
Ignoran por qué el avión entró en la tormenta
Expertos creen que el piloto habría cometido un error; sospechan que la aeronave podría haber sido alcanzada por un rayo y que se desintegró en el aire.
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Mientras continúa la búsqueda de la caja negra del avión de Austral que se precipitó a tierra el viernes último y que costó la vida de sus 74 ocupantes, los peritos aeronáuticos aún no lograron determinar cuáles fueron las causas que provocaron la peor tragedia de la aviación argentina.
Hasta el momento, los expertos sospechan que la aeronave, que cubría el trayecto Posadas-Buenos Aires, ingresó en un frente de tormenta que la habría destruido en pleno vuelo, a unos 30 kilómetros de la ciudad uruguaya de Fray Bentos.
En ese sentido, el titular de la Dirección de Aviación Civil uruguaya, teniente coronel Walter García, no descartó que el avión se haya desintegrado en el aire, quizá alcanzado por un rayo.
Aunque los expertos esperan encontrar la caja negra para conocer las causas de la catástrofe, la actuación del piloto se convirtió en el gran interrogante de la cuestión.
A pesar de que las autoridades de Austral aseguraron anteayer que Jorge Cécere, comandante del trágico vuelo, era un experto navegante en condiciones climatológicas adversas, el presidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas argentinas, Marcelo Lacavane, dijo ayer a La Nación que "todos los elementos indicarían que Cécere cometió un error al entrar en la tormenta".
Al respecto, Lacavane sostuvo que "es muy raro que un avión sea derribado por las malas condiciones meteorológicas" y agregó que "casi no existen antecedentes de aviones alcanzados en vuelo por un rayo".
Hoy, a las 12, se celebrará un oficio interreligioso en la Iglesia Matríz de Fray Bentos, en memoria de las 74 víctimas. Por ello, la empresa Austral puso a disposición de los deudos cuatro ómnibus que partirán a las 8 desde el aeroparque Jorge Newbery.
Buscan la caja negra para saber qué pasó
Explicaciones: los peritos uruguayos y argentinos siguen levantando trozos de lo que quedó del avión; no saben la causa de la catástrofe.
Técnicos de la Comisión de Investigaciones de Accidentes Aéreos del Uruguay (CIAA) continuaban, al cierre de esta edición, con la búsqueda de la caja negra del avión DC-9 de Austral que se estrelló, al filo de la medianoche del último viernes, en la localidad uruguaya de Nuevo Berlín, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Fray Bentos, y en el que perecieron sus 74 ocupantes.
Tres días después de la caída del aparato, y al tornarse casi imposible la identificación de los pocos restos humanos totalmente calcinados y mutilados, el principal objetivo de los técnicos, policías y bomberos que trabajan en el lugar del siniestro es hallar la caja negra, con el fin de establecer las causas del accidente.
Fuentes de la Fuerza Aérea Argentina dijeron a La Nación que dos de sus técnicos viajaron a la zona del desastre para colaborar con los expertos uruguayos e indicaron que "hay que esperar al menos tres o cuatro días más para aventurar alguna hipótesis con fundamento".
Hasta ahora, sólo fueron encontrados una turbina, parte del tren de aterrizaje y miles de minúsculos fragmentos del avión, en un radio de 800 metros del preciso lugar del impacto.
Fuentes de la policía de Fray Bentos, que participan en las tareas de búsqueda, dijeron ayer a La Nación que el cráter producido por el golpe del avión había sido cercado por las autoridades y que proseguían las excavaciones.
"Una bola de fuego en el aire"
Hasta el momento, los expertos creen que al intentar esquivar un frente de tormenta, el DC-9 habría ingresado inevitablemente en un cumulonimbo, un tipo de nube en cuyo interior se producen vientos huracanados de hasta 250 km/h, y se habría partido en vuelo, para caer en picada a una velocidad presumiblemente mayor a la del sonido.
Testigos de la catástrofe indicaron a las autoridades que, cerca de las 23, oyeron un ruido sordo y vieron "una bola de fuego en el aire, una especie de hongo rojo que se prendió y apagó muy rápido".
Así, tampoco descartaron que el aparato haya sido alcanzado por un rayo, destrozándolo en pleno vuelo.
Una de las pruebas que corroboraría esta hipótesis es el hallazgo de la llamada caja negra.
Una de las pruebas para respaldar esa hipótesis era que un ala del DC-9 fue hallada a 20 kilómetros del remoto paraje uruguayo donde se precipitó la aeronave.
Por ello, los expertos consideran fundamental para explicar las causas de la tragedia el hallazgo de la caja negra del avión, un recipiente inviolable y antiflama que, en rigor, es de color naranja, pero que se torna negro con las llamas, y que alberga en su interior una grabación con los últimos treinta minutos de conversación de la cabina previos a cualquier situación crítica.
En este sentido, el jefe de prensa de la empresa Austral, Alejandro Lotito, no descartó la posibilidad de que, por las características del accidente, el aparato haya sido destruido.
"La caja negra -indicó- está construida de manera que pueda soportar cualquier tipo de impacto, pero al no tener información todavía de que la hayan encontrado se están abriendo conjeturas sobre su destrucción."
