
La curiosa Casa de los Pavos Reales
Así llaman, por su fachada, al edificio situado al 3200 de la avenida Rivadavia
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La Casa de los Pavos Reales podría ser el título de una novela. Pero es como se llama, también en documentos oficiales, al extraño edificio de tres pisos con un frente de 25 metros que incluye puertas numeradas desde el 3216 al 3232 sobre la avenida Rivadavia, en Balvanera.
La denominación tiene que ver con lo primero que llama la atención de la fachada: los ocho pavos reales esculpidos en piedra, de casi dos metros de largo, enfrentados de a pares bajo los ventanales de la primera planta.
Como sostén de los balcones y menos visibles, los acompañaban otros tantos leones. Pero estas figuras desaparecieron cuatro hace unos 20 años. Nadie sabe quién ni cómo lo hizo.
Se trata de una casa de departamentos de dos cuerpos; hay seis en el primero y ocho en el segundo, de dos y tres ambientes, respectivamente. Los más grandes poseen una superficie de 125 metros cuadrados y los otros, entre los 60 y los 80.
Obra de Virginio Colombo, cuando se inauguró, en 1912, era la construcción más elevada de la zona, que en ese tiempo ostentaba un nivel residencial muy diferente al actual.
Colombo, nacido en Milán en 1885, fue convocado para la decoración del nuevo Palacio de Justicia, que en 1910 estrenó su sede sobre la calle Talcahuano. El joven arquitecto se sumó a otros destacados colegas y compatriotas, como Mario Palanti y Francisco Gianotti, autores -entre muchos e importantes trabajos- del pasaje Barolo y la confitería del Molino, respectivamente.
Entre las viviendas que diseñó para residentes acaudalados, resaltan las dos erigidas en Hipólito Yrigoyen al 2500 -una frente a la otra, de estilos muy disímiles- y ésta de la avenida Rivadavia, cuya singular fachada zoológica anticipa que todo el resto está al margen de la ortodoxia.
Algunos han identificado a los pavos reales, los leones y el particular dibujo de unos azulejos en la entrada (dos triángulos superpuestos sobre un cuadrado) con símbolos de la masonería, a la que habría pertenecido el arquitecto.
Varios estilos
Otra postura establece simplemente que las vistosas aves son el mayor emblema del art nouveau, del que participa estilísticamente la casa, aunque por su heterogeneidad también se lo encuadra en el eclecticismo.
A esa corriente se ajustan los murales en ladrillos vidriados y multicolores de una de sus entradas, con escenas de la campiña italiana, y las muy curiosas puertas combadas que conectan piezas de los departamentos con galerías. Al fondo de este acceso está el primitivo ascensor jaula, un lujo para la época de construcción, en perfectas condiciones de uso.
En más de nueve décadas, la llamativa estructura ha padecido un paulatino deterioro, similar al que se observa en otros legados arquitectónicos del paisaje porteño merecedores de una mejor conservación.
Su inclusión en 2001 en el listado de obras "con protección estructural" no significó atender el peligro de derrumbes de mampostería ya evidentes. Lo comunicó a los consorcistas la Subsecretaría de Patrimonio Urbano, con la explicación de que "el Gobierno carece de recursos".
El presidente del consorcio, arquitecto Felipe Miranda, dijo a LA NACION que también allí los recursos son escasos, por lo que hubo que llamar a la Guardia de Auxilio. Se tiraron partes flojas (revoques, molduras, cornisas y parapetos) de patios interiores y luego, recordó Miranda, "fuimos reparando otras áreas, como filtraciones en los techos, lo que no ha concluido por falta de fondos".
En el edificio viven varios arquitectos. Miranda lo explica por la afinidad de la profesión con la vivienda, "que sigue siendo materia de estudio, como lo demuestra la constante visita de estudiantes".
Algo parecido opina la propietaria más antigua, María Palazzo, que heredó el departamento adquirido en 1949 por su padre, "cuando la casa figuraba aún entre las de más categoría". Pero él la compró porque era un amante del arte, dice.
Cuenta que, hace unos años, se gestionó el apoyo financiero de la embajada de Italia, porque se trataba de la obra más importante de Colombo y sus primeros residentes habían sido prósperos inmigrantes de ese país. Pero tampoco se tuvo éxito.




