
Murió el chico que se pegó un tiro en la sien
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El chico de 11 años que se disparó un tiro en la cabeza en su casa de Lomas de Zamora, aparentemente angustiado porque no haber realizado los deberes para el colegio, murió en la mañana de ayer en la sala de terapia intensiva del Hospital de Niños de La Plata, en la que permanecía con un respirador.
Según confirmó el jefe de ese área, Carlos Peltzer, la situación del niño, cuya identidad se mantuvo en reserva ya que se trataba de un menor de edad, era irreversible debido a los daños causados por la herida en la sien izquierda por un proyectil calibre 6,35, con orificio de salida.
El detonante del hecho habría sido, precisamente, la vuelta al colegio. "Papá, lo hice por no haber hecho los deberes y por tener una familia que no merezco. Los amo a todos", señaló en una carta a sus padres.
El chico se pegó el tiro con la pistola Bersa que su padre, un panadero de 45 años, guardaba en su domicilio de Molina Arrotea al 1400.
Los azorados vecinos comentaron que el padre del niño había comprado el arma para repeler a eventuales ladrones, pues su panadería había sido asaltada varias veces.
Asombro y dolor
Los profesores y alumnos del colegio Nuestra Señora de Luján de Lomas de Zamora, al que asistía el menor, vivieron ayer una jornada de abatimiento e incredulidad al confirmarse su muerte.
Asombrados por su decisión, sus compañeros lo describieron como un chico extrovertido, con capacidad de liderazgo, creativo -quería ser escritor- e inteligente, "un pibe divino" que jamás mostró síntomas de depresión.
La escuela pertenece a la parroquia que lleva el mismo nombre y acoge a 1400 alumnos, en su mayoría, becados. El padre Mario Aguirre, un religioso de 62 años, párroco desde hace 30, fue quien comunicó a los alumnos la noticia. "Les dije que rezaran por los papás. El está con Dios".
Sus compañeros de sexto grado negaron tener una sobrecarga de tareas. Reconocieron, eso sí, que no debía ser fácil para él cumplirlas, debido a la falta de tiempo. Aseguraron que el chico ayudaba a sus padres en la panadería, de lunes a sábado, de 19 a 24.
"El se hacía el desayuno y comía solo. Su familia tenía que trabajar", comentó uno de sus mejores amigos. Era reservado respecto de su vida personal."Se guardaba muchas cosas; se cortaba", añadió.
Liliana Lauría, su profesora de lengua y madre de otros dos alumnos, dijo: "Somos poco exigentes, incluso complacientes. No nos caracterizamos por ser implacables".
Sus amigos lo recordaron como alguien muy bromista, aficionado al fútbol y al voley. Fanático, además, de Boca Juniors , impulsaba a sus compañeros a que se sumaran a los cánticos de su equipo durante los recreos.
Entre risas, lo recordaron como "muy gastador", y dijeron que siempre tenía un piropo para las chicas. Su "enamorada", pecosa y tímida, recordó el día en que su padre fue a recogerla a la escuela. El cruzó la vereda para decirle "yo gusto de vos". Y ella, claro, se puso colorada.
Sin embargo, su ánimo fue decayendo durante las vacaciones de invierno. Al principio, jugaba al fútbol con su habitual vitalidad, pero amediados de la última semana dejó de salir de su casa. Los amigos fueron a verlo una y otra vez, pero él decía que "tenía que hacer las tareas".
Profundamente afectado, Osvaldo Lussoro, director del colegio, resaltó su liderazgo dentro del grupo:"Era libre:discutía, argumentaba, siempre con buenas razones". Lussoro mostró el expediente académico:todo satisfactorio.
A sus 11 años, escribía poesías, historias de suspenso y policiales. Liliana Lauría, su maestra de Lengua, dijo entre lágrimas: "Estoy partida por la mitad. El tenía mucha necesidad de afecto, como cualquier chico de su edad. Pero si se animaba, escribía cosas maravillosas", afirmó.
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