
La angustia de una madre que no pudo conocer a su hijo
Carolina Píparo, la mujer que fue baleada estando embarazada, aún no sabe que su bebe falleció; sólo alcanzó a ver fotos de él antes de que la sometieran a un estado de coma inducido
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LA PLATA.– "Nadie lo esperaba, más allá de que el gordito estaba muy muy complicado. Se ve que se le terminaron las fuerzas, pero se va en paz. Ahora es un angelito más", dijo Matías, el hermano de Carolina Piparo, a los periodistas que hacían guardia en la vereda del hospital San Roque. Después de una semana de agonía, Isidro, su sobrino, había muerto.
La madre del bebe seguía conectada a un respirador artificial. No le habían contado nada: estaba en un estado de coma inducido. Además, una emoción tan fuerte podía afectar su debilitada salud.
El jueves de la semana pasada, unos delincuentes le habían disparado un tiro para robarle los ahorros que había sacado del banco y con los que pensaba pagar, el viernes, el anticipo de su primera casa. En ese momento, Carolina estaba en la semana de gestación: iba a dar a luz entre el lunes y el martes. Se le tuvo que practicar una cesárea de urgencia: Isidro nació con un paro cardíaco y los médicos consiguieron reanimarlo.
"Es un milagro que esté entre nosotros", había dicho Matías. Mientras tanto, otros familiares se comunicaron con el padre Ignacio Peirés, un "cura sanador" de Rosario. Durante esta semana, pese a la opresiva incertidumbre, nadie perdía las esperanzas, pero la muerte las aplastó.
Carolina nunca pudo alzar a su hijo, ni siquiera lo pudo acariciar. Sólo miró las fotografías del bebe y entonces se emocionó. Hacía tiempo que la mujer y su marido, Juan Ignacio Buzzali, buscaban un hijo. Finalmente, Carolina, de 34 años, quedó embarazada.
La mujer y su marido habían trabajado durante años para ahorrar el dinero con el que pensaban comprar su primera casa. El es empleado de YPF. Ella, del Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense. Habían entrado en 2005, cuando tomaron empleados para el número de emergencias policiales. Poco después, contaron compañeros de trabajo, fue despedida junto con otras personas que trabajaban en el 911.
No se quedó quieta, nunca lo hace, y la volvieron a tomar. Ahora trabaja en la oficina de personal civil de la mencionada cartera. "Es una maravilla de voluntad y decisión. Se iba a presentar como delegada", dijo Hugo Godoy, secretario general de ATE bonaerense.
Carolina pasó su infancia y adolescencia en Olavarria. Cuando terminó el colegio secundario, se instaló en la capital bonaerense para estudiar la carrera de asistente social en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Aquí conoció a Juan Ignacio. Se pusieron de novios y empezaron a proyectar la vida en pareja. Alquilaron una casa y se fueron a vivir juntos. Hace poco más de un año decidieron casarse y poco después, agrandar la familia, contó una tía de la víctima que vive en Olavarría.
Carolina y su hermano suelen viajar a Olavarría. Su padre, Lorenzo, y su abuela, viven allí, en la villa Fortabat, construía al lado de la cementera Loma Negra. A los hermanos les gusta volver a la casa en la que vivieron cuando eran niños y visitar a su abuela. "Los chicos tienen una relación muy afectiva con su abuela, que tiene 86 años", dijo la tía.
La madre de Carolina, María Ema, se había ido de Olavarria luego de separarse de su esposo y ahora se había instalado en La Plata para acompañar a su hija en el nacimiento de Isidro. María Ema estaba con su hija el jueves de la semana pasada, cuando esos delincuentes le arrebataron a Carolina el que debía ser un recuerdo feliz y en su lugar pusieron otro, que será el más sombrío de su vida.
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