
Inquietante retroceso del glaciar Upsala
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REFUGIO UPSALA, Santa Cruz.- Sopla con fuerza el viento helado que baja del hielo continental. Tanto que conviene agacharse o afirmarse en una roca para poder enfocar correctamente la cámara fotográfica.
Desde la altura del promontorio en el que estamos ubicados, vemos la pared del brazo oriental del glaciar Upsala a unos dos kilómetros de distancia. Hace pocos años, estaba exactamente al pie de nuestra posición.
El espectáculo es imponente y casi desconocido porque sólo llegan aquí escasos visitantes, en su mayoría montañistas o investigadores del Instituto del Hielo Continental Patagónico. Pero lo más sorprendente es enterarse de que hace apenas 30 años el hielo que hoy vemos a la distancia podía ser alcanzado en pocos pasos.
El veterano montañista que nos guía en esta incursión de esta semana, José Luis Fonrouge, con numerosos viajes a la cordillera austral y segundo andinista que logró escalar el dificilísimo Fitz Roy, recuerda cuando hace tres décadas recorrió esos mismos lugares que hoy son piedra pulida y que entonces formaban parte del Upsala, el mayor de todos los glaciares argentinos (más de 1000 kilómetros cuadrados) y el que más superficie ha perdido desde que se inició la observación sistemática de ese fenómeno de la naturaleza.
La pérdida en 50 años
El ingeniero Mario Bertone (85 años), con más de medio siglo de estudios en el lugar como investigador del Instituto del Hielo Continental, nos confirma con precisión el retroceso del Upsala: "En 50 años, el Upsala retrocedió exactamente 9,4 kilómetros. Eso marca un promedio de casi 200 metros por año, pero lo inquietante es que la velocidad se ha incrementado en los últimos años y esa aceleración se hizo aún más brusca en los últimos cinco años".
¿Por qué ese retroceso cuando el glaciar Perito Moreno o el Viedma, los otros dos gigantes de la región, o los muchos otros glaciares más pequeños (unos 350 en total) se mantienen relativamente estables?
Para Bertone, la pregunta tiene una respuesta con dos explicaciones principales: "En primer lugar, a diferencia del glaciar Moreno, que apoya sobre un fondo de piedra, el Upsala es un glaciar con el frente flotante. Es decir que toda la masa de sus dos paredes que dan al lago Argentino no apoya sobre piedra sino directamente sobre agua. Ese descubrimiento lo hicimos hace unos 40 años, cuando al medir con el teodolito observamos que el hielo se movía hacia arriba y hacia abajo. La falta de apoyo lo hace mucho más frágil. Y, en segundo lugar, hace años que hay menos precipitaciones en la región. En 1948 llegamos a medir una caída anual de 3700 milímetros en el totalizador que colocamos en el glaciar Mayo; en 1970 ya sólo caían 1700 milímetros al año".
¿Por qué inquieta a los estudiosos del hielo el retroceso de los glaciares?
En parte por inocultables razones territoriales derivadas del litigio pendiente con Chile y de la cuestionada línea poligonal propuesta. Como bien saben Bertone y quienes han visitado la región, la línea poligonal cortaría el fondo del glaciar Upsala (bautizado con ese nombre por los científicos suecos de la Universidad de Upsala que lo estudiaron en 1918), cuya masa de hielo desciende de las cumbres del cordón Mariano Moreno. "Si el ritmo de retroceso se mantiene, en 150 años sólo quedaría un lago de este lado", advierte Bertone.
Por otra parte, el retroceso de un gigantesco glaciar es siempre una preocupación relacionada con los cambios naturales, de los cuales puede hacerse responsable -aunque no se sepa bien en qué medida- a la acción humana.
Por eso ha sido particularmente importante el estudio sistemático de la región de los hielos efectuada por el Instituto del Hielo Continental Patagónico, una entidad hoy casi en vida latente, sin presupuesto ni posibilidades para mantener un programa de estudios.
Sin embargo, sorprende encontrarse, al borde de la vieja e histórica estancia La Cristina, donde acampamos tras aterrizar en un pequeño avión privado -no hay rutas de acceso para autos-, con las instalaciones del Instituto en perfectas condiciones. Bertone lo resume con ironía: "Es que nadie las cuida; por eso se mantiene todo en buen estado".
Fósiles y cóndores
El retiro de los hielos deja, sin embargo, otros atractivos a la vista. En marcha rumbo al refugio Upsala, al refugio Pascale o en una recorrida posterior por la península Herminita, la observación es siempre espectacular.
Donde antes hubo hielo, las rocas, pulidas y rayadas por el peso del hielo que soportaron durante miles de años, muestran permanentemente restos fósiles preservados en forma impecable por los años de cobertura helada.
En muchos casos aparecen los característicos amonites, con la clásica forma de caracol impresa en la piedra. En otros los no menos característicos belenites, una suerte de cigarrillos petrificados que constituyen la primera forma viviente conocida.
Esos vestigios del pasado se muestran en todo su esplendor en el impresionante Cañadón de los Fósiles por el cual volvemos desde el refugio Upsala. Pero si miramos para arriba aparece otra visión siempre impresionante, esta vez de la vida actual: las alas de los cóndores, que sobrevuelan el lugar con la tranquilidad de saber que muy pocos pueden molestarlos.
Y cuesta creer que un país no sea capaz de encontrar un mínimo presupuesto para seguir financiando el estudio de esa región monumental.
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