
Las defensas evitaron que Goya se inundara
El drama de las inundacionesEl trabajo de las dragas ayudó a detener el avance del río
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GOYA, Corrientes.- Esta ciudad no se está hundiendo, aunque cuando se la mira desde el río cuesta creerlo.
Las calles, las casas, más abajo, parecen enanas, recortadas por la línea que marcan el agua del Paraná y las defensas. La verdad es que ésta no es ni una ciudad a la que la tierra intenta tragarse ni un caserío de cuentos habitado por gnomos.
Es una población construida en una depresión, a merced del enorme río, que amenaza con borrarla del mapa, sin lograrlo.
Hoy, un murallón de bolsas de arena apiladas rodea la ciudad, protegiéndola de la crecida que, finalmente , no fue tan grave como se temía.
Sentados sobre las defensas, unos chicos observan el río; ese río al que temen y respetan es el mismo que los alimenta.
Entre todos
Dos dragas de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables trabajan incansablemente, las 24 horas.
Extraen arena del fondo del río y la depositan en las costas para aumentar su altura.
También, manos de grandes y chicos se conjugan para formar un engranaje perfecto: todos colaboran para llenar las bolsas con la arena que las dragas sacan del río, y que expulsan a través de una cañería hacia la costa.
Hombres y máquinas suman esfuerzos para defender a la ciudad. Todos tras el mismo objetivo, detener el agua.
En esta ciudad, la segunda en importancia después de la capital provincial, más de la mitad del casco urbano estuvo hasta hace poco tiempo inundado, pero los días de sol y las bombas extractoras ayudaron a mejorar la situación.
Entretanto, nadie se confía demasiado. En las calles donde el agua alcanzó más de 50 centímetros, los vecinos no se resignan a sacar las pilas de bolsas de arena frente a sus puertas.
"Nosotros creemos que lo peor ya pasó -explica Leonor Rodríguez, escoba en mano, limpiando la vereda de su casa-, pero si usted se fija allá, el río está más alto que la ciudad, y si ceden las defensas todo va a quedar bajo el agua."
En El Puerto, como llaman aquí a la zona ribereña, cientos de humildes viviendas están inundadas, pero muchos de sus habitantes se rehúsan a abandonarlas por miedo a los saqueos, aunque cada vez es menos lo que pueden rescatar del agua.
Una gran aspiradora
En la draga la actividad es constante. Una dotación de 18 personas trabaja las 24 horas, en turnos rotativos.
Por afuera parece sólo un barco, pero por dentro es una gran máquina, que actúa como una inmensa aspiradora.
La draga absorbe aproximadamente 12.000 metros cúbicos de agua y arena por hora, y los lleva hasta la costa por grandes cañerías flotantes.
Allí los expulsa con fuerza a través de un cisne -un caño con la boca hacia arriba- que lo va depositando en la ribera.
Después de algunas horas, el agua se escurre y el arduo trabajo da como resultado una gran montaña de arena.
En situaciones normales, la función de las dragas es limpiar las rutas de navegación y los puntos críticos donde se acumula arena, en el lecho del río.
Hoy, a raíz de la emergencia, la tripulación se trasladó hasta aquí y realiza una tarea para la que la draga no está preparada.
"Había que venir", afirman los trabajadores, en un descanso, lejos del ruido ensordecedor de los inmensos motores que dan energía a la embarcación.
Antes de las dragas pasaron por el riacho Goya las lanchas hidrográficas, que analizaron el fondo e indicaron de dónde se podía sacar la arena para fortalecer las defensas. Hasta ahora, se levantaron 500 metros de defensas de 4 metros de alto. Como el nivel del agua es bastante superior al de la costa, sólo las defensas evitan que el Paraná inunde la ciudad.
Desde el 23 de abril, las dragas comenzaron a funcionar, tras el pedido que hizo el intendente de Goya, Víctor Ballestra, a la Subsecretaría de Puertos.
Seguir la lucha
Aquel era el momento más crítico. El río crecía sin parar y las lluvias constantes lo complicaban todo. Ahora, algunas de las dragas se trasladarán a Resistencia para seguir peleándole a la crecida.
Hoy, la principal preocupación de las autoridades municipales es cómo abastecer los comedores en los que se alimenta buena parte de la población, que ha quedado sin trabajo a raíz de la inundación.
"La mayoría de la gente recurre a los centros comunales para comer al menos una vez al día", afirma el secretario del gobierno local, Jorge Scheller.
Hoy, bajo un sol radiante, Goya respira aliviada.
El río está contenido, por ahora, y aunque los pronósticos ensombrecen las caras con la promesa de nuevas lluvias, los goyanos van de a poco abandonando las tareas que los convirtieron en parte de una cadena humana para salvar a su ciudad y regresan a la apacible cotidianidad.
Hasta la próxima vez.




