
La ruta 74, una vía angosta y sin banquinas
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MAR DEL PLATA.- Si no fuera por la señalización horizontal que divide en dos la calzada, la ruta provincial 74 resulta tan angosta que bien podría ser confundida con un único carril.
Quienes habitualmente transitan el tramo entre las localidades de Las Armas y Ayacucho, en territorio bonaerense, han sentido en carne propia el vértigo de sentirse casi rozado por el vehículo que circula en sentido contrario. Peor aún si se trata de camiones o de micros.
Como circunstancia agravante, la ausencia de banquinas hace imposible alejarse mínimamente del centro de la carretera. Y si se corre ese riesgo, pastos altos y badenes inmediatos auguran un destino casi mortal.
"Entre café y café, los automovilistas cuentan historias que te dejan helado", dijo Tomás Raúl Matteoli, propietario de la confitería El Cruce, entre las rutas 2 y 74.
Lamentablemente, otros no viven para contarlo: las colisiones frontales, las más comunes y en las que suele aparecer involucrado algún vehículo pesado, generalmente no dejan sobrevivientes. "Un gran tramo -explicó Matteoli- es una recta, por lo que se viaja a buena velocidad y los choques resultan tremendos."
Piedras en el camino
Los días de lluvia son los peores para circular por esta carretera. Retirarse hacia la banquina resulta peligroso, ya que allí se forma barro y eso provoca despistes trágicos apenas se sale de la calzada.
El pavimento de la ruta 74 se ve bastante parejo, aunque todavía quedan varios baches. No resulta casual que se repitan con mayor frecuencia sobre la mano que conduce desde Ayacucho hacia Las Armas. "Este es el premio que nos dejaron los camiones que traían sobrepeso con sus cargas de piedras desde Tandil para la refacción de la ruta 2", contó Fabián Serantonio, que con sus máquinas agrícolas siembra y cosecha en la zona.
Y así como dejan su sello en el camino, los camiones que transportan piedras también se transformaron en un peligro para los automovilistas. El efecto es sencillo: llevan cantos rodados y cuando se encuentran con algún bache provocan una lluvia de piedras.
"Estamos cansados de pedir que circulen con lonas para tapar su carga, pero no hacen caso de nuestros reclamos y nos destrozan el parabrisas de los autos", se quejó Miguel Rodríguez, remisero de Ayacucho.
Como broche para la serie de situaciones de riesgo, los animales sueltos que abundan en las inmediaciones del camino juegan su carta. "Es como un juego electrónico -confesó un viajero-. Por la 74 se te cruzan vacas y caballos que tenés que esquivar. Lástima que no se trata de un espacio virtual. Y que sólo tenés una vida."