Discrepancias
En tanto, el brigadier Juan Manuel Vázquez, secretario general de la Fuerza Aérea Argentina, anunció, sin descartar otras causas que pudieron ocasionar la tragedia, que la posibilidad de una explosión en vuelo "es una versión que deberá comprobarse" .
Según su análisis preliminar, "los restos del avión están concentrados en una zona muy acotada, y una explosión en el aire a 10.000 metros de altura o a 6000 metros implicaría una dispersión en un sector mucho más grande".
Sin embargo, la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) informó que los trabajos que realizan técnicos de la CIAA, organismo dependiente de la Dirección de Aviación Civil, en el gigantesco cráter de 15 metros de profundidad que dejó la aeronave al estrellarse, han arrojado "pocas evidencias" hasta el momento.
Explosión en el aire
La teoría de la destrucción de la aeronave en pleno vuelo parece ser la que más sustento tiene, a juicio de los investigadores aeronáuticos.
El teniente coronel Walter García, titular de la Dirección de Aviación Civil Uruguaya dijo que "hay algunas importantes partes de la nave bastante alejadas del lugar de mayor impacto, por lo que no se puede descartar que el avión se haya desintegrado, en parte, en el aire, quizá al ser alcanzado por un rayo".
"Posiblemente muchos murieron allá arriba, cuando la estructura del avión se destrozó por la violenta caída", afirmó uno de los peritos.
"Creemos que pueden haber quedado restos que expliquen las causas del accidente bajo la tierra removida por el avión al caer", dijo.
Ronaldo San Martín, director de Aviación Civil del Uruguay, al referirse al gran agujero de 15 metros de largo por cuatro de profundidad que dejó la aeronave al capotar dijo que "suponemos que el avión se enterró en forma vertical" y sobre la base de ello sostuvo que se habría tratado "de un descenso brusco cada vez más acelerado".
Afortunado
Dos de los que a último momento desistieron de abordar el trágico vuelo 2553 fueron el cantante popular Ignacio Copani y su representante.
Por alguna razón, el destino quiso que no fueran pasajeros del siniestrado avión.
Según pudo saberse, y como no podía ser de otra manera, el cantante mostraba sus pasajes con la sorpresa y el orgullo de haber salvado milagrosamente su vida.
La peregrinación de deudos a Fray Bentos
POSADAS.- Consternación, incertidumbre, bronca contenida, un contagioso silencio que se extendía por todo el aeropuerto San Martín, de Posadas, caras largas de empleados tanto militares como civiles -negados a la requisitoria periodística-, conformaban un clima tenso que acompañó a los escasos pasajeros que ayer por la tarde salieron en el avión de Austral de las 17.40 con destino a Buenos Aires.
Uno solo, José Santiago Bertoni, se identificó como hermano del doctor Mario Bertoni, quien con su esposa también médica, Gabriela Scosimarro, y sus dos hijitos, Jesús y Juan, hallaron la muerte en el fatídico vuelo 2353, el viernes por la noche.
Junto con otros 16 familiares que ya se encuentran en la Capital Federal Bertoni asistirá hoy a una suerte de peregrinación en colectivos que la empresa Austral puso a su disposición. Los micros partirán a las 8 con destino a la ciudad uruguaya de Fray Bentos, donde tras un responso se les entregaría una urna simbólica.
Samuel Dukievich, paraguayo, pero descendiente de ucranios y dueño del hotel Paraná, de Encarnación, prefirió recorrer en automóvil los 1100 kilómetros que separan la capital misionera de Buenos Aires para ir a la ceremonia.
Don Samuel es el padre de Ana Dukievich, comerciante también paraguaya que había comenzado una relación sentimental con el médico misionero Aldo "Nito" Barberis. Ambos fallecieron en el desgraciado vuelo.
Eduardo Blanco, joven profesional local, también optó por el auto para estar junto a la familia de su amigo Cristián Agostinelli, contador público de 26 años residente en Buenos Aires, que la última semana estuvo en Misiones realizando tareas de auditoría en la Cooperativa Tabacalera de Leandro Alem. Agostinelli retornaba el viernes 11 cuando lo sorprendió la muerte.
Confusión informativa
Una información proporcionada por funcionarios de la Aeronáutica a cargo del aeropuerto de Posadas al día siguiente del accidente generó confusión en los medios locales y nacionales. En la lista, dada a conocer en la tarde del sábado a La Nación , correspondiente a pasajeros del fatal vuelo, no figuraba el nombre de Carlos Héctor Gayá.
Ello dio lugar a una versión que consignaba que en su lugar viajó Ricardo Cigarraga.
Familiares de Buenos Aires llamaron insistentemente requiriendo aclaración porque desde su teléfono celular Gayá había avisado antes del despegue que partía de Posadas.
Consultadas autoridades de Austral ratificaron que Gayá subió al DC-9 que esa noche se desintegró en el aire. Así consta en los cupones de documentación de la compañía (el "check in"). En cambio, en la planilla de la Aeronáutica, donde se controla la documentación que cada uno de los pasajeros presenta en el momento del preembarque, no apareció el nombre de Gayá, profesional porteño vinculado con el empresario ítalo-misionero Franco Lagrotería y que periódicamente venía para asesorarlo en cuestiones comerciales.


