
Los amantes del Escarabajo prometen que jamás se detendrá
El "auto del pueblo" fue creado en Alemania hace 64 años
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Dicen sus entusiastas que jamás se detendrá; que nunca dejará de rodar aunque en la fábrica ya le dijeron adiós. Es que por más que la línea de montaje haya dejado de funcionar, alguien, en cualquier lugar del mundo, arrancará un Volkswagen y le seguirá dando marcha a una historia de 64 años.
El querido "Escarabajo" se dejará de fabricar pero jamás perderá su espacio de más de medio siglo asombrando al mundo, sobreviviendo a una guerra y desparramándose por casi todos los países de la tierra, dominando todos los terrenos, todos los climas.
Porque eso fue y es el "auto del pueblo" (la traducción al español del modelo), una máquina pensada para todo y para todos. Comenzó a gestarse allí por 1939, cuando el gobierno alemán, por orden de Adolf Hitler, pidió al austríaco Ferdinand Porsche y a su genio, un vehículo que pudiera moverse a 100 kilómetros por hora, que no gastara más de siete litros para recorrer esa distancia y que pudiera llevar a una familia tipo.
Así, de la fábrica de Wolfsburg salía el primero de los más de 22 millones de Escarabajos que se repartieron por el mundo. Refrigerado por aire, con un costo de 990 marcos alemanes -el valor de una motoneta- y con capacidad para flotar en el agua, el Volkswagen se hizo conocer pronto por su primer y característico anuncio: "El aire no se congela, ni hierve".
Pero, al auto del pueblo también le llegó la guerra y sus nuevos conductores fueron soldados. Sus 980 centímetros cúbicos, que entregaban una potencia de 95 caballos de fuerza, pasaron a empujar entonces a vehículos como el Kübelwagen -una suerte de jeep- y el Schwimmwagen -un anfibio cuatro por cuatro- que no eran otra cosa que Escarabajos camuflados bajo otras carrocerías.
La guerra terminó y la fábrica KDF con su galpón de más de tres kilómetros de largo quedó casi destruida, pero el Köfer, escarabajo en alemán, siguió rodando y asombrando al mundo, como un grupo de fanáticos lo hizo en Buenos Aires anteayer cuando salió a desandar calles y avenidas mostrando sus preciadas reliquias con forma de escarabajos.
Para ellos, no fue una despedida, para ellos, la historia continúa y desde su Argentina Volkswagen Club se sumaron a una larga caravana de homenajes que ya se reparten por varios países. Sólo basta pensar que si los taxistas mexicanos colocaran sus autos en fila la longitud se tornaría interminable.
Más de 30 fanáticos hicieron sonar sus bocinas al tiempo que eran saludados por el resto de los automovilistas, quienes de a poco se iban enterando que, desde hace cuatro días, el Volkswagen ya no se fabrica.
Fernando Pisano, presidente del Club, era quien más aportaba datos en una reunión que, tras la marcha, se desarrolló en los bosques de Palermo junto al Escarabajo amarillo de Ana María Patten de Naab. Todos contaban historias, traían anécdotas y recuerdos.
Como que Pedro Delgado había unido en auto Tierra del Fuego con Alaska y que John Barr aún conserva andando el auto que trasladó a su madre al sanatorio para que él que naciera. "Yo floté con mi auto en Panamericana y Márquez durante la inundación de hace cuatro años", aseguraba Gastón Araki.
Sin despedidas
"Al auto no lo despedimos porque para nosotros no se fue", enfatizaba Sandra Savio, mientras que Karin Langenmayr hablaba orgullosa por haberse quedado con la mejor herencia de su abuelo Curt Steegemann: un Volkswagen, claro está.
"El Escarabajo es un mito que no para de andar Se deja de fabricar, pero no desaparece, ni se va a un museo porque no es un auto para guardarlo sino de uso diario, para eso fue inventado", resaltaba Pisano mientras Oscar Landaburo aseguraba que "es el único auto de calle que circuló en la Antártida".
Y así, muchos más recuerdos, de esos que emocionan y no se acaban, igual que el Escarabajo, el "auto del pueblo" que aunque se deje de fabricar parece interminable.
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