
La Bandera flamea de la mano de los vecinos de Ortúzar
Norma Iriarte comenzó un ritual que día a día contagia a chicos y a grandes; apoyo oficial
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Todas las mañanas, Norma Iriarte realiza la misma rutina: toma la bandera de ceremonia que está sobre un aparador en la sala de su casa; después, pone la correa a su perra Nena y cruza a la plaza 25 de Agosto, en Villa Ortúzar, para cumplir con la primera parte de un ritual patrio, bastante inusual para un vecino: izar la Bandera.
Antes de que caiga la tarde, vuelve a cruzar para arriar la insignia celeste y blanca, que regresa a su aparador hasta el día siguiente.
"Los primeros días, los vecinos me miraban raro. Pero, de a poco, se acercaron. Ahora siempre estoy acompañada al momento de tener el honor de ver flamear la bandera en nuestra plaza", dice orgullosa la menuda mujer.
Esta acción de Norma comenzó el 15 de diciembre pasado, tres días después de que algunos vecinos y comerciantes de la zona sellaron un compromiso comunitario con la Subsecretaría de Inclusión y Coordinación del gobierno porteño.
"Nuestra hermosa enseña patria quedó izada y me gustaría saber quién tomó el compromiso de izarla y arriarla todos los días. No tengo ningún inconveniente en asumir ese compromiso. A los niños hay que enseñarles de chiquitos y sería una extraordinaria oportunidad que el que tome la posta lo haga con un niño a su lado", expresaba la mujer en la página del grupo que se creó en la red social Facebook.
La plaza en la que tiene lugar esta ceremonia está delimitada por las calles Heredia, 14 de Julio, Giribone y Charlone.
Norma cree en el cambio y que con hechos concretos y una actitud positiva todo lo malo se revierte.
"Una vez caminaba hasta mi casa y tres chicos vinieron de frente como para robarme. Miré a los ojos al del medio y le dije: «¡Hola!, ¿cómo esta tu mamá? Mandale un saludo de mi parte». Los chicos se sorprendieron y, ante el desconcierto, se fueron sin sacarme nada", recuerda, no sin sonreírse de la picardía.
Cada día, una nueva historia
"Estaba por arriar la Bandera junto a mi esposo cuando pasó cerca una mamá con su pequeño hijo Uriel. Me les acerqué y la mujer se sorprendió ante mi invitación. Uriel bajó corriendo de su bici, lo alzamos y fue el primero que nos acompañó", contó Norma, que utiliza la Web para compartir esas historias con unos 100 vecinos que ya se hicieron fans del grupo.
Al día siguiente, los que arriaron la Bandera fueron Nicolás, de cinco años, acompañado de sus padres; Iñaki, de 7, y Tadeo, de 5, junto a su mamá. "Es una hermosura cómo se enganchan y me preguntan cuándo pueden volver", escribió en "el muro" del grupo.
Norma cuenta que también están los que madrugan y se toman un recreo de 5 minutos entre sus rutinas de ejercicio para formar parte de un ritual que ya es parte del día a día de la histórica plaza.
Pero el privilegio de arriar la Bandera no es sólo de los más pequeños. Los adultos también se animan. Tal fue el caso de Pablo. "Le dicen Tony, y hoy cumple 32 años, pertenece a la barra del mástil. Muchas gracias por colaborar y feliz cumple", escribió Norma.
La mujer también contó a LA NACION cómo fue su primer domingo izando la Bandera. "Recuerdo que, cuando llegamos, el mástil todavía tenía apoyadas botellas de la noche anterior y dos chicos y una chica permanecían allí. Cuando vieron que estábamos por izar la Bandera, nos saludaron y comenzaron a levantar todo lo que había. Yo quedé impactada. Era una clara señal de que todo no está perdido."
Las tardes de domingo el privilegio de arriar la Bandera es para la murga Los Endiablados de Villa Ortúzar. "El director se acerca desde el primer día y me propuso que todos los domingos él iba a elegir a uno de los suyos para que arriara la Bandera conmigo. Así, cada domingo, la murga para sus ensayos, se acercan al mástil y me acompañan cantando «Aurora»", cuenta emocionada.




