
Las opiniones son disímiles
Prudencia: integrantes del grupo al que pertenecía Borgione dijeron que lo sucedido no afecta al movimiento.
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Dispares opiniones se recogieron entre miembros del Movimiento Carismático de la Iglesia Católica en relación con la detención de un sacerdote sospechado de falso testimonio en el caso del crimen del padre Mario Borgione. Mientras para el padre Romero, asesor diocesano para la renovación carismática de Buenos Aires, "los confusos episodios no afectan al movimiento", para Juan Antonio Hernando, asesor del equipo coordinador arquidiocesano del mismo sector, la presunta homosexualidad del cura asesinado "dañaría a los carismáticos, a la Iglesia y a nuestra conciencia de persona".
Su hipótesis es la siguiente: "La renovación carismática tiene múltiples formas de vinculación. Están los simpatizantes, los activistas y los directivos. Cuanto más profunda es la vinculación y más prestigio se tiene dentro del movimiento, cualquier acción negativa repercute con mayor intensidad". En diálogo con La Nacion, el sacerdote que trabaja en la parroquia Santa Isabel de Hungría se mostró sorprendido por la posibilidad de que Borgione tuviera conductas desviadas.
Para Romero, en cambio, que una persona tenga un problema de esa magnitud no afecta a la Iglesia ni tampoco al movimiento. "En la historia de la Iglesia ha habido toda clase de errores; la gente es inteligente y se da cuenta de que alguno puede tener una debilidad." Romero explicó que el movimiento carismático existe en la Argentina desde hace 25 años y esta sería la "primera vez que se critica a algún miembro". De todas modos aclaró que quienes "conocimos a Borgione sabemos que fue una persona sencilla y de buen corazón. Nunca supimos de algún problema íntimo que pudiera tener".
En esta misma línea opinó Gabriel Celio, sacristán de la Iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen. "Creo que Mario es el primer mártir de los carismáticos". Conmocionado por lo sucedido, consideró que si se confirma la hipótesis de que se estaría frente a un crimen pasional, "por supuesto que no le haría nada bien a la Iglesia".
Como los primeros cristianos
Progresistas: con misas más participativas y la particularidad de imponer las manos para curar, el movimiento carismático es cuestionado por la Iglesia tradicional.
Surgido en los Estados Unidos a poco de finalizar la década de los sesenta, el Movimiento de Renovación Carismática de la Iglesia Católica congrega hoy a unos 90 millones de fieles en más de 150 países de todo el mundo.
Se calcula que este grupo progresista que a través de publicitar "sanaciones" revolucionó las tradiciones eclesiásticas con el aval del papa Paulo VI. Los carismáticos tienen en la Argentina unos 300.000 seguidores.
Estas celebraciones "distintas" tienen características muy especiales: una gran participación de los fieles, que cantan, bailan, se toman de las manos y hasta lloran.
Con gestos elocuentes y plegarias pronunciadas de viva voz, el sacerdote católico a cargo de la homilía suele dialogar con los fieles durante el sermón, una práctica que la Iglesia tradicional no comparte.
Alegría participativa, gran entusiasmo y obediencia a las decisiones de la Santa Sede son los argumentos de los sacerdotes carismáticos.
Sanadores, punto de discordia
Pero la resistencia del sector más conservador de la Iglesia Católica apunta a la cuestión de los "curas sanadores". Tanto que desde el Vaticano se pidió, en reiteradas oportunidades, "prudencia" ante el fenómeno carismático, aunque no lo descalifica. "Es Dios el que cura, a través del Espíritu Santo y de la oración. Los sacerdotes somos el medio para lograr las curaciones", dijo a La Nacion el padre Inocencio Iacobellis.
El religioso considera que el movimiento es comparable con las primeras comunidades de cristianos. "Ser carismático es una gran exigencia tanto para los sacerdotes como para los laicos: gran entrega y sencillez exterior y, fundamentalmente, de espíritu", sostuvo.
Vivir los dones del Espíritu Santo en oración constante, en voz alta y espontánea, al igual que el estudio profundo de la Biblia son otros de los puntos sobre los que se basa este movimiento católico.
Líder controvertido
Uno de los líderes mundiales del grupo es el colombiano Darío Betancourt, que coincidentemente se encuentra en nuestro país y que hoy, por la mañana, presidirá una celebración en Rodó 4200. Tan controvertido como popular -las misas debe oficiarlas en estadios abiertos debido a la gran concurrencia-, Betancourt no dudó en declarar públicamente que estaba en favor de instaurar la pena de muerte para los narcotraficantes.
Como ejemplo, vale citar la celebración que en 1994 ofreció en el estadio de Vélez Sarsfield, ante casi 50.000 personas.
Con menor cantidad de público pero con la misma filosofía, los líderes vernáculos convocan cada sábado o domingo en las parroquias carismáticas a cientos de fieles. Cuando se trata de celebraciones excepcionales, se congregan en estadios donde suelen superar con facilidad los 7000 seguidores.
Pero los sectores conservadores dicen que los carismáticos se evaden de la realidad y que no tienen un compromiso real con la comunidad.
Ante eso, el padre Iacobellis contraataca con munición gruesa: "No vivimos en la Luna. Levantamos las manos para rezar y cantar, pero después las ponemos en nuestros bolsillos para sacar dinero y ayudar a los más necesitados".
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