
Los problemas de firmar sin leer
Por Ana María Luro
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¿Ofertas tentadoras?
De esto conocemos bien los consumidores: de diversidad de ofertas que se muestran tentadoras ante los ojos del público.
Los ejemplos que pueden citarse son varios: los teléfonos celulares, todo gratuito sólo con una firma... Pero para mayor seguridad la empresa solicita el número de la tarjeta de crédito y... ya comenzaron a sumar las cuentas que, al poco tiempo, hay que pagar.
Otra oferta atractiva es la de los tiempos compartidos ¿Quién no se siente tentado de poder contar con un lugar paradisíaco, sin problemas, con todo organizado...? Pero, más de una vez, la realidad es otra: no aceptan la fecha que proponemos, el lugar no responde a las maravillas ofrecidas.
También en este caso las cuentas llegan y nos encontramos atados con un contrato que lamentablemente ya hemos firmado y es muy difícil deshacer.
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Igualmente abusivos pueden ser los contratos para cursos de computación o de idioma. Se nos presenta una simple solicitud que firmado al pie de la página es un pagaré. Si no queremos seguir adelante, el pagaré se ha ido por su cuenta, se ha desvinculado completamente de la empresa y no hay modo de recuperarlo sino es pagando.
Las promociones que realizan marcas conocidas; por ejemplo, se publicita un ambo a 100 pesos, pero cuando el consumidor va a comprarlo a más tardar al día siguiente, ya se agotó el stock e insisten en que compremos otro con un precio superior.
Tanto en la prensa gráfica, como en TV, las ofertas nos llenan de sorpresas. Comestibles a bajísimos precios: si no se llega casi al momento en que los anuncian, se encuentra que la oferta de 2 pesos se ha agotado y sólo quedan otros a 3,50 pesos.
Y qué nos resta por decir de la invasión de productos mágicos para bajar de peso a la que estamos expuestos. Sólo un simple masaje con una crema especial y en pocos minutos obtendremos reducciones notables en la cintura o en el contorno de la pierna.
Los productos milagrosos y sus efectos increíbles se siguen anunciando, pese a la existencia de una resolución de la Anmat que prohíbe en casos específicos su promoción. Menos se entiende cómo alguien puede creer en ellos.
Los premios ofrecidos en diversas promociones también son una materia discutible: una motocicleta, cuya aparencia es verdadera, resultó ser una miniatura de bastante mala confección.
El argumento de defensa de la empresa fue que esa promoción era sólo válida para la provincia de Córdoba y que, por lo tanto, el niño que la había ganado en Buenos Aires no tenía derecho al premio ofrecido.
Como puede verse, no hay que firmar nada sin estar seguro. Siempre es mejor consultar, para ello hay dónde hacerlo. Igual de importante es conocer la ley de defensa del consumidor, que en el sitio www.adelco.com.ar se puede encontrar completa, con ejemplos sencillos y prácticos, que seguramente evitarán a la gente muchos problemas.
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