me ayuda muchísimo el programa. Me enteré del programa en mi segundo cuatrimestre del CBC, por medio de mi psicólogo deportivo, y me dio un respaldo. Tengo un tutor designado y prioridad a la hora de anotarme en las materias, que es fundamental para gestionar los horarios de la facultad con los horarios de entrenamiento. En caso de que me pierda un examen, puedo pedir una fecha diferida para rendir”, precisó la patinadora.
La importancia de combinar el estudio y el deporte
Aunque muchas veces se piense el deporte y el estudio como polos opuestos, para Delfina son “complementarios” y cada actividad la ayuda a “desconectar” de la otra. “Es fundamental el estudio en el desarrollo de la persona y también lo es el deporte. El deporte te da un montón de herramientas para la vida sobre cómo relacionarte con otras personas y el toparte constantemente con adversidades. Y a la vez mi vida no depende de un torneo, fuera de ser una deportista, soy una persona y en un futuro quiero ejercer como profesional en la carrera en la que estoy cursando”, aseguró.

“Soy feliz combinando ambas cosas”, contó Delfina mientras acelera su preparación para el próximo Mundial de su deporte, que se realiza en octubre en Asunción, Paraguay.
La historia de Candela, entre el hospital y el básquet
Candela Gentinetta nació en Rafaela, Santa Fe, y desde pequeña mostró aptitud para el básquet. “En mi familia todos jugaron en algún momento al deporte. Mi viejo sobre todo quería empezara, así que está chocho”. A los 14 años logró su primera convocatoria para la selección juvenil y a los 18 comenzó a jugar de manera profesional como pivot.
Al terminar el colegio, no dudó en seguir su otra vocación: la carrera de medicina. “Desde la primaria sabía que quería ser médica. Mi mamá es médica también y yo jugaba a ser doctora de chica con mi hermana”, contó la joven y aseguró que ser profesional no le impidió seguir estudiando, a pesar de las obvias dificultades. “Cuando salió la posibilidad del básquet a nivel profesional nunca había pensado en poder dedicarme a eso, pero siempre me mantuve firme en medicina”, reconoció.

Actualmente, a sus 25 años, juega en la selección mayor femenina de básquet y en el Club Obras Sanitarias mientras le falta solo un año para recibirse en la UBA, donde también se acopló al plan de deportistas de alto rendimiento para complementar sus dos pasiones. “A mí me ayudó más que nada por el tema de las inasistencias, porque en la carrera se suele tomar mucha asistencia y yo siempre estaba caminando por la cornisa para no quedarme libre. Me dieron mesas especiales y hasta me han tomado examen a mí sola, me permitió seguir avanzando en la carrera”, aseveró Candela, que viene de ser parte del plantel que jugó las eliminatorias al Mundial en Turquía en marzo, donde la selección no logró clasificarse.
Como todo deporte que no es el fútbol, en Argentina es muy difícil vivir del básquet femenino, por lo que el plan de Candela tiene que ver con pensar su futuro. “Hay clubes que están dando mejores condiciones, con buenos salarios, pero hay algunos que recién se están metiendo en el profesionalismo”, contó sobre la realidad económica de la liga local.

Se puede encontrar un equilibrio entre el deporte y el estudio
Candela cuenta que hace “malabares” para combinar sus actividades en su rutina diaria, donde por las mañanas hace una rotación en el Hospital Houssay de Vicente López, por las tardes entrena en su club y a la noche vuelve a cursar otras materias de la carrera. A pesar de las exigencias, para la estudiante de medicina el deporte y el estudio se potencian el uno al otro.

“Hay una relación directa. Cuando estoy quemada por los exámenes o estudiando muchas horas me voy a entrenar y libero endorfinas, corro para todos lados, despejo la mente. Y viceversa: cuando juego mal un partido no tengo tiempo ni de reprocharme o tener pensamientos intrusivos porque ya me tengo que poner a estudiar de vuelta”, afirmó y agregó que “es muy exigente, pero se puede encontrar un equilibrio, estoy contenta disfrutando de mi día a día”.
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