La OMS advierte que casi cuatro de cada diez casos de cáncer podrían evitarse
Un estudio global que analizó 30 riesgos modificables en 185 países revela que millones de diagnósticos anuales están vinculados a conductas, infecciones y exposiciones ambientales sobre las que es posible intervenir
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Por primera vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lograron poner cifras concretas al peso que tienen los factores prevenibles en la aparición del cáncer. El nuevo análisis global muestra que una proporción significativa de los tumores diagnosticados cada año está vinculada a causas que podrían reducirse o evitarse mediante políticas públicas, cambios en el entorno y estrategias de prevención sostenidas.
El estudio, presentado en el marco del Día Mundial del Cáncer y publicado en la revista Nature Medicine, evaluó 30 factores de riesgo modificables en 36 tipos de cáncer, abarcando datos de 185 países. Se trata del análisis más exhaustivo realizado hasta ahora sobre cáncer prevenible y del primero en integrar en un mismo trabajo conductas individuales, exposiciones ambientales y agentes infecciosos con potencial oncogénico.

Según los resultados, en 2022 se diagnosticaron alrededor de 7,1 millones de nuevos casos de cáncer atribuibles a estos factores evitables. Esto equivale a casi cuatro de cada diez tumores detectados en adultos a nivel mundial. El dato no solo dimensiona el problema, sino que también redefine el lugar que ocupa la prevención en la agenda sanitaria global.
Tabaco, infecciones y alcohol
El tabaquismo aparece como el factor prevenible más relevante y explica cerca del 15% de todos los nuevos casos de cáncer en el mundo. En términos absolutos, se asocia a millones de diagnósticos anuales y continúa siendo el principal impulsor de tumores evitables, especialmente de pulmón.
En segundo lugar se ubican las infecciones con potencial cancerígeno, responsables de aproximadamente el 10% de los casos. Entre ellas se destacan el virus del papiloma humano (VPH), vinculado al cáncer de cuello uterino, y la bacteria Helicobacter pylori, asociada al cáncer gástrico. El consumo de alcohol completa el podio, con alrededor del 3% de los nuevos diagnósticos.

Tres tipos de cáncer —pulmón, estómago y cuello uterino— concentran casi la mitad de todos los casos prevenibles. En el cáncer de pulmón, el tabaco y la contaminación del aire explican la mayor parte del riesgo; en el de estómago, la infección por H. pylori sigue siendo clave; y en el cáncer cervical, el VPH continúa siendo el principal desencadenante.
Si no se refuerzan de manera sostenida las políticas de prevención, las proyecciones para los próximos años no son alentadoras. “La incidencia de cáncer en las Américas podría crecer fuertemente en las próximas décadas, con millones de nuevos casos anuales”, advierte Carlos Bas, jefe del Instituto de Oncología del Hospital Alemán. El especialista señala que este escenario obliga a correr el foco exclusivamente asistencial y poner el acento en las estrategias capaces de evitar que la enfermedad aparezca.
En ese sentido, Bas remarca que hablar de cáncer no es únicamente hablar de patología. “También es hablar de prevención, de controles que salvan vidas y de investigación que cambia destinos”, afirma. Desde su perspectiva, la evidencia acumulada en los últimos años demuestra que una parte significativa de los tumores puede prevenirse a partir de decisiones cotidianas sostenidas en el tiempo.

“Hoy se sabe que una proporción importante de los cánceres puede evitarse con hábitos saludables”, sostiene el oncólogo, y enumera entre los principales factores protectores no fumar ni exponerse al humo ajeno, realizar actividad física de manera regular, mantener una alimentación equilibrada y limitar el consumo de alcohol, conductas que reducen de forma concreta el riesgo oncológico.
A estas medidas se suman herramientas de alto impacto poblacional, como la vacunación. “La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano permite prevenir el cáncer cervicouterino y otros tumores asociados, y la vacuna contra la hepatitis B protege frente al cáncer de hígado”, destaca Bas, al subrayar la importancia de ampliar y sostener estas estrategias en el tiempo.
La detección temprana constituye otro pilar fundamental. “Controles simples y accesibles pueden marcar la diferencia entre un tratamiento curativo y una enfermedad avanzada”, explica. En ese marco, menciona el valor del Papanicolaou y el test de VPH para detectar lesiones precursoras del cáncer de cuello uterino, el rol de la mamografía —indicada según edad y factores de riesgo— en la reducción de la mortalidad por cáncer de mama y la importancia de la pesquisa de cáncer colorrectal para diagnosticar tumores en etapas iniciales.
Bas también insiste en no minimizar las señales de alerta. “Ante síntomas persistentes, cambios corporales inexplicables o signos de alarma, la consulta médica oportuna sigue siendo una de las herramientas más poderosas de la medicina moderna”, enfatiza.
Diferencias marcadas entre hombres y mujeres
El informe pone en evidencia una brecha significativa por sexo. En los hombres, cerca del 45% de los cánceres diagnosticados podrían haberse evitado, mientras que en las mujeres esa proporción ronda el 30%. La explicación no es única y responde a patrones históricos, culturales y sociales distintos.
En la población masculina, el tabaquismo domina ampliamente como factor de riesgo y explica casi una cuarta parte de los nuevos casos. En las mujeres, en cambio, las infecciones —especialmente el VPH— ocupan el primer lugar, seguidas por el tabaco y el exceso de peso corporal.

Estas diferencias reflejan trayectorias de exposición distintas a lo largo de las últimas décadas y subrayan la necesidad de diseñar estrategias de prevención sensibles al género, en lugar de aplicar enfoques uniformes.
Un mapa desigual del cáncer prevenible
Las disparidades regionales también son notables. Entre los hombres, Asia Oriental registra la mayor proporción de cáncer prevenible, con valores superiores al 57%, mientras que América Latina y el Caribe presentan los porcentajes más bajos, en torno al 28%. En las mujeres, el rango va desde aproximadamente el 24% en el norte de África y Asia Occidental hasta más del 38% en África subsahariana.
En Europa, donde entre un tercio y casi el 40% de los cánceres se consideran evitables, predominan como factores de riesgo el tabaquismo, el consumo de alcohol y el exceso de peso. La menor incidencia de tumores asociados a infecciones refleja, en parte, mejores condiciones sanitarias y una mayor cobertura de vacunación contra el VPH.
El contraste es especialmente visible en el cáncer de cuello uterino. Mientras que en muchos países europeos la vacunación alcanza coberturas elevadas y permite pensar en su eventual eliminación, en regiones como África subsahariana y el sur de Asia la enfermedad sigue teniendo una incidencia muy alta debido al acceso limitado a vacunas, cribado y tratamiento oportuno.
Una inversión con impacto sanitario y social
Más allá de las cifras, el estudio refuerza un mensaje central: la carga del cáncer puede reducirse de manera sustancial si la prevención ocupa un lugar prioritario. Medidas como políticas fiscales sobre el tabaco y el alcohol, programas de vacunación, mejoras en la calidad del aire, promoción de la actividad física y control del sobrepeso tienen un impacto directo en la incidencia futura de la enfermedad.
Los autores remarcan que la prevención no debe plantearse desde la culpa individual, sino como una responsabilidad colectiva que involucra a los Estados, los sistemas de salud y la sociedad en su conjunto. Adaptar las estrategias al contexto local, ya sea fortaleciendo el saneamiento, regulando industrias nocivas o ampliando el acceso equitativo a vacunas, es clave para lograr resultados sostenidos.
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