
Las autoridades del tiempo deciden que los relojes atómicos y los astronómicos vayan cada uno por su lado
A partir del año que viene dejará de ajustarse el segundo bisiesto. El desajuste entre los relojes atómicos y la rotación irregular de la Tierra se solventará cuando la diferencia se acerque a una hora dentro de varios siglos
6 minutos de lectura'

MADRID.- Por más que lo digan las matemáticas, el día no dura 86.400 segundos. La rotación terrestre no es tan regular. Y eso provoca un desajuste entre el segundo marcado por los astros y el medido por los relojes atómicos, el estándar oficial. Desde el siglo pasado, para equilibrar la ecuación, se introducía un segundo de más, llamado intercalar, cada cierto tiempo. Ahora, la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM, por sus siglas en francés) decidió despedirse del segundo intercalar. Desde el año que viene, dejarán que la diferencia entre el tiempo universal (UT1, el astronómico) y el Tiempo Universal Coordinado (UTC, por sus siglas en inglés) crezca libremente. Serán las generaciones futuras, cuando esta diferencia se acerque a una hora, las que tengan que resolver el problema. La Oficina, reunida en Versalles, aprobó este jueves adelantar ocho años el fin de estos ajustes, previsto inicialmente para 2035, ante los riesgos que representan para los sistemas de sincronización horaria y la rápida evolución tecnológica.
Durante siglos, se mantuvo la ilusión de la duración regular de años y días, aunque los astrónomos y otros científicos fueron descubriendo que no era verdad. La Tierra no es una auténtica esfera; está compuesta de sólidos y líquidos tanto en su interior como en la superficie; su núcleo y sus capas externas tienen velocidades diferentes. Además, están las mareas, la influencia de la Luna, los ciclos de glaciación y deshielo y, ahora, el cambio climático. Todo eso afecta la rotación del planeta y, por lo tanto, la duración real del día. No parecía un problema importante hasta que empezó a serlo. En 1967, con la llegada de los relojes atómicos, en el inicio de la era de la computación, se cambió la definición del segundo, desplazando a la astronómica. Desde entonces, un segundo equivale a los 9.192.631.770 ciclos de los átomos de cesio-133 de los relojes atómicos. Y el tiempo empezó a no coincidir.
Desde 1972, se introdujeron 27 segundos intercalares. El cuándo y el cómo fueron variables. Dado que la rotación del planeta no es regular, los segundos intercalares no son como los años bisiestos. Se agregan solo cuando el desajuste entre el tiempo astronómico (UT1) y el atómico (UTC) se acerca a 0,9 segundos. Además, no existe una norma que indique en qué momento del año incorporarlo. Se suele hacer en Año Nuevo o en junio. Pero mientras algunos lo agregan al último segundo de la última hora del año, otros prefieren incorporarlo como el primer segundo del año siguiente. Algunas empresas, como Amazon, suelen distribuir ese segundo en las últimas 24 horas del año.
“Durante este tiempo, los usuarios tuvieron que desarrollar distintas soluciones para gestionar el segundo intercalar, lo que generó una fragmentación innecesaria y riesgos para la fiabilidad, resiliencia e integridad de la sincronización horaria en infraestructuras críticas”, cuenta María Dolores del Campo, directora del Centro Español de Metrología (CEM), en un correo electrónico. Del Campo escribe desde París, donde encabeza la delegación española en la 28ª Conferencia General de Pesas y Medidas de la BIPM. España votó a favor de jubilar el segundo intercalar.
Como cuenta Del Campo, “en España nos preocupa especialmente el creciente uso del tiempo proporcionado por los sistemas GNSS como referencia”, en referencia a las distintas constelaciones de navegación por satélite: el GPS estadounidense, el Glonass ruso, el Beidou chino y el Galileo europeo. “La coexistencia de diferentes escalas temporales GNSS, con discrepancias de varios segundos respecto del UTC, puede provocar errores, fallas e ineficiencias en las telecomunicaciones y en otros sistemas que dependen de estas señales para su sincronización”, explica.
Porque un segundo de más o de menos importa. En junio de 2012, más de 400 vuelos de la compañía australiana Qantas tuvieron problemas tanto en la facturación como en los horarios por una incorporación desajustada del segundo intercalar. En 2016, varias páginas web y servicios de internet dejaron de funcionar durante hasta dos horas por el mismo problema. Desde entonces, no se agregaron más segundos intercalares. Al principio, porque no fue necesario. Desde 2022, porque se decidió postergarlo hasta 2035 y, mientras tanto, resolver si debía eliminarse. Lo que ahora decidieron es jubilarlo sin esperar. El adiós al segundo intercalar será oficial en 2027.
La decisión empezaba a ser urgente. Diferentes fenómenos, como la desaceleración del núcleo terrestre o el deshielo de las grandes masas de hielo continental, amenazan con volver aún más irregular la rotación terrestre. Los expertos no descartaban la necesidad de que, en algún momento, en lugar de sumar un segundo hubiera que restarlo. Si el segundo intercalar positivo introduce incertidumbre, uno negativo tendría consecuencias todavía difíciles de prever.
Sobre las consecuencias de jubilar el segundo intercalar, la principal razón para incorporarlo era mantener una correspondencia entre la hora de nuestros relojes y la posición de la Tierra respecto del Sol. “En astronomía, conocer con precisión la rotación de la Tierra es fundamental para realizar observaciones astronómicas, porque permite determinar correctamente la posición de los astros y orientar los telescopios hacia ellos”, recuerda Antonio Estarellas, del Real Instituto y Observatorio de la Armada (ROA), el organismo encargado de mantener los relojes atómicos y la hora oficial en España. “Sin embargo, este tipo de aplicaciones puede utilizar directamente el tiempo astronómico UT1, por lo que no necesita que UTC coincida exactamente con él”, aclara.
Desde 2027, ya no será necesario ajustar los relojes atómicos. “Estos seguirán funcionando de forma ininterrumpida y proporcionando una referencia temporal precisa y estable”, recuerda Estarellas. “Lo que cambiará será la tolerancia respecto del tiempo astronómico. Hasta ahora, la diferencia entre UTC y UT1 debía mantenerse por debajo de 0,9 segundos. La propuesta actual es ampliar considerablemente ese margen, permitiendo que UTC funcione de manera continua durante siglos”, añade.
Lo que se aprobó es que, desde el 20 de mayo del año que viene, se deje que la diferencia crezca hasta acercarse a una hora. “Esto significa que la diferencia entre el tiempo civil y el astronómico irá aumentando progresivamente, aunque no necesariamente a un ritmo constante, ya que la velocidad de rotación de la Tierra presenta variaciones difíciles de predecir a largo plazo”, concluye el experto del ROA. Harán falta siglos para que se acumulen esos 3600 segundos. Serán los humanos del futuro los que tengan que lidiar con el problema de una especie de hora bisiesta.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, S.L.U.
1- 2
Así funciona tu cerebro cuando mirás TikTok. ¿Perdimos la capacidad de concentrarnos? Esto es lo que dice la ciencia
3Brote de meningitis en Mendoza: qué es la bacteria Serratia marcescens, cómo se transmite y por qué es tan peligrosa
4Avanza un frente frío que provocará alertas por tormentas de gran intensidad, granizo, ráfagas y temperaturas cercanas a los 30°C: las zonas afectadas

