
Los futbolistas cambiaron hábitos por miedo a convertirse en víctimas
La mayoría abandonó la exhibición pública de lujos y de vehículos ostentosos
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Es cierto que son múltiples los ámbitos sociales castigados por la creciente inseguridad, pero algunos de ellos la sufren con particular dureza. El mundo del fútbol es uno de los blancos predilectos de maniobras delictivas, y una serie persistente de hechos desgraciados redundó en una tendencia que se acentúa: sus protagonistas modifican hábitos para sentirse menos expuestos a padecerlos.
El secuestro de familiares de jugadores suma casos notorios; hoy, Leonardo Astrada, volante de River Plate que acaba de retirarse, lo sufre en carne propia: su padre no aparece desde el 26 de junio último. Similar indeseable experiencia ya había sido vivida por otros, como los hermanos Gabriel y Diego Milito -de Independiente y Racing, respectivamente-; Víctor Zapata, también de River, y Juan Román Riquelme, a quien el secuestro de su hermano Cristian le hizo decidir arreglar a las apuradas su partida de Boca con destino a Barcelona, de España.
A la luz de esos casos, el temor se extendió entre los futbolistas y sus costumbres empezaron a cambiar.
Aún se recuerda el despliegue que encontró en los medios lo que ocurrió el año último con Eduardo Coudet. El volante de River decidió marcharse a España -pasó a Celta, de Vigo- en medio de un gran momento profesional. Hizo público sin rodeos el móvil de su determinación: la inseguridad. Ya había mostrado su preocupación cuando, de ir a los entrenamientos en autos importados, pasó a moverse en un modesto Fiat 147.
Pero su caso fue paradójico, porque tiempo después regresó a River y a sus anteriores gustos, como si hubiera superado aquella inquietud: apareció en una práctica al comando de un Lotus. En una penosa coincidencia, a la salida del entrenamiento, su acompañante en el auto era su amigo Astrada, que dos días después sufriría el rapto de su padre, Rubén.
En cuanto a otro volante riverplatense, Zapata, el mal trance vivido cuando secuestraron a su hermano Germán desembocó en una decisión tajante de sus padres: dejar la casa que habitaban en la zona norte del Gran Buenos Aires e irse a vivir a La Pampa. Ahora están más tranquilos.
Lejos de los autos caros
La de dejar a un lado los vehículos caros es una de las costumbres más extendidas por la falta de seguridad. En Boca son varios los que abandonaron sus camionetas 4 x 4 como medio para concurrir a los entrenamientos. Algunos no lo hicieron y sufrieron consecuencias: es el caso del delantero Alfredo Moreno, secuestrado hace dos semanas cuando salía junto con su novia de su casa, en La Boca, en un Audi 3, y liberado poco después providencialmente, ya que los captores lo abandonaron al toparse con un control de la Gendarmería en Valentín Alsina.
Américo Gallego, técnico de Independiente hasta fines de abril último, llamaba la atención con el nada ostentoso Ford Ka con el que se movía en público. Pero su temor iba más allá: para él, el camino cotidiano hacia el lugar de las prácticas -el predio del club en Villa Dominico- era poco menos que un calvario.
"Cada vez que paso por el puente que está acá nomás siento que me va a pasar algo", solía repetir. Gallego, incluso, había decidido irse del país a fines del año último, cansado de la falta de seguridad. Los compromisos con el club hicieron que luego no concretase esa intención.
A su colega Daniel Córdoba sí le pasó algo: sufrió un secuestro exprés y fue liberado luego de que los dirigentes de Lanús, club en el que trabajaba, pagaron 3000 pesos.
Sabedores de la gravedad del problema, quienes conducen a Racing toman recaudos: en los lugares en los que trabaja el plantel nunca falta custodia contratada. Uno de sus jugadores, el colombiano Gerardo Bedoya, vivió hace tiempo una situación desagradable: un remisero lo paseó de tal manera que nunca más recurrió a ese servicio.
Otro futbolista de la Academia adoptó una estrategia especial: usar cada día uno de los tres autos que posee para ir a los entrenamientos.
San Lorenzo, por su parte, cambió, hace un par de años, el lugar de ingreso a las prácticas: antes se lo hacía por la avenida Perito Moreno -una zona peligrosa-, y ahora, por la calle Varela.
Hay otras costumbres que ganan adeptos. Al hacer notas con la prensa, los jugadores suelen apartarse de sus autos, para evitar que sean fotografiados. También son reticentes a que en las notas periodísticas aparezcan sus familiares.
Además, suelen solicitar a los medios que no den a conocer sus ingresos por sueldos y premios, para no tentar a potenciales delincuentes. Incluso, quienes actúan en el exterior y por estos días pasan sus vacaciones en nuestro país llegaron advertidos: hay quienes, por caso, no quieren dar notas para que no se sepa de su presencia entre nosotros.
Pero también hay paradojas. A Jorge Cervera, de Banfield, ser conocido le sirvió. En septiembre último fue secuestrado, pero al reconocerlo sus captores lo liberaron rápido: al jugador sólo le "costó" 4000 pesos y una camiseta de su equipo.
Los secuestros alrededor del mundo del fútbol
Leonardo Astrada
- Su padre, Rubén, está secuestrado desde el 26 de junio último. El jugador, en persona, negocia con los captores, que piden US$ 800.000.
Juan Román Riquelme
- Presionó a los directivos de Boca para ser transferido al Barcelona, de España, tras el secuestro de su hermano Cristian, en abril de 2002.
Gabriel Milito
- Jorge Milito, el padre de Gabriel, de Independiente, y Diego, de Racing Club, fue raptado en agosto del año último .
Víctor Zapata
- Germán, hermano del volante de River, estuvo 17 días cautivo muy cerca de su casa, en San Martín, el 27 de diciembre último.
Jorge Cervera
- Sufrió un secuestro exprés en septiembre último. Tras reconocerlo, sus captores lo liberaron; el pago: $ 4000 y una camiseta de Banfield.
Eduardo Coudet
- Hace un año se fue de River al Celta, de España, motivado por la inseguridad. Por miedo, se movilizaba en un modesto Fiat 147.
Gerardo Bedoya
- Al defensor colombiano de Racing un remisero lo sometió a un sospechoso "paseo": nunca más recurrió a ese tipo de servicio.
Américo Gallego
- Temía que "algo" podía pasarle cada vez que iba a Villa Dominico a entrenar a Independiente. Dijo que se iría del país, pero no lo hizo.





