
Murió uno de los estudiantes por la explosión en Río Cuarto
La víctima, Juan Politano, había dicho que trabajaba en algo secreto y peligroso
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CORDOBA.- Juan Andrés Politano, de 22 años, la primera víctima fatal de las explosiones y el incendio en la Universidad Nacional de Río Cuarto, que murió ayer tras agonizar 22 horas, ya había advertido hacía dos meses a su padre sobre la alta peligrosidad del material químico que manipulaba en esa casa de estudios.
Otros cinco heridos permanecían ayer muy graves en la terapia intensiva del Instituto del Quemado de esta capital. Uno de ellos se debatía entre la vida y la muerte, con quemaduras en el 82% de su cuerpo y con las vías respiratorias seriamente afectadas. Otros dos, Diego Bonassa y Sebastián Murillo, con menor riesgo, están internados en el hospital de Río Cuarto.
El joven falleció ayer, a las 8.30, al sufrir un paro cardíaco. Presentaba quemaduras en el 95% de su cuerpo. Héctor Politano, padre de Juan, reveló ayer a LA NACION, mientras esperaba ansioso y dolido en las puertas del hospital que le entregaran el cadáver, que su hijo le había manifestado: "Es muy peligroso, es secreto, no podemos decir nada. Vamos a trabajar de noche porque es muy difícil, muy peligroso y, entonces, queremos que haya la menor cantidad de gente".
La definición confirma la denuncia que, a poco de la tragedia, formuló ante la prensa el investigador Deán Fernández, acerca de la peligrosidad del hexano que se almacenaba en tambores. Politano padre, profesor de matemática y director de un instituto secundario de la localidad de Jovita, comenzó así su relato: "Mi hijo me dijo hace dos meses, cuando empezó a trabajar en esto: «Viejo, me voy a meter en un equipo de investigación, me han invitado a participar; está lindo»".
Y agregó: "Juan era un estudiante de ingeniería química, ya había rendido su última materia, le faltaba el trabajo final y estaba trabajando en el laboratorio desde hace dos años con una de las profesoras que están internadas", explicó el padre de la víctima.
También dijo que su hijo le confió que estaban trabajando para una empresa de Rosario, de capitales belgas. El docente anticipó que no piensa formular una demanda judicial, pero indicó que quiere que la universidad le diga qué pasó. "Tengo mis dudas, si hubo negligencia, si las medidas de seguridad no estaban..."
Describió a su hijo como "un chico feliz, contento, chispeante. Era campeón olímpico en química y le gustaba el deporte". Junto al apesadumbrado padre, estaban también su esposa y sus otros dos hijos: Fabricio, estudiante de licenciatura en Química, y Mariano, alumno del nivel secundario.
El director del Instituto del Quemado, Carlos Simón, informó ayer que las cinco personas internadas (todas investigadores) estaban "en estado crítico".
Por Orlando Andrada
De la Corresponsalía Córdoba
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