
Juan Carlos, un coleccionista experto en cervezas
Durante más de treinta años este aficionado recolectó miles de piezas antiguas que permiten reconstruir la historia de la espumosa y refrescante bebida
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Dos mujeres refrescándose con un chopp, reciben al visitante en la morada de Juan Carlos López Almendros. Se trata de un antiguo cartel publicitario de la cervecería Quilmes, uno de los tantos objetos que atesora este hombre dedicado al coleccionismo cervecero. Una recorrida por su casa permite descubrir la historia de la espumosa bebida a través de las miles de piezas que el mayor aficionado del país juntó durante más de treinta años.
Juan Carlos es un coleccionista con antecedentes. A la colección de estampillas que tuvo de niño le siguieron las monedas, las botellas miniatura y las marquillas de cigarrillos. "En los 70 viajé mucho a Uruguay y allá había latas de cerveza que en ese momento acá no se fabricaban, así que empecé a traerlas por la novedad. Después, en un viaje a Europa, me traje una gran cantidad de posavasos, y así inicié mi colección", relató.
El coleccionista se interesa por todo lo que una cervecería haya hecho para envasar o promocionar sus productos. Tiene 2300 vasos de cerveza de todo el mundo, 25.000 posavasos, 10.000 latas de cerveza y 18 carteles publicitarios esmaltados de comienzos de siglo XX, entre otros objetos que forman parte del merchandising cervecero como tarjetas telefónicas, los espejos para las damas y las lapiceras para los caballeros.
Para este hombre, un coleccionista no es un mero acumulador de objetos sino un investigador "que conoce lo que tiene y cuyos objetos tienen un sentido y una historia". Las piezas predilectas del coleccionista son sus chapas esmaltadas, una publicidad periodística de 1835 de la Gaceta Mercantil y sus botellas de gres (una especie de cerámica escocesa del siglo XIX).
Juan Carlos fue comerciante mayorista durante muchos años, hasta que decidió dedicarse a una actividad que combinara perfectamente con su hobby: la importación de cerveza. "No importé cualquier producto, me di el gusto de importar las cervezas que me gustaban", aseguró.
Gracias a una exigencia de bromatología, tuvo que averiguar la fórmula de su cerveza preferida, la Hoegaarden "Fruto Prohibido". "Tras muchas insistencias a los productores belgas me revelaron el secreto: está saborizada con cáscara de naranja de las Islas de Curaçao", dijo.
Pero el emprendimiento se frustró con la crisis de 2001. "Mi último cargamento llegó 2 días antes de la renuncia de De la Rúa. El 50 por ciento de ese contenedor lo tuvimos que tomar entre mi socio y yo porque no pudimos venderlo. La empresa se fundió, pero fue un final feliz", contó entre risas.
Juan Carlos no es el único aficionado al coleccionismo cervecero. "En esta mesa se fundó la Asociación Argentina de Coleccionismo e Intercambio Cervecero (Colcer) de la cual fui presidente durante muchos años. Los coleccionistas de cerveza somos muy activos", aseguró. Refundada este año como Club Argentino de Coleccionistas de Cervezas y Gaseosas, la entidad realiza reuniones periódicas, edita revistas, y organiza convenciones y exposiciones.
Actualmente, este aficionado trabaja con un colega en un libro en el que pretende reconstruir el devenir de la industria cervecera en el país con mucha documentación. "En circulación hay sólo datos estadísticos, no hay información de cómo se desarrollaron las cervecerías ni a que obedecieron los cambios en las costumbres y en las modalidades de fabricación", explicó.
Pero el vínculo de Juan Carlos con la cerveza no se da sólo mediante el coleccionismo. También se define como un refinado consumidor de la bebida amarga: "Me gustan las cervezas fuertes. Le tengo que encontrar, aparte de un buen bouquet, un resto de sabor en la boca, cierta densidad y una muy buena espuma. Para mí la cerveza no es un refrescante, es una bebida espirituosa".
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