Evidencia auspiciosa: esto es lo (bueno) que le sucede al cerebro cuando dejamos de beber alcohol
Aunque incluso niveles relativamente bajos de consumo pueden causar daño, más estudios muestran que el cerebro puede recuperarse hasta cierto punto
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WASHINGTON.– El alcohol es una de las drogas más populares del mundo, con millones de personas disfrutando del efecto producido por una mezcla de farmacología e ingredientes sociales.
Pero “no hay viaje gratis en el cerebro”, advirtió George Koob, director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Las investigaciones muestran que, con el tiempo, el alcohol puede cambiar el cerebro, lo que lleva a disminuciones en el volumen de materia gris. E incluso niveles relativamente bajos de alcohol pueden empeorar los sentimientos de ansiedad y depresión, interrumpir el sueño y, con el tiempo, aumentar el riesgo de demencia, además de incrementar otros problemas de salud, como el riesgo de cáncer de mama y colorrectal.
Pero ahora existe una creciente evidencia de que el cerebro puede recuperarse hasta cierto punto cuando se reduce o se detiene el consumo.

“Lo notable del cerebro es que es un órgano increíblemente plástico, y que vemos neuroplasticidad en el desarrollo de la adicción y neuroplasticidad en la capacidad de lograr la recuperación”, dijo James MacKillop, psicólogo clínico y titular de la cátedra Peter Boris en investigación de adicciones en la Universidad McMaster. “Y esa es una historia realmente importante y poderosa que creo que no siempre se comunica tan ampliamente como debería”, agregó.
Lo que el alcohol le hace al cerebro
El alcohol provoca un “guiso de efectos farmacológicos” que pueden ser primero estimulantes y luego sedantes, detalló MacKillop.
Con las primeras copas, el alcohol puede producir “una intoxicación eufórica”, apuntó Koob. Provoca la liberación de endorfinas, que son las moléculas opioides naturales de nuestro cerebro, las cuales a la vez activan las neuronas de dopamina en nuestros circuitos de recompensa.
Al mismo tiempo, el alcohol activa las neuronas que inhiben la actividad mientras amortigua las neuronas que la impulsan, lo que a corto plazo reduce el estrés y la ansiedad. Pero “cuando el efecto del alcohol desaparece, esos sistemas de estrés regresan con fuerza”, explicó Koob.
El “cerebro se adapta a la presencia persistente de alcohol”, lo que conduce a cambios en la química y la estructura cerebral, sumó MacKillop, quien escribió una revisión de 2022 sobre el consumo peligroso y los trastornos por consumo de alcohol.

A medida que las personas consumen más alcohol, con el tiempo necesitan más cantidad para obtener el mismo nivel de placer, ya que los sistemas de recompensa se vuelven menos sensibles a la sustancia. Peor aún, los sistemas de estrés en nuestro cerebro, incluida la amígdala, son reclutados y se activan persistentemente, y las personas experimentan un estado emocional negativo crónico, sostuvo MacKillop.
Como resultado, “las personas dejan de beber tanto para sentirse bien y comienzan a beber más para sentirse menos mal”, describió.
Con el consumo repetido, los cambios temporales pasan de ser a corto plazo a largo plazo y potencialmente permanentes.
Los estudios muestran que las personas con trastorno por consumo de alcohol –el término clínico preferido para el alcoholismo– tienen un volumen reducido de materia gris en las regiones corticales frontales importantes para la percepción, la emoción y el funcionamiento ejecutivo. Los casos más graves del trastorno, con años o décadas de consumo excesivo, pueden causar demencia relacionada con el alcohol y una incapacidad para formar nuevos recuerdos.
Con el consumo excesivo prolongado, “se pueden destruir neuronas en la corteza frontal”, la cual es importante para el funcionamiento ejecutivo de orden superior, incluida la inhibición de los antojos de alcohol, dijo Koob, quien escribió una revisión de 2024 sobre tratamientos para el trastorno por consumo de alcohol.

