
La vuelta al mundo en moto, en pos de la salud
Simon Milward propone acercar la medicina a sitios alejados
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Simon Milward es inglés, tiene 38 años y una moto muy especial. Hace cuatro años decidió emprender un viaje por el mundo con dos objetivos que le marcan el camino: reivindicar los derechos de los motociclistas, incentivarlos para que se organicen y acercar la salud a los pueblos más alejados del planeta.
Durante siete años fue secretario general de la Federación de Motos en Europa, que tiene 500.000 socios. En junio de 1998, sufrió un accidente con su moto en Bruselas y debió ser hospitalizado; dice que eso le cambió la vida. "Pensé en la suerte que tuve de que la ambulancia me llevara rápido a un hospital, porque mucha gente no tiene cobertura médica. Entonces, decidí concretar un sueño y buscar la forma de ayudar a esa gente."
Poco convencional
Construyó una moto poco convencional, con motor austríaco de 600 cc, un chasis que armó un amigo y piezas de distintas marcas y orígenes a las que les adaptaron un tanque plástico italiano de 45 litros para tener una autonomía de 1000 kilómetros, a una velocidad crucero de 90 kilómetros por hora. La llamó John T, modelo Overlander, y se convirtió en su única compañera de viaje, con la que ya recorrió 47 países y 160.000 kilómetros.
El 1° de enero de 2000 salió de su pueblo natal, cerca de Londres. Cruzó el continente europeo y pasó por Túnez, Grecia, Afganistán, Japón, Rusia y Australia. Dos veces recorrió los Estados Unidos y Canadá, donde las motocicletas tienen muchos cultores entre quienes las usan para trabajar y quienes las poseen como hobby.
Luego, pasó por América Central, llegó a Colombia y se acercó a las rutas argentinas.
"Cuando estuve en Ecuador le pregunté a un amigo cuáles eran los lugares más necesitados de la Argentina y me dijo cuatro provincias", recuerda, en buen castellano. Se refiere a Jujuy, Salta, Chaco y Formosa, a las que visitó antes de llegar a Buenos Aires. "Quiero ver si podemos hacer algo juntos para acercar a los médicos con motos pequeñas a los lugares rurales, que hay muchos", dice con tranquilidad.
Su moto pesa 300 kilos, con equipaje y todo. Eso incluye ropa, herramientas y repuestos, equipo de campamentismo, botiquín, libros... "Mi moto es mi casa y mi mochila es mi oficina", dice. Lleva carpetas con recortes de diarios y toda la información sobre sus actividades. La mayoría de las noches duerme en casa de algún amigo que hace en el camino; las otras, en hoteles económicos o en carpa.
Para poder viajar, debió vender su casa e invertir sus ahorros. Pero también utilizó parte de los fondos que recaudó a lo largo de su travesía para Médicos Sin Fronteras y Salud para Todos. "Al principio, el acuerdo fue que, de lo recaudado, la mitad fuera para ellos y la otra mitad para mis gastos de gasolina. Una vez cubiertos mis gastos, todo el dinero va para ellos", explica. Hasta ahora, gastó 22.000 dólares entre combustible y arreglos de la moto, y recaudó US$ 108.000 gracias al auspicio de empresas que aportaron dinero a cambio de publicidad en su moto y su página web .
"Hacer este viaje es muy especial. Tengo objetivos y eso me da mucha satisfacción. Es muy lindo para ver paisajes y diferentes culturas. Para mí, el país es la gente. Mis favoritos son Colombia y Rusia, y creo que sumaré a la Argentina", dice, mientras hace gestos con sus manos curtidas y algo manchadas de grasa de su moto.
Simon busca hacer contacto con países que no tienen organizaciones de motociclistas para hacer frente a las reglas de la Organización para las Naciones Unidas (ONU) y reclamar por sus derechos. "Hay un acuerdo entre Estados Unidos, Japón y Europa para la construcción de vehículos con materiales específicos que a veces no son los mejores y son muy caros para las motos pequeñas. Hay problemas de reciclaje, mantenimiento, polución, costos; no es efectivo", dice.
Estuvo dos semanas en Buenos Aires e hizo una presentación en un bar de Palermo, a la que asistieron unas 80 personas para ver fotos de los lugares que recorrió y escuchar sus propuestas. "Los motociclistas aquí están empezando a discutir estas cuestiones para ver si quieren hacer algo en cuanto a organización", dice.
Hacia el Sur
Asegura haber encontrado en Buenos Aires gente muy amable que se sorprende y le pregunta por su moto. "La avenida 9 de Julio es muy impresionante. Y me gustan los barcos", confiesa, mirando el río desde un banco en Puerto Madero. "Estoy considerando hacer un viaje en barco a Sudáfrica en marzo, con mi moto".
Con su atuendo negro de "motoquero" y su equipaje listo para partir, Simon pregunta cuál es el mejor camino para ir hacia el Sur. Lo esperan los hielos de Ushuaia, los fiordos de Chile y, en febrero, nuevamente Buenos Aires.
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