
Los gauchos que mantienen viva la tradición en el Sur
Se preocupan por difundir nuestras raíces
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Cuando hace un par de meses la nieve cubrió de blanco el verde campo, allí estaban los gauchos para desenterrar a un cordero debajo del hielo o efectuar un rescate a caballo.
Cuando en el verano el fuego quiso llevárselo todo, allí estaban los gauchos alejando la hacienda de las llamas o tractoreando para hacer un contrafuego. En cada caso no importó de quién fuera el campo, de quién fueran los bienes.
Y hoy, en Bariloche, la ciudad del esquí, de la pesca deportiva, de la noche estudiantil y de la fiesta de las colectividades, el movimiento gaucho sale al rescate de las tradiciones con una convocatoria inesperada, en un ámbito que por momentos parecería extraño a esto de cultivar las costumbres. Aunque no debería serlo, porque buscando en el pasado bien se podría hablar de gauchos en tierras mapuches.
Y entre tantas casas de té suizas, hosterías de estilo alpino, tiendas con marcas de ropa importada y camionetas cuatro por cuatro, el último 10 de noviembre, 480 montados, integrantes de todos los centros tradicionalistas pertenecientes a la Línea Sur pasaron por las calles despertando la admiración de los extranjeros y recordando a sus conciudadanos que allí también había gauchos, con el veterano don Manuel Luengo como abanderado y doscientas parejas que deleitaron a todos cuando bailaron el pericón nacional.
Una imagen de siempre
Pero estos hombres no se ponen el traje de gaucho sólo para una ocasión; es común verlos, como los encontró el cronista, reunidos en la Asociación Tradicionalista Los Cerrillos, casi en el centro de Bariloche, frente al lago Nahuel Huapi, hablando de las cosas nuestras, impulsando la cultura y transmitiendo la historia a la mayor cantidad de chicos que sea posible.
Hace unos días, alrededor de un asado criollo, Belisario Painefil -descendiente de mapuches e integrante de la agrupación El Rebenque- recitaba improvisando. Lo acompañaban Lalo Maciel, Virgilio Bustamante, Horacio Barrera, Juan Ñancufil -en mapuche, "águila celeste"-, don Ernesto Alfonso Flores, Juan José Segura y la guitarra del Chango José Ismael Linares. Mientras, María de las Nieves Vera se animaba a bailar cuando sonaba una zamba o alguna chacarera.
Nombres de hombres que pelean por lo suyo y de los que no olvidan. Lalo Maciel, vicepresidente de Los Cerrillos comentaba: "No contamos con los medios ideales. Aquí en Bariloche se difunden la música y la cultura foránea y nosotros tratamos de promover la actividad en familia, de ir con nuestras costumbres a las casas donde hay chicos e interesarlos por medio de la danza".
Después que habló Maciel, unas chicas se quedaron escuchando atentamente lo que decía Painefil, todo un líder: "Aquí el movimiento no se perdió; lo que pasa es que se les da más importancia a las colectividades europeas que a nosotros. Por eso, siempre estamos a la orden de quien guste mandar, a entera disposición, porque es la única forma de que sepan de nuestras raíces".
También lo bueno
De todos modos, estos cultores de la tradición campera reconocen lo bueno que Bariloche también les otorga. "Con nuestra presencia, estamos pagando muchas cosas que la ciudad nos brinda, como la propalación de la Radio Nacional, que con su servicio de asistencia a la comunidad rural permite resolver problemas de gente que se encuentra muy aislada en grandes extensiones de campo. Es tan importante el servicio que a veces, como no hay mucha plata para comprar pilas para la radio, sólo la encendemos en los horarios de esas noticias o, mejor dicho, a la hora de los pedidos para la gente necesitada".
La vocación de servicio de estos hombres es lo que primero que se impone en estas tierras de hielo, piedra, coirones, lagos y montañas. Ellos retribuyen con su solidaridad en incendios o nevazones, pero no olvidan que cada mañana, después de haber ajustado el recado de bastos a su montado para tranquear el campo, aún faltan recorrer otros caminos que unen el pasado con el presente y en los que se desanda la huella de la transmisión de la cultura, esa forma tan peculiar de ser, de sentir, de pensar y de expresarse de un pueblo.
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