Fue hallada sin vida la maestra Fabiana Gandiaga
El cuerpo fue encontrado anoche dentro de la sede de GEBA
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María Fabiana Gandiaga, la docente de 37 años que desapareció hace una semana en la sede del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), fue encontrada sin vida minutos antes de las 21.30 de ayer.
El lugar donde fue hallada la víctima, en el segundo subsuelo del club, se utiliza como sótano y tiene unas rejillas que dan a la calle Bartolomé Mitre, desde donde se alcanzaba a ver el cuerpo de una mujer totalmente desnudo, colocado boca abajo.
Voceros policiales dijeron a LA NACION que ya había un detenido por el crimen. Aunque no hubo información oficial trascendió que se trataría de un empleado de GEBA al que habrían rastreado a través de escuchas telefónicas.
El cadáver de Gandiaga fue localizado por personal de Delitos Complejos de la Policía Federal, que contó con el apoyo de perros adiestrados. Los que dieron con el cuerpo de la docente fueron dos canes, entre ellos, un setter.
Sin descomposición
Según dijo a LA NACION uno de los efectivos que participó en el operativo, el cuerpo de la maestra fue hallado sin signos de descomposición ni olor.
Anoche se hizo la segunda inspección del edificio de GEBA tras la desaparición de Gandiaga. La primera se había realizado el martes último, pero en esa oportunidad no se pudo revisar el sótano porque la puerta de acceso estaba cerrada con llave.
En un baño del entrepiso también fueron encontradas las sandalias de la maestra. Estaban dentro de una bolsa de polietileno que, a su vez, fue escondida dentro de un inodoro.
En ese mismo baño se detectaron rastros de sangre, lo que indicaría que el cuerpo, ya sin vida, fue arrastrado desde allí al sótano.
El cuerpo de Gandiaga fue reconocido anoche por su marido, Andrés Cabana.
La maestra había desaparecido el sábado último, cuando se hallaba en la sede del club ubicada en el barrio porteño de San Nicolás, mientras su hijo de seis años participaba de un torneo de artes marciales.
A las 16.30 de aquel día, Gandiaga avisó a una amiga que saldría de la sede de Bartolomé Mitre 1149 para comprar una gaseosa porque estaba acalorada y le dolía la cabeza. Desde entonces, nunca se la volvió a ver con vida.
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