Lo sacaron a pasear, olió algo y paralizó a todo un país con su hallazgo: “El corazón me empezó a latir con fuerza”
A sesenta años del robo más insólito del fútbol, la historia del perro que encontró la Copa del Mundo antes de que Inglaterra la ganara
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En marzo de 1966, el Central Hall Westminster, ubicado en el centro de Londres, albergaba la exposición filatélica Stampex. Entre los sellos raros y las vitrinas de coleccionistas había un objeto que no tenía nada que ver con la filatelia: el trofeo Jules Rimet, el premio de oro macizo que se entregaba al campeón del mundo de fútbol desde 1930.

La Copa del Mundo se disputaría ese verano en Inglaterra y la federación local había decidido exhibir el trofeo como parte de los festejos previos. Custodiado por seis guardias de seguridad, el Jules Rimet era la atracción principal. Pero el domingo 20 de marzo, durante una ronda de control, los guardias encontraron las puertas traseras del edificio forzadas y la vitrina destrozada. El trofeo había desaparecido.
La investigación de Scotland Yard
La noticia ocupó las primeras páginas de los diarios británicos durante días. A cuatro meses del inicio del torneo, la Football Association, la federación inglesa de fútbol conocida como FA, vivía un escándalo que se leía como una afrenta al fútbol mundial. Scotland Yard abrió una investigación que se convertiría en una de las más seguidas de la historia del organismo. Las pistas eran escasas: dos descripciones contradictorias de sospechosos, una puerta forzada y ningún testigo útil. La única certeza era que el ladrón había ignorado los sellos raros valuados en tres millones de libras esterlinas y se había llevado exclusivamente el trofeo.

Tres días después del robo, una nota llegó al domicilio del presidente de la FA, Joe Mears. Quien firmaba como “Jackson” exigía 15 mil libras a cambio de la devolución del Jules Rimet y adjuntaba la tapa del trofeo como prueba. La policía convenció a Mears de aceptar el intercambio de manera simulada.
Un agente encubierto se presentó en el lugar acordado con una valija repleta de diarios cubiertos apenas en superficie por billetes reales. El intermediario, un exsoldado llamado Edward Betchley, fue arrestado en el acto. Aseguró que solo era un mensajero que trabajaba para un tal “Polaco”. Nunca se encontró a nadie más. El trofeo tampoco apareció. La FA, previendo lo peor, encargó en secreto al orfebre George Bird una réplica exacta del Jules Rimet, por si el original no volvía a tiempo.
Pickles: el perro detective
La noche del domingo 27 de marzo, exactamente una semana después del robo, David Corbett salió de su departamento en Beulah Hill, en el sur de Londres. Tenía 26 años, trabajaba como barquero en el Támesis y llevaba a su perro Pickles a dar el paseo nocturno de siempre. Era un collie mestizo de cuatro años.
Cerca del auto de su vecino, Pickles se detuvo. Olfateó el suelo con insistencia y empezó a dar vueltas alrededor de un paquete apoyado junto a la rueda delantera. Corbett se acercó, lo levantó y lo dejó. El IRA estaba activo en esos años en Londres y los paquetes abandonados generaban desconfianza.
Sin embargo, lo volvió a levantar. Le arrancó un trozo del papel de diario que lo envolvía y vio un escudo con inscripciones. Le sacó el otro extremo y apareció la figura de una mujer con los brazos en alto: era el Jules Rimet, inconfundible para cualquiera que hubiera seguido las Copas del Mundo. “El corazón me empezó a latir con fuerza”, recordó años después.

El principal sospechoso
Corbett llegó a la comisaría más cercana, apoyó el paquete sobre el escritorio del sargento de guardia y dijo que creía haber encontrado la Copa del Mundo. El sargento lo miró, observó el objeto y respondió sin cambiar la expresión: “No me parece muy apropiado para un Mundial”. Fue necesaria la intervención de un detective de mayor rango antes de que alguien tomara el asunto en serio.

En cuestión de horas, Corbett estaba en Scotland Yard siendo interrogado como el principal sospechoso del robo. Los detectives lo retuvieron hasta las dos y media de la madrugada. “Sabía que no tenía nada que ver, así que dejé que me hicieran todas las preguntas que quisieran”, diría después. Cuando finalmente lo llevaron de regreso a su casa, la prensa internacional ya lo esperaba en la vereda.
La investigación concluyó que alguien había arrojado el paquete desde un automóvil en movimiento, lo que explicaba el ángulo extraño en que estaba apoyado. El culpable del robo nunca fue identificado.

El año más importante de Pickles
A partir de esa noche, la vida del collie cambió por completo. Recibió una medalla de plata de la Liga Nacional de Defensa Canina con la inscripción: “Para Pickles, por su participación en la recuperación de la Copa del Mundo”. Fue elegido Perro del Año en Gran Bretaña e Italia. La empresa de alimentos para mascotas Spillers le regaló comida gratis durante un año. Participó en programas de televisión y hasta protagonizó una película: El espía de la nariz fría. En la cima de su popularidad, según los registros de la época, Pickles generaba ingresos equivalentes a más de 600 dólares diarios actuales.

Corbett, por su parte, recibió una recompensa de casi 5 mil libras esterlinas de los auspiciantes y las aseguradoras del trofeo, con las que compró una casa en Surrey. Joe Mears, el presidente de la FA que había recibido la nota de rescate, intentó reclamar parte del dinero argumentando que también había “ayudado a la policía durante una semana muy angustiante”. Su reclamo fue rechazado.

Cuando en julio de 1966 Bobby Moore levantó el Jules Rimet en Wembley tras vencer a Alemania Occidental 4 a 2 en la prórroga, Corbett y Pickles estaban entre los invitados al banquete de celebración. Los jugadores ingleses pidieron expresamente la presencia del perro. Esa noche, Moore alzó a Pickles desde el balcón del hotel para presentarlo a la multitud que colmaba las calles.
El destino del trofeo y del perro
Pickles murió en 1967 con apenas cuatro años. Persiguió a un gato, la correa se enganchó en la rama de un árbol caído y se asfixió. Está enterrado en el jardín de la casa de Corbett en Lingfield, Surrey, bajo una placa que dice: “Pickles, descubridor de la Copa del Mundo de 1966”. Su collar se conserva en el Museo Nacional del Fútbol de Manchester.

El trofeo tuvo un final no menos triste. En 1970, tras la tercera victoria de Brasil, la FIFA le entregó el Jules Rimet a la Confederación Brasileña de manera permanente y encargó el diseño de un trofeo nuevo, el que se usa hasta hoy: una escultura de oro de 18 quilates que representa a dos figuras sosteniendo el globo terráqueo, muy distinta en forma y espíritu a la estatuilla art déco que Pickles encontró entre los arbustos. En diciembre de 1983, el Jules Rimet fue robado de la sede de la confederación en Río de Janeiro. Nunca fue recuperado. Se cree que fue fundido para obtener el oro.
Lo que hoy existe es la réplica que Bird fabricó en 1966 por encargo de la FA, guardada durante años en una caja debajo de la cama del joyero hasta su muerte. La FIFA la adquirió en 1997 en una subasta de Sotheby’s por más de 250 mil libras, convencida por un momento de que era el original.

A sesenta años del robo que paralizó al mundo del fútbol, el Jules Rimet auténtico sigue sin aparecer. Y cuando en pocas semanas el nuevo campeón levante su trofeo, muy pocos recordarán que hubo un collie mestizo del sur de Londres que, una noche de marzo de 1966, hizo posible que hubiera Copa del Mundo para empezar.
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