
La prostitución infantil es un delito que nadie quiere ver ni denunciar
Los especialistas coinciden en que es necesario que la sociedad se comprometa para erradicarla
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Todos miran para otro lado. Es un delito que nadie quiere ver. Ni las instituciones, ni la Justicia, ni la policía, ni la sociedad. Ese es el principal problema, coinciden los especialistas: la falta de compromiso para combatir la explotación sexual de menores. ¿Cuál es entonces la forma de luchar contra ella? Involucrarse, no hay otra posibilidad más que el trabajo en conjunto de las instituciones del Estado y las organizaciones sociales, dicen.
"Cada vez hay más chicas que se prostituyen. El problema es que muy pocos quieren verlo", dice Zulema Ferrero, del Proyecto Angel, una organización no gubernamental (ONG) de Río Cuarto, Córdoba, que trabaja para ayudar a las menores en situación de riesgo.
Y a la negación se suman la ilegalidad, la falta de denuncias, el miedo de las víctimas, la clientela estable, la falta de políticas serias y las trabas institucionales. Por todo eso es muy difícil poner un freno a la explotación sexual infantil. Pero, como dato positivo, los especialistas notan que poco a poco comienza a haber un interés por cambiar las cosas.
"La intolerancia social a este fenómeno es muy alta -dijo el representante de Unicef en la Argentina, Jorge Rivera Pizarro-. A la gente le cuesta aceptar que esto ocurre. Debe existir una fuerte conciencia ciudadana, porque no se puede perseguir un delito que no se denuncia."
Esta claro que la pobreza está íntimamente asociada a la prostitución de menores, pero no es el único factor determinante y sobre el que hay que actuar para revertir la situación. Para María Elena Naddeo, presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes del gobierno porteño, uno de los principales problemas es el modelo de cultura dominante, en el que se acepta la prostitución para "satisfacer" las necesidades sexuales de los hombres adultos.
Hay tantos inconvenientes para probar un delito así, que a los pocos que se puede procesar se lo hace por otros delitos, como falsificación de documento o abuso sexual, pero no proxenetismo, dice Dolores March, administradora gubernamental destinada en el Consejo de Niñas, Niños y Adolescentes de la Nación.
"La gente no quiere denunciar, las menores no van a la Justicia, no confían en la policía y tienen mucho miedo de las represalias -dijo March-. Además, es difícil probarle a un cliente que sabía que se trataba de una menor. Argumentan que parecen más grandes."
Las acciones deben dirigirse a los explotadores -proxenetas y clientes-, que deben ser denunciados, detenidos y juzgados, y a las víctimas, con las que hay que trabajar sobre dos ejes, dicen: la prevención y la reinserción social de las chicas.
A las víctimas les cuesta establecer vínculos, no se sienten capaces de nada, se bloquean a la hora de estudiar, están llenas de miedos, de fobias. Tienen la autoestima destruida. Muchas han abortado hasta más de una vez. Otras cayeron en la droga.
Son las secuelas de haberse convertido en un objeto que se comercializa, explicó la hermana Marta Trejo, que está a cargo de un hogar de Rosario que pertenece a la congregación de Hermanas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Ellas, al igual que la gente del Proyecto Angel, trabajan para sacar adelante a las chicas. "No resulta fácil, en especial porque no hay espacios laborales. Al menos, pueden abandonar lo que hacían y buscar otra alternativa", dijo Trejo.
De a poco, la gente del proyecto Angel consiguió que algunas chicas volvieran al colegio, que se interesaran por algunas cosas, que tuvieran objetivos y que hablaran.
Naddeo es partidaria de apoyar el trabajo de las ONG. "El acercamiento a las chicas es difícil. La policía no sirve y con nuestros operadores tampoco ha dado resultado. El mejor trabajo lo han hecho las ONG."
Las escuelas y los centros de salud cumplen un papel fundamental en la detección y tratamiento de este tipo de situaciones, considera Silvia Chejter, autora del libro "La niñez prostituida". El trabajo en red de las entidades públicas es una de las mejores respuestas para el representante de Unicef.
Monique Altschul, de la Red contra la Trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes, estima que es imprescindible cambiar la manera de pensar y dejar de lado los preconceptos, porque mucha gente sigue pensando que las chicas explotadas ejercen la prostitución, ya que les gusta porque lo eligieron: "Son víctimas del maltrato, del engaño y de la indefensión".
Más expuestos por estar en la calle
Los defensores de menores e incapaces de la ciudad de Buenos Aires coinciden en que el abuso sexual en el ámbito familiar y el hecho de vivir en la calle hacen que muchos chicos estén más expuestos a la explotación sexual.
"Nadie entra en la prostitución de un día para el otro. Muchas veces el punto de partida es el abuso sexual dentro de la misma familia", consideró Marcelo Jalil, titular de la Defensoría Nº 4. Jalil recuerda que entre sus defendidas hubo adolescentes que eran obligadas por su propia madre a tener relaciones sexuales con un hombre para que las mantuviera. Además, el defensor sostuvo que estas chicas, muchas veces, no tienen la posibilidad de pedir ayuda.
Carolina Paladini, titular de la Defensoría N° 7, sostiene que por distintos problemas son cada vez más las adolescentes que se fugan de sus casas y quedan expuestas a los peligros de la calle. "Cada vez es más compleja la situación en el ámbito familiar, donde los chicos son sometidos sexualmente", sostuvo.
Silvia Dascal, de la Defensoría Nº 6, consideró que el aumento de chicos en la calle hace que crezcan la prostitución y el abuso.
Los defensores coincidieron en señalar que es fundamental la prevención en escuelas y hospitales.
El comisario Arturo Balsalobre, de la División Delitos contra Menores, informó que no hay estadísticas porque este delito no siempre se denuncia. "Pero eso no quiere decir que no exista -advirtió-. Que no tengamos casos detectados en este momento, no quiere decir que no ocurra", concluyó.




