
Lanzaron en Mendoza el primer banco de alimentos
Sirvieron un almuerzo a 400 chicos con donaciones de empresas
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MENDOZA.- Con la entrega de las primeras mil raciones de almuerzo para niños en situación de pobreza del oeste del Gran Mendoza, un grupo de jóvenes empresarios y profesionales mendocinos puso en marcha ayer el plan de asistencia nutricional de la Fundación Banco de Alimentos Mendoza.
Los promotores de la idea compartieron con 400 niños el primer almuerzo donado por la ONG, cuyo menú consistió en milanesas de soja con puré de papas y fue servido en el centro comunitario Arco Iris, de la asociación Coloba, ubicado en la zona oeste del departamento Godoy Cruz.
En la etapa inicial distribuirán alimentos en seis comedores del Gran Mendoza y el proyecto se propone alcanzar las 3000 raciones diarias antes de fin de año. La idea comenzó a tomar forma en marzo último, cuando Fernando Barbera, propietario de un restaurante; Sergio Cornejo, agente de viajes, y Adolfo Brennan, empresario farmacéutico, dijeron manos a la obra para organizar la primera experiencia en Mendoza.
Se sumaron el empresario transportista Mauricio Badaloni y el industrial panadero Miguel Altamira, y ahora esperan ampliar la nómina de hombres de empresa comprometidos con este proyecto social. Para no descuidar ningún aspecto, los promotores del banco de alimentos consultaron con responsables de proyectos similares de Buenos Aires, La Plata, Tandil, Santiago del Estero y Buenos Aires.
La directora ejecutiva de la fundación, Paula De la Motta, viajó a los EE.UU. para capacitarse en los bancos de alimentos de Miami. "La idea es combatir el hambre desarrollando la logística para el almacenamiento, transporte y distribución de alimentos que no son aptos para la venta pero sí para el consumo", dijo De la Motta a LA NACION.
De algo estaban muy seguros al comenzar: impedir que continuaran perdiéndose miles de kilos de alimentos que se convertían en desperdicios por simples roturas de envases o una deficiente conservación. Quienes abastecen al banco son productores primarios de frutas y verduras, industriales, distribuidores y comerciantes de alimentos procesados que disponen diariamente de partidas no aptas para la venta al público.
A ellos se integró un frigorífico para garantizar la conservación. "Queríamos dar tranquilidad para que los alimentos lleguen a destino en buen estado y puedan ser consumidos sin riesgos", dijo Osvaldo Brennan, tesorero de la fundación, que destacó la colaboración de trabajadores encargados de controlar la higiene y condiciones de aptitud bromatológica.
Comenzaron por combatir el hambre como urgencia social, pero sostuvo que se proponen llevar adelante proyectos sustentables en barrios que se encuentran en situación de pobreza.
"Acordamos con el Ministerio de Desarrollo Social y Salud focalizar la ayuda a niños de hasta 4 años, que son los más desprotegidos", concluyó.






