Habría más de un autor del crimen de la maestra
Sospechan que quiso defenderse; creen que hubo abuso sexual
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Los investigadores del asesinato de la docente María Fabiana Gandiaga creen que la mujer intentó defenderse de su agresor, que habría más de un sospechoso por el crimen y que la víctima podría haber sido agredida sexualmente antes de ser estrangulada.
Veinticuatro horas después del hallazgo del cadáver de la mujer, cuya desaparición fue denunciada el 20 del actual, los detectives sospechan que el o los homicidas conocían muy bien los recovecos del edificio del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), donde apareció el cuerpo.
Tal presunción se basa en el hallazgo de sangre en un baño en desuso del entrepiso. “Creemos que pudieron haberla matado, o estrangulado hasta dejarla inconsciente, en ese baño, donde encontramos sus sandalias. Después, cuando nadie los veía, la llevaron hasta el hueco por donde pasan los cables y caños del edificio y la arrojaron al subsuelo”, señaló una calificada fuente de la investigación.
El hecho de que el único sospechoso tuviera marcas de rasguños en los brazos hizo presumir a la policía que Gandiaga habría intentado defenderse. Tampoco descartaban que hubiera sido agredida sexualmente.
El examen forense estableció que la mujer cayó desde una altura de entre siete y diez metros, compatible con la mecánica de los hechos descripta por los detectives. También, que las marcas que el cadáver presentaba en las rodillas no eran producto de un eventual arrastre del cuerpo, sino de la caída.
Se estableció, además, que Gandiaga había sufrido compresión mecánica en el cuello, aunque aún no se había establecido si la causa de muerte fue estrangulamiento o lesiones provocadas por la propia caída.
El cadáver estaba hinchado, deformado y desnudo de la cintura para abajo, cubierto por dos bolsas de nylon. La gran ventilación del segundo subsuelo ayudó a conservar el cuerpo y atenuó el olor de la lógica descomposición.
Hallado por el teléfono
En cuanto al empleado de limpieza detenido, de 25 años, fuentes de la investigación señalaron que, aunque no sería el autor material del crimen, estaría vinculado con el homicidio. En rigor, los investigadores creen que habría actuado más de una persona.
Tras un allanamiento en la casa del sospechoso, en Berazategui, la policía halló el teléfono celular de la víctima.
Este aparato fue clave para poder llegar hasta el cadáver de Gandiaga. Según los investigadores, el sospechoso realizó varias llamadas con ese teléfono. Por ellas la policía ubicó el aparato y lo detuvo.
Cuando establecieron que se trataba de un empleado de limpieza de GEBA, la policía adelantó para anteayer la segunda inspección en el edificio, que estaba prevista para hoy.
El martes último, 72 horas después de la desaparición de Gandiaga, efectivos de la comisaría 3a. realizaron una primera inspección, pero no pudieron llegar hasta el sótano porque la puerta estaba cerrada con llave.
En el baño, además de las manchas de sangre, la policía encontró las sandalias de la víctima. “Estaban envueltas en una bolsa de polietileno, dentro del inodoro. Estamos casi seguros de que se trata de la sangre de la mujer”, dijo un informante, que no pudo explicar cómo la docente llegó hasta ese baño, en una zona en obra.
Gandiaga estuvo en el sexto piso de esa sede de GEBA hasta las 16.30 del sábado 20 del actual, acompañando a su hijo en un torneo de tae-kwon-do.
A esa hora dejó a una amiga una filmadora para que grabara la demostración y le dijo que iría a comprar una gaseosa porque tenía calor y le dolía la cabeza. Fue la última vez que la vieron viva.
Gustavo Carabajal






