
María del Luján Ortiz Alcántara
El fallecimiento
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No se borrará fácilmente de la memoria de sus muchos amigos la singular personalidad de María del Luján Ortiz Alcántara, fallecida en esta ciudad.
Su múltiple actividad la acercó a escritores, pintores y representantes del gran mundo porteño, ámbitos en los que descolló por auténticos méritos.
Fue la poesía su vocación más persistente, ejercida al conjuro de profundas emociones, en un lenguaje directo y melodioso, a menudo sujeto al orden de la métrica tradicional.
Si en sus primeros poemas predominan las seducciones del paisaje y las nostálgicas remembranzas familiares, en los de su madurez prevalecen reflexiones, casi siempre desencantadas, acerca de la vida, el destino, el tiempo y el final inexorable. A todas las envuelve un aire de melancolía.
Era muy joven cuando apareció su premonitorio "Amanece", al que le siguieron "Por donde cruza el viento" (1969), "La lluvia detrás del cristal" (1977) y "Los dos rostros" (1995). "Por donde cruza el viento" fue publicado en París, en edición bilingüe, con traducción de Paul Mourousy y prólogo de Jorge Luis Borges, y mereció el Grand Prix de Poésie du Midi-Chant, en 1983.
Eduardo Mallea dio a conocer poemas suyos en el Suplemento Literario de La Nación , del cual fue colaboradora durante cuatro décadas.
Como pintora, llevó a la tela casas y calles del Buenos Aires de ayer, a los que su pincel dio suave luminosidad. Becada por el Instituto de Cultura Hispánica, exhibió en Madrid parte de su obra pictórica y dio conferencias sobre figuras de nuestras artes plásticas.
Presidió el Centro Argentino del PEN Club Internacional, entidad de la que era asesora permanente. Ejerció además la docencia y llegó a desempeñarse como inspectora de enseñanza.
María del Luján, descendiente de nobles españoles, era mujer de avasallante personalidad, celosa de su independencia, firme en sus convicciones y temible en la polémica.
Era proverbial su elegancia. Sus amigos, a quienes, cuando era preciso, defendía resueltamente, buscaban su compañía y gozaban de su gracia, de su sentido del humor, de sus pintorescas anécdotas del mundillo social y de los recuerdos de sus muchos viajes, realzados con citas de versos románticos y de chispeantes letras de viejos tangos, aprendidas de sus hermanos varones.
Por debajo de esta veta mundana, sin embargo, se advertía en ella el empuje de un temperamento fuerte y estoico.
Los restos de María del Luján Ortiz Alcántara descansan en la bóveda familiar del cementerio de Olivos.



