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Neil de Grasse Tyson: “Ningún descubrimiento fue tan malo como cuentan los novelistas y muestran los cineastas en sus películas”

Nora Bär
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23 de marzo de 2015  

Se declara amante de la danza y el deporte. Y fan del malbec argentino. Neil De Grasse Tyson, mundialmente famoso por haber sido el presentador de la reedición de Cosmos: un viaje personal (la serie creada por Carl Sagan), no se ajusta a lo que uno esperaría de un científico ni de una celebridad. De risa fácil, desenvuelto, dueño de una amabilidad que sorprende, el director del Planetario Hayden de Nueva York se dispone al diálogo sin premuras: "Podemos seguir, tengo una hora", tranquiliza, cuando ya pasaron más de 45 minutos de charla.

Nacido en Manhattan, Tyson fue un científico precoz: a los nueve años se enamoró del cosmos después de una visita al mismo planetario que hoy dirige. Ya en la escuela secundaria, la Bronx High School of Science, fue jefe de redacción de la revista de física y también del equipo de lucha libre. Más tarde se graduaría de físico en Harvard y obtendría un doctorado en cosmología en la Universidad Columbia.

Asiduo participante de shows televisivos, conduce programas de radio y desarrolla una intensa tarea en la divulgación de la ciencia. Está casado con una doctora en física, tiene dos hijos y es un reconocido coleccionista de vinos. Su libro Orígenes (Paidós), acaba de publicarse en la Argentina.

–Usted suele contar que de chico sintió el llamado del cielo nocturno. ¿En esa época se veían aún las estrellas en Nueva York?

–Nooo... [se ríe con ganas]. Había contaminación lumínica y también atmosférica. Todas las casas quemaban sus residuos en el jardín. La primera vez que vi el cielo nocturno fue en el Planetario Hayden.

–¿Es decir que su vida está unida al planetario que hoy dirige?

–Cuando camino por los pasillos y veo a chicos que son de mi edad en la época en que lo visité por primera vez, siempre me pregunto: "¿Estoy haciendo lo correcto para ellos?" "Estoy creando el tipo de experiencia que otros educadores y científicos crearon para mí?" Esa es mi principal preocupación.

–En el secundario fue capitán del equipo de lucha libre. ¿Alguna vez pensó en dedicarse al deporte en vez de a la ciencia?

–Lo disfrutaba y era bueno. ¡Y no nos vencieron durante tres años! Me gustaba esforzarme para hacerlo bien. Era muy atlético, pero supe que quería estudiar el universo mucho antes de sentir interés por los deportes. Ahora también trato de mantenerme en forma... ¡pero es mucho más difícil!

–La ciencia, y los programas de radio y TV deben restarle mucho tiempo para eso...

–¡No... para nada! Justo fui al gimnasio esta mañana y estaba feliz de haber encontrado dos horas libres en la semana. ¡Antes me entrenaba dos o tres horas por día! Pero, claro, cuando estaba luchando no escribía libros.

–También le gustaba la danza e incluso la practica. Habilidades raras para la imagen habitual de un científico...

–Bueno, hay estereotipos de todas las profesiones, pero cuando uno conoce las sutilezas y los intereses de las personas, inmediatamente los estereotipos se desvanecen. Mi interés en la danza se presentó porque disfrutaba de tener gracia, me encantaba. Pero yo no extraño las cosas que hice en el pasado, extraño lo que quiero hacer en el futuro.

–Usted fue miembro de la comisión presidencial sobre política de la exploración en su país. ¿Cuál es su visión del futuro de la humanidad en el espacio?

