
Final anunciado para la casa giratoria
Construida en 1951, en Córdoba, rota 180° para recibir sol todo el día; polémica
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CORDOBA.- Construir una casa giratoria, capaz de recibir la luz solar durante todo el día, resulta, aún hoy, una idea extravagante. Medio siglo atrás, parecía una pretensión irrealizable. Sin embargo, Abdón Sahade, un inmigrante sirio que nunca pisó la universidad, diseñó y dirigió la construcción de una casa con un mecanismo considerado único en el mundo, que todavía puede girar 180 grados sobre sí misma, y hacia ambos lados.
La casa giratoria situada en la esquina de Paraná y San Lorenzo, en el cotizado barrio de Nueva Córdoba, fue inaugurada en 1951 y se mantiene intacta. Con ella, don Abdón cumplió su objetivo de "hacer algo grandioso para Córdoba", la ciudad que lo acogió a comienzos de siglo y que le permitió convertirse en un próspero empresario textil. Pero ahora, esa obra, que fue el orgullo de la familia y despertó el asombro de miles de curiosos de todo el mundo, está a punto de ser demolida.
Abdón Jorge Oscar Sahade, uno de los nietos del constructor y único propietario y morador de la vivienda, decidió derribar la casa y construir en ese predio dos torres escalonadas de 68 metros, que albergarán departamentos y locales comerciales.
La iniciativa despertó una polémica en la que participaron arquitectos, especialistas en patrimonio urbano, funcionarios e incluso cientos de cordobeses que -vía Internet- respondieron a una encuesta que planteó el diario local La Voz del Interior. El 80 por ciento de los participantes se manifestó en contra de la demolición.
El propietario del inmueble y la Municipalidad de Córdoba, que autorizó el proyecto, argumentan que, excepto la originalidad del mecanismo que la hace girar, la casa no tiene un valor arquitectónico importante, y que ya no constituye una atracción para los turistas porque la propiedad está amurallada. También explican que la luz del sol no llega hasta la vivienda, como pretendía Abdón, porque está rodeada de edificios altos.
Otros miembros de la familia Sahade, en cambio, lamentan que la obra del abuelo visionario sea demolida y sostienen que el valor del nuevo emprendimiento inmobiliario no justifica la decisión de tirarla abajo. Lucía Sahade, de 89 años, dice que su padre "era un hombre con muchas ideas originales y una gran imaginación".
La casa giratoria es, en realidad, uno de los proyectos más austeros de Abdón, que había diseñado antes obras faraónicas, como la de canalizar el río Suquía para evitar las crecientes o el diseño de una especie de Torre Eiffel de 210 metros de altura para instalar en la plaza San Martín.
Razón suficiente
Los expertos en patrimonio creen que la casa forma parte de la identidad urbana de la ciudad y que, por esa sola razón, merece ser preservada. "Me parece una atrocidad, no sólo por su valor urbano, sino también cultural", dijo a LA NACION el arquitecto Freddy Guidi, presidente de la delegación argentina del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios.
El director nacional de Patrimonio y Museos, Martín Repetto, habló de la necesidad de preservar testimonios que "representan casos únicos de resolución tipológica de vivienda, además de constituir ejemplos de inventiva tecnológica".
Lo cierto es que la casa no está protegida por la legislación municipal. Si bien integra la lista de Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico de la ciudad, no existe una reglamentación que impida al propietario dar al inmueble el destino que quiera. "La normativa vigente permite al propietario decidir lo que más le convenga", indicó el subsecretario de Ordenamiento Territorial, Juan Carlos Núñez.
Para saldar la polémica se resolvió que, una vez demolida, el sofisticado mecanismo que hace girar la casa será trasladado al Museo de la Industria para que todos puedan apreciarlo.
Un secreto bajo tierra
Al margen del debate, lo cierto es que la casa fue la primera en su tipo en el mundo y fue patentada en varios países. Es un chalet típico de los años 50, con techo de tejas y comodidades para una familia tipo. El secreto está debajo.
Las 180 toneladas de construcción están asentadas sobre una plataforma circular de hormigón, de 16 metros de diámetro, que se apoya en una cremallera circular dentada. Ese círculo gira gracias al movimiento de ocho engranajes de acero, asentados sobre monolitos de hormigón de unos dos metros de altura. El mecanismo se mueve gracias a dos motores de dos caballos de fuerza, que la hacen girar a razón de medio metro por minuto. Para dar una vuelta demora unos 55 minutos.
Sin embargo, lo que aún hoy maravilla a los arquitectos e ingenieros es el novedoso diseño que permite la provisión ininterrumpida de agua y energía eléctrica, aun cuando la casa está en movimiento. La originalidad del sistema hizo que en aquel momento Obras Sanitarias se resistiera a aprobar los planos. Pero los cálculos del constructor eran muy precisos y aún hoy todos los servicios, incluidas las cloacas, se administran desde el eje que atraviesa la casa por el medio.
"No lo llamaron loco porque todos respetaban su inteligencia", cuenta otro de los nietos. El proyecto sonaba estrafalario y, quizá por eso, el constructor autodidacto se las ingenió pa-ra hacerlo realidad.





