La Arena, controvertido control a la altura de Pilar
Los vecinos protestan porque pagan $ 4,50 por sólo 5 km
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Fuertes quejas y discusiones, maniobras para seguir de largo sin pagar y una extendida sensación de abuso. La frontera entre Pilar y el interior de la provincia, o a la inversa, se llama La Arena, el controvertido peaje sobre la ruta 8, en el km 65,5 que cuesta 4,50 pesos.
Una fortaleza con cabinas y barreras en un tramo de apenas cinco kilómetros de una autopista que no existe, sin camino alternativo y que, según los usuarios y vecinos, riñe con el libre tránsito dispuesto por el artículo 14 de la Constitución nacional.
La obra de Corredor Americano, la empresa concesionaria, que uniría Pilar con la ciudad de Pergamino, permanece demorada desde hace alrededor de un año y, sin embargo, el retén con las cabinas de peajes funciona de sol a sol.
"Es un asalto porque, para ir a Pilar o volver, te cobran por algo que no existe", opinó Fanny Lynch, residente del partido de Exaltación de la Cruz, con localidades como Los Cardales y Capilla del Señor.
Esta vecina, como casi todos los que viven en la zona, considera que el peaje es un abuso. "A los residentes nos hacen un descuento con una oblea y pagamos 1,80 pesos para pasar, pero hay gente que vive acá y no tiene cambiado el domicilio? Se le va una fortuna. Ahora, todos pasan sin pagar y yo me siento una tonta por estar pendiente de la oblea", dijo Lynch.
A 30 kilómetros de La Arena hay otro peaje, aunque nadie haya visto nunca una autopista por allí. Es el de Solís. Quienes quieren llegar a la ciudad de Buenos Aires deben pagar en tres peajes, dos de los cuales están ubicados en algo así como un "futuro proyecto" de autopista, aún en construcción. A juzgar por las máquinas paradas al costado de la ruta, junto a una parrilla que curiosamente se llama El Brillo, la obra hace rato que entró en un impasse .
"Me da su patente, por favor?" Con esta frase, entre lacónica y un poco resignada, los trabajadores de las cabinas dejan pasar a quienes se oponen al pago de un tributo sin ninguna contraprestación. Nadie sabe qué hacen luego con el número de patente, aunque, según pudo comprobar LA NACION, resulta una simple formalidad. "Cada tanto, las luces del tramo de la autopista construida [unos 5 kilómetros] están apagadas, pero igual te cobran en el peaje", observó Lynch.
Del otro lado de la frontera
El año pasado, los vecinos de Capilla del Señor realizaron protestas en las obras en construcción para reclamar por el valor del peaje.
Pilar concentra muchas de las actividades que realizan los habitantes de la zona en escuelas, oficinas y comercios. Mucha gente debe pasar por el peaje varias veces al día.
"Normalmente, nadie lo paga y los empleados de la cabinas ya están aburridos y te dejan pasar; es que no hay alternativa y no se puede pagar $ 4,50 o 1,80 para realizar la vida de uno que queda del otro lado de ese peaje", dijo Nicolás Pruden, propietario de una veterinaria en el km 69, justo donde termina la obra de la autopista. "No tenés alternativa porque no hicieron la colectora", agregó Pruden, que cuenta con muchos de sus clientes del otro lado de esa "frontera" llamada La Arena.
Precisamente, la falta de un camino alternativo torna el asunto aún más polémico. Por ambos costados del retén del peaje existen sendas asfaltadas que, inmediatamente, se cortan.
Entre el peaje y Pilar hay un arroyo, La Arena, de ahí el nombre del peaje, pero no existe un puente para cruzarlo. "Es una barbaridad porque no tenemos colectora y yo tengo a mi hijo que va al colegio del otro lado: todos los días tengo que enfrentarme con el peaje", expresó Lilian López, que vive en el km 69 y debe tomar el colectivo para ir a Pilar al costado de una riesgosa ruta sin alambrado ni camino alternativo.
LA NACION intentó hablar con los responsables en el peaje, pero de inmediato remitieron la consulta al departamento de comunicaciones de la empresa concesionaria que depende de la Corporación América del Sur, cuyo socio es el empresario Eduardo Eurnekian.
Igual, las palabras de un gendarme que custodia las cabinas parecen decirlo todo: "Estamos acá por si pasa algo. Esto parece una trampa cazabobos, porque los que conocen la situación pasan de largo, pero la mayoría frena y paga".
A razón de unos cinco vehículos por cada diez segundos, según pudo observar LA NACION, el peaje representa un negocio para nada despreciable.
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