–En realidad formé parte de dos comisiones, una sobre el futuro de la industria aeroespacial y la otra sobre el futuro de la NASA. Tratamos de concentrarnos en el largo plazo, algo que es difícil de comunicar, decirle a alguien que está preocupado por la salud o la economía que tendríamos que explorar el espacio. La NASA ahora sólo recibe el 1% del presupuesto de los Estados Unidos. Cuando fuimos a la Luna estaba en su nivel más alto: 4%. Hay quienes dicen: "¿Por qué gastamos dinero allí arriba si tenemos necesidades acá abajo?" ¿Creés que si ahorramos ese 4% vamos a resolver todos nuestros problemas en la Tierra? No… Para eso tenemos el otro 96%. [Por otro lado] la exploración espacial promueve el desarrollo tecnológico. Por ejemplo, mis padres nacieron en los años 20. Su radio era parte del mobiliario del living. Nadie en ese momento decía: "Ey, me gustaría andar con eso en el bolsillo". Cuando la NASA vio que costaba mucho llevar cosas al espacio, pensó que había que hacerlas tan pequeñas como fuera posible para que entraran en la bodega de los cohetes. Así que toda la industria electrónica empezó a miniaturizar y se dieron cuenta de que había un mercado para la pequeña electrónica. El impulso inicial para la miniaturización lo dieron las necesidades de la NASA.

–¿Ese tipo de exploración está reservada a los países más grandes?

–Los países pueden ascender y caer. Egipto estaba haciendo pirámides hace cinco mil años, pero se necesitó llegar a 1889 y a la torre Eiffel para que construyéramos algo tan alto. Que uno pueda hacer algo en un momento [de la historia] no quiere decir que lo hará para siempre. No tomo por garantizado que los Estados Unidos van a liderar al mundo en la exploración espacial. Brasil tiene la tercera industria aeroespacial del mundo. India lanzó una nave no tripulada a Marte. Uno no necesita saber hacer todo para participar. Cuando despliegan un satélite en el espacio, el brazo robótico que lo hace posible dice "Canadá". Canadá no construyó el lanzador, ni el módulo que se conecta con la estación espacial, sólo esta maravilla de la ingeniería que puede capturar satélites, traerlos a la estación, repararlos.

–Vemos películas y leemos libros que juegan con la idea de que los humanos podrán visitar otros sistemas estelares. ¿Lo cree posible algún día?

–Pensar que algo así está cerca es una ilusión. La Tierra trabaja para nosotros porque evolucionamos en este planeta. Marte es completamente diferente. Es hostil. Si usted va a Marte, no tiene oxígeno, no tiene agua, no hay plantas ni animales, no hay frutas o flores. De modo que si quiere ir a otro planeta tendrá que "terraformarlo", sembrar microbios y otras cosas que creen una atmósfera, y plantas para que sea similar a la Tierra y sostengan la vida. Así podríamos enviar a gente allí y seríamos una especie de dos planetas. Yo estaría a favor, pero no creo que suceda mientras esté vivo. Por ahora, no nos queda otra que las películas...

–Usted conoció a Carl Sagan cuando era un adolescente y él, una celebridad. ¿Cómo era en la vida real?

–Nos vimos cuatro veces. La más significativa para mí fue la primera. Me mandó una carta personal con su firma, incluso sin conocerme ni saber nada de mí. Me invitó a visitar la Universidad de Cornell. Fue generoso, me dio su tiempo, me mostró el laboratorio, el campus, me llevó hasta el colectivo. Me dio un libro autografiado. Yo pensé: he aquí una persona realmente famosa, que pasó todo este tiempo conmigo. Me dije que si alguna vez llegaba a ser tan famoso como él, reservaría tiempo para hablar con los estudiantes. Ahora tengo mis propios libros, y vienen a visitarme y pedirme consejo. Siempre me acuerdo de aquel primer encuentro con Carl Sagan.

–Hacer programas de TV y de radio le quita tiempo para escribir o hacer investigación. ¿Por qué lo hace? ¿Para inspirar a los jóvenes? ¿Para difundir el pensamiento científico entre el público?

–Mi objetivo no son los chicos, son los adultos. Ellos son los que manejan el mundo, controlan el dinero y los recursos. Muchos de los problemas que tenemos ocurren porque hay adultos que piensan que están alfabetizados científicamente y no lo están. Los adultos son maestros, directores de escuela y padres. Si uno tiene éxito con los adultos, los chicos después vienen gratis.

–¿Cuál es su opinión acerca de la cobertura de noticias científicas en los medios?

