
"La arena nos llegaba a la rodilla"
Del Ciprés 35. Allí viven Susana Payero y Patricio Villegas desde hace casi 20 años. Nunca dejaron la Villa más que unos pocos días, ya sea por vacaciones o para visitar a alguno de sus hijos en Neuquén o en Buenos Aires. El 8 de junio pasado, cuatro días después del grito furioso del Puyehue, la casa quedó vacía. Fueron casi seis meses en los que la arena y la ceniza se acumularon día tras día en este pequeño lote, donde aún quedan rastros de arena y algunos árboles caídos. "Volvimos recién el 28 de noviembre y casi no podíamos entrar porque la arena nos llegaba a la rodilla", cuenta Susana, que estaba en Buenos Aires el día de la erupción. A Patricio vinieron a evacuarlo en dos oportunidades. "Pero, como cuando empezó todo había escuchado en la radio que esto no duraría más que un par de horas, no quise irme", recuerda. Sus problemas en la vista, con más de 14 operaciones en ambos ojos por un accidente laboral, y la ausencia de Susana, su compañera inseparable, lo obligaron a abandonar el hogar.
"Me fui a Neuquén, a la casa de mi hija. Me dijo que, si yo no iba, ella me venía a buscar. Así que me fui en el último ómnibus que salió, porque luego se bloqueó todo", recuerda Patricio.
"La gente fue muy solidaria, mientras nosotros no estábamos los vecinos pasaban, le daban de comer al perro y agarraban nuestra correspondencia", evoca emocionado.
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