Incluso niveles relativamente bajos de consumo de alcohol tuvieron un efecto en el cerebro. Un estudio de 2022 con más de 25.000 participantes encontró volúmenes totales de materia gris más pequeños en personas que consumían siete o más bebidas a la semana en comparación con aquellos que consumían menos. Una revisión sistemática de 2024 de 27 estudios de neuroimagen encontró que el consumo de bajo a moderado estaba relacionado con un menor volumen cerebral y grosor cortical, aunque en menor medida en comparación con el consumo excesivo.
“Una regla general justa es que existe una relación dependiente de la dosis entre la cantidad de consumo y la cantidad de cambio cerebral”, afirmó MacKillop.
Cómo la reducción de alcohol cambia el cerebro
La buena noticia es que “existe una creciente evidencia de que hay una restauración de la función cerebral y mejoras en cada uno de estos dominios también”, expresó MacKillop, cuyo laboratorio está investigando la neurociencia de la recuperación, un área relativamente nueva del campo.
Así como el alcohol puede cambiar el cerebro, reducirlo o abstenerse de él también puede hacerlo.
Una revisión sistemática de 2024 de 16 estudios encontró que las personas con trastorno por consumo de alcohol que se abstuvieron de beber experimentaron una recuperación en muchas de sus funciones cognitivas, incluidas la atención, la memoria y la función ejecutiva, generalmente después de seis a doce meses.
En personas con trastorno por consumo de alcohol que dejaron de beber, hubo una recuperación general en las regiones frontales del cerebro con aumentos en la materia gris, según una revisión de 2022 de estudios de neuroimagen. Los mayores cambios ocurrieron relativamente temprano en la abstinencia, dentro del primer mes.
Incluso reducir el consumo de alcohol a niveles bajos sin una abstinencia total aumentó el volumen cerebral cortical, muestran las investigaciones.
No está claro si puede haber una recuperación total del trastorno, pero también hay evidencia de que el cerebro puede “desarrollar estrategias y funciones compensatorias”, destacó MacKillop. Las mismas áreas cerebrales que se desregulan o funcionan mal debido al alcohol parecen ser donde ocurre la recuperación.

“Esa es la buena noticia: el cerebro es cambiado por el alcohol, pero también puede recuperarse”, consideró MacKillop.
Hay menos investigación sobre cómo el cerebro se recupera del consumo ligero, ya que los daños no son tan grandes si el consumo se realiza de manera responsable.
Pero las personas que participan en desafíos de abstinencia o reducción de alcohol, como el “Enero Seco” (Dry January) o el “Octubre Sobrio” (Sober October), informan que se sienten mejor después de reducir su consumo de alcohol. Los investigadores encontraron que los participantes informaron aumentos en su bienestar general, incluyendo la pérdida de peso, dormir mejor, ahorrar dinero, y tener mayor energía y concentración.
Cómo autoevaluar y gestionar el consumo de alcohol
Comprender las consecuencias del consumo de alcohol para el cerebro y la salud no significa necesariamente eliminarlo por completo; tanto Koob como MacKillop disfrutan de una bebida en ocasiones.
“Hay muchas razones para disfrutar del placer de beber alcohol”, incluido como lubricante social o complemento de una comida, dijo MacKillop.
Pero los expertos dicen que debemos evaluar cómo el alcohol está afectando nuestra vida. ¿Está interfiriendo con la escuela, el trabajo, las relaciones o su salud?
También puede ser valioso dar un paso atrás y pensar en nuestros valores y cómo el consumo de alcohol se relaciona con ellos, propuso MacKillop: “¿Es altamente compatible con sus valores más preciados, o el consumo de alcohol está impidiendo que usted sea la persona que quiere ser?”
Si alguien está dudando acerca de su consumo de alcohol, “esa es en realidad una señal de que puede ser que esté bebiendo a un nivel problemático” y debería hablar con un profesional de la salud, según MacKillop.
La buena noticia es que existen muchas estrategias basadas en evidencia para gestionar el consumo de alcohol en todo el espectro de uso, incluidas terapias psicológicas y medicamentos.
Inscribirse en algún desafío puede ser una forma de reducir el consumo de alcohol y obtener beneficios para la salud incluso más allá de su duración, muestran los estudios.
Las aplicaciones de reducción de alcohol como Sunnyside o Reframe pueden ayudar a enviar recordatorios diarios y conectarlo con una comunidad más grande de personas que intentan bajar el consumo.
“Si alguien deja de beber y se siente mejor, lo que siempre digo es: ‘Escuche a su cuerpo, porque está tratando de decirle algo’”, concluyó Koob.
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