–Hace 20 años, la cobertura científica era escasa y siempre existía el peligro de que el periodista entendiera algo mal. Uno se ponía contento simplemente con que prestaran atención. Ahora hay canales enteros dedicados a transmitir temas científicos, sitios de Internet… Pero cuando hay tanta facilidad de acceso, una persona que surfea por la Web también llega fácilmente a sitios que no son ciencia o que son anticientíficos. Ése es el desafío: entrenar a las personas para reconocer lo verdadero y rechazar lo falso.

–La ciencia y la tecnología están avanzando tan vertiginosamente que muchos se sienten atemorizados por las innovaciones. ¿El futuro será mejor o peor?

–Primero: estamos viviendo más y mejor, y eso es gracias a la ciencia y la tecnología. Segundo: la preocupación por la ciencia podría haber tenido un comienzo muy puntual, la publicación del libro de Mary Shelley, Frankenstein. Antes, uno no encontraba el temor de que un descubrimiento científico pueda volverse en contra nuestro. Y la verdad es que ningún descubrimiento fue tan malo como los novelistas nos cuentan y los cineastas nos muestran en sus películas. No hay duda de que todo gran poder de la ciencia tiene un costado peligroso. Pero no estoy preocupado. Si uno descubre un nuevo poder, tiene control sobre él. Uno no prohíbe los cuchillos porque pueden matar. Aprende cómo no herir a nadie y sigue adelante. Cuentan que una vez le preguntaron a un gran escritor de ciencia ficción: "¿Por qué escribe esas historias tristes sobre nuestro futuro?" Y contestó: "Las escribo para que usted se asegure de que no sean nuestro futuro".

–En sus libros utiliza giros poéticos. ¿Cree que hay un vínculo entre ciencia y arte?

–Me parece que el vínculo entre ciencia y arte fue un tanto sobrevalorado. Sí hay que ser creativo para ambas. La diferencia es que los artistas pueden crear cualquier cosa que quieran. No tienen que rendir cuentas. Si Van Gogh no hubiera nacido, nadie nunca habría pintado La noche estrellada. Si Beethoven no hubiera nacido, la Quinta Sinfonía nunca hubiera sido compuesta. Pero si Einstein no hubiera nacido, igual hubiéramos descubierto la relatividad. Tal vez nos hubiera llevado un par de décadas más, hasta 50 años. Pero él descubrió algo que preexiste en la naturaleza. No inventa algo de nada. La ciencia debe responder ante la naturaleza; en cambio, el artista sólo responde a su creatividad. Ahora, me encanta el arte, tengo un hermano que es artista, tenemos arte en casa, y me gusta que el arte sea una parte fundamental de nuestra civilización. Uno podría tener un país sin arte, pero ¿le gustaría vivir en él? Mientras tanto, se necesita sanidad, transporte y todas las cosas que hace la ciencia. Son roles muy diferentes.

–Usted habló de estereotipos. No hace mucho se veía al científico como una suerte de talento inmaculado, pero ahora con frecuencia se revelan fraudes, errores, anuncios que después no se confirman. ¿Es la ciencia menos confiable que antes?

–No. La ciencia de frontera siempre es un lugar turbulento. La mayoría de los trabajos en la frontera resultarán equivocados o tendrán errores. La diferencia es que ahora los periodistas van a las conferencias e informan sobre cada paper que se presenta como si fuera la verdad. Pero una verdad científica no surge de la investigación de un solo individuo, es un cuerpo de investigaciones que apunta en la misma dirección. Eso es lo que establece la verdad científica y no el trabajo de un científico en particular. Si uno quiere escuchar las discusiones en la frontera [del conocimiento] tiene que saber cómo funciona la ciencia.

Bio

Edad: 57 años

Hijo de una gerontóloga descendiente de puertorriqueños y de un sociólogo, se graduó en Harvard y se doctoró en astrofísica en Columbia. Desde 1996 es director del Planetario Hayden de Nueva York. Es autor de 12 libros. Presentó reedición de la clásica serie Cosmos: un viaje personal, originalmente conducida por Carl Sagan.

Por: Nora Bär

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