“No es fútbol, sino pasión”: la visión de los extranjeros en el país sobre la argentinidad y sobre la ola de críticas
Entre abrazos con desconocidos, cábalas, fernet, mates y asados, afirman que transitaron el Mundial “como un argentino más”
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Para muchos extranjeros que viven en el país, el Mundial fue mucho más que una sucesión de partidos. Entre cábalas, abrazos con desconocidos, reuniones familiares y festejos en las calles, dejaron de ser visitantes y transitaron el campeonato “como un argentino más”.
John Thomasson Sylvinio André llegó desde Haití hace casi tres años y es estudiante de Economía en la Universidad Nacional de Avellaneda. Este fue su primer Mundial residiendo en la Argentina y rápidamente adoptó las mismas cábalas que compartían los que lo rodaban: mirar los partidos con el mismo grupo de amigos, usar siempre la misma remera y tener el mate preparado durante los 90 minutos.
“Acá vi que no solamente era fútbol, sino pasión y amor. Lo que más me sorprendió fue ver cómo hinchas de Boca, River, Independiente y otros clubes dejaban de lado las diferencias para alentar juntos a la selección”, cuenta.

El momento que mejor resume su experiencia ocurrió durante uno de los festejos. Mientras saltaba entre la multitud, alguien lo empujó accidentalmente. Lejos de generar un conflicto, terminaron abrazados y compartiendo un fernet. “Ese fue mi momento del Mundial. Ahí entendí que ser argentino también era eso: abrazarte con alguien que no conocés y terminar hablando como si fueran amigos de toda la vida”, recuerda.
La adaptación fue mucho más rápida para Rodney Gómez, de 33 años, empleado en una empresa de suplementos y cosméticos. Es ecuatoriano, llegó hace apenas dos meses a la Argentina y no pensó que iba a terminar llorando por un gol de Lionel Messi. “Desde el primer partido el sentimiento fue distinto. Lo atribuyo a la pasión de los argentinos y a lo fácil que se contagia”, dice.
El fernet con Coca se convirtió en su bebida obligatoria para cada encuentro y hasta incorporó una de las bromas que más circularon durante el torneo: “Saltar para no ser inglés, obvio”. Al terminar el Mundial, afirma que fueron los propios argentinos quienes le hicieron sentir que ya pertenecía. “Me decían que, en el fondo, quizás siempre fui argentino”, resume.
Sentirse un argentino más
El estadounidense Hunter Field, de 23 años, llegó desde Los Ángeles hace poco más de dos años y asegura que nunca imaginó vivir un Mundial de esa manera. Adoptó todas las cábalas —no cambiar la camiseta, el asiento ni el vaso de fernet— y terminó cantando “El que no salta es un inglés”, pese a tener raíces anglosajonas.
“Mis amigos argentinos me enseñaron cada canto, cada ritual y cada tradición. Durante este Mundial no me sentí como otro argentino: fui argentino”, resume.
Iván es DJ, nació en Rusia y vive en Argentina desde 2022. Grecia es fotógrafa, nació en Venezuela y vive acá desde 2021. Se casaron en Buenos Aires y hoy comparten la pasión por un mismo país que los une.

Ambos sostienen que hubo una imagen que los impactó desde el comienzo del Mundial: salir a la calle y encontrar balcones, autos y negocios vestidos de celeste y blanco. “Sentir cómo un país entero se une para alentar a su selección y cómo una victoria convierte al Obelisco en una celebración colectiva es algo difícil de explicar. Habíamos visto fútbol en otros lugares, pero una pasión así solo la vivimos en la Argentina”, cuentan.
Con el correr de los partidos también adoptaron sus propias cábalas y, entre promesas de no cambiar nada si el equipo ganaba y los festejos compartidos, descubrieron que ya vivían el torneo “como cualquier argentino”. “El Mundial nos hizo entender que pertenecer también tiene que ver con compartir las emociones de un lugar”, concluyen.
Mishell Revelo, de 25 años, nació en Ecuador y vive en la Argentina desde hace siete años. “El fútbol es la excusa para expresar una identidad que está presente todo el tiempo. En Ecuador no existe ese mismo orgullo nacional tan marcado”, reflexiona la joven. Según comenta, desde afuera suele creerse que los argentinos son apasionados únicamente por el fútbol, pero vivir un Mundial en el país le hizo cambiar esa mirada.
Durante el torneo también adoptó algunas costumbres que hoy ya siente propias, como las largas previas antes de cada partido. “En este Mundial ya no me sentí invitada: lo viví desde el primer segundo como una argentina más”, resume.

Las cábalas no se rompen
La experiencia de Ladislas d’Herbigny estuvo atravesada por una particularidad: nació en Francia, pero vive en la Argentina desde 2021 y alienta por nuestra selección. El único momento en el que el Mundial le genera un conflicto es cuando imagina un cruce entre los dos países. “Voy cien por ciento por Argentina, pero rezo para que nunca se enfrenten”, admite.
Más allá de esa excepción, explica que vivió el torneo como cualquier argentino. “Usé unas medias de Maradona en el Mundial, que es como una cierta cábala mía; creo que las cábalas son la cosa más argenta que debe existir en ese planeta”, detalla.
Después del partido contra Inglaterra, salió a la calle a festejar con sus amigos: “Estuvo hermoso. Lo viví como una final”, relata.

Ari Balanga llegó desde Angola hace once años y ya había vivido el Mundial de Qatar en el país. Dice que lo que más lo sigue sorprendiendo es la intensidad con la que los argentinos atraviesan cada partido. “Son 90 o 120 minutos en los que todo el país comparte un mismo sentimiento. Aprendí a sentir eso acá”, apunta.
Durante este torneo también tuvo su propia cábala: mirar todos los partidos con una remera que decía “El argentino nace donde quiere”. “Gran parte de mi vida adulta la construí acá. Me sentí uno más y cada día le doy gracias a la Argentina. Mi historia con este país va mucho más allá del fútbol”, advierte.

Una pasión que trasciende el fútbol
La periodista mexicana Cecilia González lleva 24 años viviendo en la Argentina. Llegó de vacaciones en 2002 con la idea de quedarse apenas tres meses, pero terminó instalándose definitivamente. Expresa que la imagen que tenía del país antes de venir se enriqueció con el tiempo.
“Para mí la Argentina era Mafalda, Cortázar y Soda Stereo. Acá encontré amabilidad, afecto, intensidad, resistencia, feminismos, arte y cultura”, describe. También destaca que nunca se sintió sola porque le resultó fácil construir amistades y nuevas familias.
La mirada de Vanessa Bell aporta un contrapunto. “Británica y argentina”, como se identifica y confirman sus dos pasaportes, cuenta que durante el Mundial recibió numerosos mensajes de argentinos que viven en el exterior y que atravesaron situaciones de hostilidad por su nacionalidad, especialmente después del partido frente a Inglaterra.
“Creo que se distorsionó rápidamente todo a raíz de una campaña agresiva antiargentina que se consolidó velozmente en redes y que lamentablemente se vió reflejado en la vida real”, reflexiona.
Para ella, las redes sociales ayudaron a instalar una imagen tergiversada: “Todo para descreditarnos tanto como nación y gente, como a nuestro equipo y capitán”. Sin embargo, sostiene que la experiencia de quienes llegan a vivir al país suele ser muy distinta. “La gente es amable, generosa y solidaria, y está abierta a que quien llega haga propia la identidad argentina. Eso es hermoso”, afirma.
Entre fernet, asados y abrazos, muchos de los extranjeros en el país coinciden en una misma sensación y rescatan aquellas palabras de la remera: “El argentino nace donde quiere”.


