Explosiva demolición junto al mar
Usaron la misma tecnología que en el caso del albergue Warnes; ahora, la llamada manzana 115 será un espacio verde.
1 minuto de lectura'
MAR DEL PLATA.- "¡Qué impresionante!" La exclamación fue unánime entre el puñado de operarios y de periodistas, únicos testigos de cómo a las 4.21 de ayer, y en menos de dos segundos, se hacían polvo dos de los edificios de la manzana 115, ubicada frente al Casino Central y próxima a convertirse en una plaza.
Pero mayor fue la sorpresa para los vecinos. Algunos alcanzaron a espiar la demolición por las rendijas de las persianas de su departamento. Y otros, durmiendo, ni se enteraron de las explosiones.
El horario elegido tuvo que ver con lograr la máxima garantía de seguridad para el operativo y para los vecinos, luego del fiasco que resultó el intento del sábado último, cuando doscientos pescadores se instalaron a metros de los edificios y obligaron a suspender la demolición.
"Nos quedamos con la tristeza de no ver personalmente este espectáculo, que por televisión resultó magnífico y emocionante", contó ayer a la madrugada Gladys Rosas, comerciante de la zona céntrica.
Caen los edificios
La tecnología aplicada fue la misma que se utilizó, en 1990, para dar por tierra con el ex albergue Warnes y fue coordinada por ingenieros del Ejército Argentino.
Un sonido comparable al de un tibio trueno fue el prólogo para el estallido de los casi 60 kilos de explosivos y el inmediato derrumbe de un edificio de departamentos de cuatro pisos y del que fue el hotel Boulevard, de siete.
El material utilizado fue gelamita, de uso civil, distribuido en más de 600 cargas que explotaron secuencialmente. Entre la primera y la última transcurrió un sexto de segundo.
"Ha quedado demostrado que la tecnología utilizada fue la correcta, no hubo estampido ni vibraciones en edificios aledaños y mucho menos esquirlas o escombros", dijo más que satisfecho el coronel Juan Martín Merediz, jefe del Batallón de Ingenieros 601 de Campo de Mayo, a cargo del operativo.
Los vecinos fueron alertados del horario elegido. Se les explicó que escucharían una sirena que, cuando cesara, indicaría el momento de las explosiones. La recomendación incluyó bajar las persianas y mantener abiertas las puertas y ventanas.
El director de Vialidad Municipal, José María Conte, explicó que antes, durante y después de las explosiones se realizaron mediciones de vibraciones aéreas y sísmicas. "Estuvieron por debajo de los niveles permitidos y no hubo vidrios rotos", confirmó.
"Fue fantástico. En un segundo los edificios desaparecieron y ni se sintió el temblor", reconoció Irma Gómez, propietaria de un departamento de tres ambientes ubicado sobre la calle Buenos Aires, a no más de 30 metros de donde se realizó la demolición. "Yo ni me enteré", admitió Martín, su hijo, al que las explosiones no le quitaron el sueño.
Ayer comenzó la remoción de escombros. En veinte días se repetirán las explosiones; primero será el turno de lo que fue el hotel Orion y a fines de julio le tocará al hotel Cini.
Merediz dijo que repetirán las medidas de seguridad: bolsas de arena para contener esquirlas, zanjas para cortar las vibraciones sísmicas y pantallas geotextiles que protejan de una eventual dispersión de escombros.
Y evaluarán si pueden cambiar el horario, para permitir que todos vean el espectáculo. "Lo queremos ver", reclamó el remisero Ignacio Miera.
Como él, nadie quiere perderse este cambio histórico de Mar del Plata. Los edificios de la manzana 115 empezaron a hacerse polvo. Y todo en un abrir y cerrar de ojos.
Las siete vidas de un gato
MAR DEL PLATA.- El capitán Rafael Guerrero realizaba el último recorrido en la zona por demoler. Faltaban tres minutos para las detonaciones. Hasta que se cruzó con un par de ojos que lo miraban fijo. Brillosos en la oscura madrugada.
"Sólo atiné a asustarlo y correrlo para que se salve", contó sobre el intruso, un gato callejero gris y blanco que ya era habitué del predio por demoler. No había más tiempo. La suerte del felino estaba echada. Vino la detonación. Con el festejo de los militares surgió el primer maullido.
Enseguida apareció el gato, con sangre en la nariz, pero la energía suficiente para escapar cuando alguien quiso socorrerlo. Los militares no dudaron. Expertos en explosivos lo bautizaron. "Va a ser la mascota del Batallón 601", dijo Guerrero. Y lo llamaron Mechita.
- 1
2Guardapolvos “térmicos” y visitas de pingüinos: así se estudia en la escuela más austral de la Argentina y del mundo
3El viaje de 6400 kilómetros de “Diana”, la tortuga boba rescatada en Ceuta que cruzó el Atlántico
- 4
Avanza la gripe H3N2 en la Argentina: quiénes deben vacunarse y cuántas dosis necesitan según cada caso


