Incertidumbre total. Cómo impactaron las nuevas restricciones al dólar en el humor social

Según los psicólogos, las reglas cambiantes y la falta de políticas a largo plazo generan una angustia crónica en los argentinos
Según los psicólogos, las reglas cambiantes y la falta de políticas a largo plazo generan una angustia crónica en los argentinos Crédito: Pexels/cottonbro
Alejandro Horvat
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16 de septiembre de 2020  • 16:39

Muchos argentinos hoy se levantaron con una gran incertidumbre. A las nuevas restricciones cambiarias que impuso ayer el Banco Central y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) las ven como un duro golpe a la capacidad de ahorro y a la posibilidad de tener un proyecto de largo plazo, como comprar un vivienda. Una situación cambiante que, repetida en el tiempo, genera una montaña rusa de emociones, por lo general negativas, que lleva al hartazgo y la angustia, y que alimenta en algunos la idea de emigrar como una manera de romper con el estancamiento, según coinciden los psicólogos consultados.

Manuel Gómez tiene 29 años. Siente que las nuevas restricciones le generaron un impacto "doloroso" y que serán "devastadoras" para la clase media que ve en el dólar casi la única opción para ahorrar frente a la gran depreciación del peso.

"Los sueldos, si uno los convierte a dólares, no existen, son extremadamente bajos. Es imposible que uno pueda aspirar a una vivienda propia, a un auto, a un viaje. Crecer se torna casi imposible. Además es muy difícil vivir así, en un país donde todo el tiempo cambian las reglas y el valor de tu sueldo respecto del dólar. Es un país que te enloquece ", sostiene Gómez, que trabaja en una empresa vinculada al marketing digital.

Hace tiempo que los vaivenes de la Argentina hacen que la mirada de Gómez esté puesta en el exterior. Las consecutivas trabas que se presentan cotidianamente en el plano local, lo llevan a pensar que los jóvenes están en una disyuntiva muy seria: "Tendremos que decidir si nos quedamos por los afectos o emigramos en busca del progreso personal. Estas restricciones son una foto más dentro de una larga película, que es una pesadilla y parece no tener fin".

A partir de ahora, además del 30% de recargo correspondiente al impuesto PAIS, todas las operaciones en moneda extranjera quedan comprendidas dentro del cupo de US$ 200 mensual que los argentinos pueden comprar y, además, estarán alcanzadas por una percepción adicional que tendrá una alícuota del 35% a cuenta de los impuestos a las Ganancias y a los Bienes Personales.

Esa alícuota impacta no solo en la compra de dólares para ahorrar, sino también en los consumos en el exterior pagados con tarjeta de crédito o débito y los pagos de servicios en moneda extranjera realizados en el país, como Netlflix o Spotify, entre otros. En el caso de que la persona se exceda en la compra del cupo permitido (US$ 200), se le restará ese excedente del cupo permitido para comprar dólares del mes siguiente.

Angustia crónica

"Estas situaciones generan incertidumbre. Son una catarata de medidas que nos alienan, violentan y angustian. Estas no son medidas reparadoras, previsibles, sino que son medidas de urgencia, parciales. Lo que sentimos es que nos tiran salvavidas pinchados y eso se transforma en angustia. Los argentinos tenemos una angustia crónica, que alcanza niveles mucho más altos que lo tolerable", argumenta José Eduardo Abadi, psicoanalista y escritor.

"Estoy re podrida", dice Melisa Tonelli, de 28 años, que hace pocas semanas compró un pasaje para irse a vivir a Barcelona."Yo me rompo el lomo trabajando, estudié inglés, estudié en la universidad, trabajo en una empresa importante y ahora gano 260 dólares al mes, cuando en Europa ganás 1200 euros trabajando de cualquier cosa. Acá no hay futuro, porque con un sueldo de 260 dólares no podés pensar en crecer. Hasta viajar va a ser solo para gente con mucho dinero. Acá a veces parece un pecado pensar en crecer y tratar de disfrutar de algunos aspectos de la vida", se lamenta.

"Irse afuera, salir, que hoy es una palabra clave, está vinculada a ir en busca de la libertad, de un terreno sobre el que se pueda crecer. El querer irse es producto del hartazgo, es querer cortar con un eslabón de repeticiones que solo nos llevan al estancamiento", agrega Abadi.

Nicolás Gutiérrez, de 35 años, tiene una pyme dedicada a la venta de muebles para el hogar. Dice que hoy se levantó preocupado. No cuentan con una lista de precios y tuvieron que suspender las ventas. Durante la pandemia tomaron tres empleados porque sus ventas se mantuvieron, pero la incertidumbre que le genera el país, según dice, lo tiene muy angustiado.

"Uno sigue apostando, pero dan ganas de tirar todo para atrás, las reglas cambian de un día para el otro. Además, el valor de dólar siempre se traslada a los precios y los sueldos cada vez valen menos", señala Gutiérrez.

Harry Campos Cervera, médico psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, cree que un país sin un proyecto claro, hace que desaparezca la posibilidad de formar un proyecto colectivo como sociedad.

"Ayer recibí a un paciente atrás de otro y todos venían con mucha angustia. No saben qué hacer, están confundidos. La falta de credibilidad y estabilidad genera angustia. Este es un problema estructural de la Argentina, y es que no se sabe hacia dónde vamos o qué país queremos", dice Campos Cervera.

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