
Inspirados en un robo en Niza
En 1976, un mercenario francés ejecutó un golpe similar al del banco de Acassuso
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"En barrios ricachones, ni armas ni rencores. Es sólo plata y no amores", fue la leyenda que dejaron pegada en una pared de una de las bóvedas del Banco Río los boqueteros que vaciaron 194 cajas de seguridad y huyeron.
"Sin armas, sin violencia y sin odio", fue la frase que había pintado treinta años antes Alberto Spaggiari, un astuto ladrón francés, ex mercenario, con su banda, tras vaciar las cajas de seguridad del Banque Société Générale de Niza, alcanzadas luego de cavar desde las alcantarillas de la ciudad la bóveda del banco, supuestamente inexpugnable.
Con paciencia y equipos especiales, demoraron algo más de dos meses para cavar un túnel, de una decena de metros, desde el desagüe pluvial hasta la pared de concreto del banco, de 30 centímetros de espesor. Lograron su objetivo. Entraron en la sede bancaria, saquearon unas cajas de seguridad y, varias horas después, tras burlarse de los dispositivos de seguridad, huyeron con el millonario botín.
Ese golpe se asemeja bastante, casi en forma asombrosa, al del Banco Río. Dentro de pocos meses se cumplirán 30 años del "gran asalto de Niza", que otros medios de prensa de la época coincidieron en bautizar como el "gran robo del siglo".
Spaggiari fue un mercenario de la OAS (grupo terrorista francés de ultra-derecha que defendía la permanencia de Francia en Argelia, que luego terminaría con la independencia de ese país). Ese grupo habría atentado en varias ocasiones contra Charles de Gaulle. Es más, se especuló con que un francotirador, que había disparado sin suerte al presidente francés (episodio que fue tomado en la novela de Frederick Forsythe y se llevó al cine en el film "El día del chacal"), había sido reclutado para formar la luego famosa banda de asaltantes.
Spaggiari había nacido en 1932 y crecido en Hyères, en el sur de Francia. Quienes lo conocieron no dudan en que era "un caballero con estilo". Agregan que, luego de su primer robo, le regaló a su novia un obsequio que nunca olvidó: un gran diamante. Tal vez, parte del botín.
Luego ingresó en la Legión Extranjera francesa (quizá para escapar de la justicia, que lo buscaba por sus delitos) y lucharía más adelante como paracaidista durante la guerra de Indochina. En la guerra argelina, Spaggiari trabajó para el OAS, donde entabló amistades con mercenarios, políticos y mafiosos. Estos últimos, más precisamente los de Marsella, habrían logrado sacar de la cárcel a Gaëtano Zampa, un experto "boquetero" que formaría parte de la banda que daría el gran golpe.
A fines de 1976, Spaggiari, según las crónicas periodísticas francesas de entonces, era el dueño de un estudio fotográfico emplazado en las colinas de la pintoresca villa de Niza. Aún no se sabe quién le llevó información sobre la poca distancia que había entre uno de los conductos de la red de alcantarillas y las medianeras del Banque Société Générale, de Niza. Spaggiari habría planeado que, a través de un túnel, se llegaba a las paredes de la bóveda. Luego alquiló una caja de seguridad en el banco, en la que dejó un pequeño y ruidoso despertador para comprobar la existencia de alguna alarma que funcionara por sensibilidad acústica o sísmica. En el fin de semana largo por los festejos de la Toma de la Bastilla, la banda denominada "las ratas de las alcantarillas" y que habría estado integrada por entre 7 y 20 ladrones, mercenarios y paramilitares, irrumpió en el impenetrable banco. Luego de casi nueve semanas de excavaciones con varios equipos especiales, que luego abandonaron en el túnel y que pesaban casi una tonelada.
Estuvieron casi tres días en el banco. Se llevaron joyas, bonos y dinero, casi por un total de 50 millones de francos, casi unos 28 millones de dólares de la época.
Dicen que, rodeados de una verdadera fortuna, Spaggiari envió a uno de sus compañeros a comprar vino y comida para celebrar. Hasta cocinaron en el interior de la bóveda. La policía, luego, halló en ese lugar restos de distintas sopas, quesos, paté de foi-grass, botellas de champagne y licores. La fiesta se habría extendido durante 24 horas.
Antes de huir, la banda había pintado la leyenda que marcaría un hito en la entonces nueva modalidad delictiva y que los diferenciaba de los simples ladrones: "Ni armes, ni violence et sans haine" (Sin armas, sin violencia y sin odio).
Tres meses después del golpe, Spaggiari fue detenido. Lo interrogaron 36 horas seguidas: no se quebró. A pocos días de la iniciación de su juicio, a comienzos de 1977, su abogado, Jacques Peyrat, veterano de la Legión Extranjera y que luego fue alcalde de Niza en 1995, consiguió que su defendido tuviera una entrevista con el juez del caso, Richard Bouaziz. Comenzó a relatarle, con todos los detalles, cómo se había perpetrado el gran robo. Antes de terminar su relato, Spaggiari se lanzó por la ventana del despacho del juez, en un primer piso, y cayó sobre el techo de un auto. Algo golpeado, se subió a una moto que lo esperaba y huyó.
Dicen que, a la semana siguiente, envió un cheque al dueño del vehículo dañado por su caída para que pagara los gastos ocasionados. Se dijo que la mafia lo había ayudado a escapar. Desde entonces, no se supo más de él. La prensa francesa y europea insistió varias veces en que Spaggiari estaba oculto en una estancia en la Argentina. Eso sí, él volvía, de vez en cuando, a Francia para ver a su madre.
Falleció en circunstancias misteriosas. La prensa publicó que su cadáver fue encontrado por su madre delante de su casa, el 10 de junio de 1989. Como suele ocurrirle a veces a este tipo de personajes, no se supo cómo ni por qué murió. Siempre quedó el interrogante de qué había pasado con el dinero del golpe, que jamás apareció.





