Matan a un policía en un cruento asalto
También sufrieron heridas graves otros tres efectivos y dos civiles durante el golpe comando a un banco de Saavedra
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Como testigos mudos y paralizados por la conmoción, en la mañana de ayer los vecinos de Saavedra observaron ayer la escena de fuego cruzado que cuatro policías y ocho delincuentes desarrollaron frente a la sucursal del banco Credicoop, donde murió acribillado un policía y otros tres sufrieron graves heridas, al igual que dos transeúntes.
Otros, los desconcertados comerciantes de las adyacencias de Ricardo Balbín y Donado, sólo escucharon desde el interior de sus negocios "entre cincuenta y sesenta detonaciones" sin autores ni víctimas, tal como describieron a La Nación .
Pero cuando todo pasó, este rincón porteño ya no era el mismo: el alboroto por la salida de los alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, situado avenida mediante de la entidad financiera, había sido reemplazado por la crueldad del delito.
Un suboficial motorizado de la comisaría 49a. había sido asesinado de seis disparos, otros tres policías recibieron heridas graves y fueron internados en el Complejo Médico Policial Churruca-Visca. También dos jubiladas corrieron la misma suerte cuando cobraban sus haberes previsionales. Todos fueron baleados cuando los policías intentaron detener a un grupo armado con pistolas y fusiles que estaba asaltando el banco Credicoop.
Cadena de infortunios
El tiroteo comenzó a las 10.15, cuando el cabo Ernesto Ayala llegó en su motocicleta policial a la sede del Credicoop, en cumplimiento de tareas de seguridad bancaria.
Mientras cuatro individuos armados con fusiles FAL tomaban en ese momento el dinero de una de las cajas, tras haber ingresado en la sucursal sin ser advertidos por el suboficial Miguel Seltzer apostado en la puerta, otros tantos maleantes que esperaban en la vía pública para facilitar el escape abrieron fuego contra Ayala y Seltzer.
El cabo, de 26 años, apenas había alcanzado a bajarse de la motocicleta 3654 de la Policía Federal y acababa de dejar su casco sobre el manubrio; nunca percibió el acecho de los delincuentes ni logró desenfundar su arma, según explicaron fuentes de la comisaría 49a.
Atrapado por la ráfaga de proyectiles, que convirtió repentinamente la esquina de Balbín y Donado en un paisaje del Lejano Oriente, Ayala cayó muerto con dos tiros en la cabeza, dos en el rostro, otro en una pierna y el sexto en un brazo.
El suboficial Seltzer también fue alcanzado por los proyectiles disparados por el grupo de apoyo que, de acuerdo con el relato de los testigos, permanecieron estacionados en dos Volkswagen Gol en los que huyeron.
Por su parte, el custodio de guardia dentro del castillete blindado en el interior del banco ya había puesto en funcionamiento la alarma conectada con el Departamento Central de Policía.
Salida precipitada
Al notar los movimientos y el tiroteo externos, los cuatro asaltantes se vieron forzados a interrumpir el robo. Tomaron como rehén a Esther Bayo, de 78 años, y apoyaron una pistola en la cabeza de la mujer mientras abandonaban el banco.
En ese momento, los dos agentes de la comisaría 49a. que circulaban por la zona por la calle Donado, a la altura de Balbín, se sumaron a la represión de los maleantes. Estos ya emprendían su retirada entre las cápsulas y la sangre de las víctimas, que alcanzaron veredas, árboles y vehículos cercanos.
Para repeler la presencia policial, los delincuentes apuntaron contra el móvil y dispararon con precisión. Cuatro balas atravesaron el parabrisas para herir de gravedad al cabo José Ortigoza, de 25 años, que conducía el patrullero, y al subinspector Walter Ostatovichz, de 28, que viajaba como copiloto.
En el tiroteo, otro disparo atravesó el cuello de Bayo y una bala se alojó en el hombro de Juana Ramos. La primera debió ser internada en el hospital Tornú, en tanto Ramos fue atendida en el Pirovano.
Al cierre de esta edición, los policías heridos permanecían con pronósticos reservados. Igual calificación merecía la salud de las mujeres.
De los delincuentes, en cambio, no se tenían noticias. Se dieron a la fuga rápidamente de la escena del crimen en los Volkswagen Gol.
La posibilidad de identificarlos reside en el video grabado dentro del Credicoop, secuestrado por el juez Héctor Yrimia, donde aparecen los rostros de cuatro de ellos.
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