La Niña combina el arte con sus cultivos
A 300 kilómetros de Buenos Aires, artistas y hombres de campo juntaron su iniciativa para hacer resurgir a un pueblo
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LA NIÑA.- En medio de una planicie poblada de lagunas, detrás de un puñado de nubes y recortada por una fila de copiosos eucaliptos surge "Fin zona urbana", una megainstalación que reúne, en 76 hectáreas, el trabajo conjunto de un grupo de artistas y técnicos agropecuarios basado en la combinación de cultivos de maíz, soja y girasol.
El inusual encuentro entre el arte y la producción, entre el campo y la ciudad, que fue presentado ayer públicamente, se plasma en diez "sembrados artísticos" -los diseños incluyen desde una copia de la red de subte porteño hasta una alegoría de la clonación- que resultan del trabajo entre los hombres del campo y diseñadores del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) en un lote ubicado en la estancia La Catita, en la localidad de La Niña, a casi 300 kilómetros al oeste de la Capital.
"Estamos abriendo la puerta para un camino poco transitado que reúna lo artístico con lo rural y que nos permita explorar las grandes dimensiones y, al mismo tiempo, conocer las posibilidades artísticas del mundo productivo", contó a LA NACION May Borovinsky, autora y directora del emplazamiento.
Borovinsky encontró en Ricardo Gallo Llorente, propietario de la estancia La Catita, un entusiasta socio para su propuesta. En una charla sin destino, allá por junio último, la artista esbozó la idea y el lugareño no dudó: "Lo hacemos acá", dijo con tono inapelable. En agosto se les sumó Ricardo Reynolds, uno de los pocos productores que se atrevieron a escuchar todo el proyecto antes de tildar de locos a sus interlocutores.
Borovinsky, que es docente de la cátedra Proyectual de Escultura en el IUNA, consiguió que compañeros y alumnos se interesaran en su proyecto. "Entonces, a lo artístico se le adosaron las dimensiones académica y social", señaló la escultora, para quien es "emocionante ver el boceto que hicimos en un papel de 40 centímetros, implantado en la tierra". Luego de tomar la decisión de avanzar con el proyecto, los 17 artistas intervinientes fueron capacitados por profesores de la Facultad de Agronomía de la UBA. Además, recibieron asesoramiento de los técnicos encargados de la siembra.
El proyecto -que para no pocos era algo inviable y el fruto de mentes afiebradas- fue declarado de interés nacional por la Secretaría de Cultura de la Nación y auspiciado por el Instituto Cultural bonaerense y el Centro Cultural Recoleta, donde a mediados de este mes podrá verse una muestra que exhibe el proceso de gestación y producción de la iniciativa. También recibió el apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
"Para nosotros es una alianza que nos enorgullece haber podido construir con los artistas porque habla de un respeto mutuo y de la capacidad de trabajar en conjunto, que desde siempre es nuestra filosofía", dijo Gallo Llorente ayer, durante la presentación oficial de la obra que reunió en el casco de la estancia a productores y artistas e incluyó vuelos de bautismo para los que se atrevieron a desafiar el fuerte viento en dos avionetas provistas por el aeroclub de 9 de Julio.
En la reunión también había representantes de la asociación de turismo rural, conformada por vecinos de La Niña, que, impulsados por Gallo Llorente, luchan desde hace dos años por sobrevivir con un proyecto comunitario ligado al turismo.
"Cuando les conté a mis amigos lo que iba a hacer me dijeron que estaba loco, que era un disparate y que si quería distraerme me fuera a pescar", recordó Reynolds, el contratista, que trabajó con un equipo especializado que analizó el rendimiento, apeló a las imágenes satelitales, la georreferenciación y aplicó el método de agricultura de precisión.
Su tarea permitirá que la experiencia consiga un rinde considerable, teniendo en cuenta las características del emprendimiento. Se calcula una pérdida de semilla del orden del 5 por ciento y el sobrecosto de sembrado que demandó siete días, en lugar de los tres que hubiera insumido con una siembra normal.
Buena parte de la siembra, que comenzó con el maíz el 15 de septiembre último, se realizó manualmente. Según los cálculos realizados por el grupo, a medida que avance el verano la megaobra irá cambiando de tonalidades y en la segunda quincena de enero estará en su esplendor con una floración casi a pleno. La cosecha llegará a fines de febrero o principios de marzo. Hasta entonces, esta increíble exposición, digna del Libro Guinness de los Récords, podrá ser visitada.
Ayer, además de los vuelos, se instalaron tres mangrullos que permiten ver, parcialmente, algunos de los diseños y se contó con la asistencia de una grúa neumática de la cooperativa de luz de Quiroga, un pueblo vecino, que también hizo las veces de altillo para los ojos curiosos y deslumbrados que hasta el anochecer recorrieron las plantaciones.
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