
Mujeres con cáncer que se ayudan unas a otras
Ellas aseguran que "verse bien es sentirse mejor". Por eso, una cosmetóloga las visita una vez al mes y las ayuda a estar bien. Pero también por eso asisten a este grupo, donde se sienten contenidas, escuchadas y comprendidas.
Ese parece ser el secreto para estas mujeres con cáncer. Escucharse, compartir esperanzas y penas, estar rodeadas de gente que atraviesa los mismos problemas hace que el miedo sea más fácil de vencer.
Hace cuatro años, la psicoterapeuta Eloísa Abelló creó este grupo gratuito de reflexión y autoayuda para pacientes oncológicos, que ahora coordina junto con su hija Laura Conte.
Desde entonces, cada jueves, de 12 a 14, unas veinte mujeres de 26 años en adelante se reúnen en la sede del Centro de Estudios, Radiología e Investigaciones Mamarias (Cerim), en Azcuénaga 970, de esta ciudad. Y aunque por el momento no hay ningún hombre, el grupo está abierto para ellos y para los familiares de estas mujeres.
Según la especialista, el cambio de actitud frente a la enfermedad es clave: "Cáncer no es sinónimo de muerte. La aceptación de la enfermedad es una nueva oportunidad para vivir de otra manera".
Por ejemplo, a Ana María Capristo, la cosmetóloga del grupo, la enfermedad le cambió la vida. Terminó la secundaria, se recibió de cosmetóloga y empezó a trabajar. "Y acá estoy, para aportar mis conocimientos y mis experiencias. El haber tenido cáncer fue una prueba muy dura, pero también aprendí mucho", dijo.
Ella es la que enseña cómo superar las complicaciones que los tratamientos dejan en la piel de las pacientes. "A veces vienen tristes, pero puedo asegurar que se van con una sonrisa. Ellas se van contentas y yo, muy gratificada", confió Capristo.
Además de sentirse acompañadas, las mujeres aprenden a relajarse y están informadas de las novedades científicas sobre el cáncer.
Conocer las experiencias de los que ya pasaron por el mal trago es una forma de perderle el miedo a las cosas.
"Atiendo en mi consultorio a pacientes con cáncer y con SIDA y descubrí que trabajar en grupo les permitía armar una red solidaria que las sostiene. Darse cuenta de que hay otros que atraviesan la misma situación las ayuda mucho", contó Abelló (678-8021).
"Los grupos de autoayuda no son una terapia experimental, sino que demostraron que mejoran la calidad de vida. Ver que otro pasó por eso y está bien es de gran ayuda", agregó el doctor Daniel Lehrer, director del Cerim.
Deseos compartidos
La primera reunión del año coincidió con la llegada de Leonor (54) al grupo. "Me llevo una muy buena impresión. Aunque sabía del grupo, nunca venía porque creía que iba a escuchar pálidas que me iban a hacer mal, pero me llevé una sorpresa", explicó.
En ese encuentro, después de contar cómo habían pasado las fiestas, llegó el momento del collage: en una cartulina, cada una de las mujeres recortó, pegó y armó sus proyectos para el año que empezaba. "Después nos la llevamos y la ponemos en un lugar donde todos los días la vemos. Recordar lo que deseamos nos ayuda a concretar los proyectos", contó Estela.
Sentadas alrededor de una gran mesa ovalada, hojeaban revistas y diarios para recortar imágenes que expresaran sus anhelos. Palabras como salud, vida, sol, esperanza, amistad, se mezclaban con la fotografía de un bebe -que representaba el futuro nieto de Betty-, de paisajes u objetos, que poco a poco fueron poblando el lugar.
Después de conocer a este grupo de mujeres no parece descabellado afirmar que, a la inversa de su lema, se sienten bien. Y eso las hace verse mejor.




