
No hay culpables, sólo queda dolor
Fue a las 14.45 de un caluroso 17 de marzo y hubo 29 muertos y más de 200 heridos; hoy se conmemorará en dos actos.
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Mientras en silencio los voluntarios intentaban rescatar a algún sobreviviente, Eric, desde el sótano (o lo que quedaba de él), pedía auxilio en hebreo, el idioma de sus padres.
Cuando los gritos, como lamentos lejanos, se escucharon, los brazos de los voluntarios se paralizaron, las lágrimas brotaron desde el centro mismo del alma, la impotencia se acentuó en los rostros desencajados por el miedo y todo fue dolor, un dolor grande como el estallido que lo había provocado.
Era la medianoche del martes 17 de marzo de 1992, hace hoy exactamente cinco años.
Nueve horas y quince minutos antes, a las 14.45 una explosión sin precedentes y que conmovió a toda la ciudad había volado la embajada de Israel en Buenos Aires.
El hongo que provocó el estallido esa calurosa tarde de verano, se llevó la vida de 29 personas e hirió a más de 200.
Pero también, se llevó los sueños de muchos, esos que hablan de vivir en paz, lejos de atentados absurdos, y con los responsables tras las rejas. Porque, a cinco años del estallido, no hay nadie detenido, ni siquiera sospechado, y todas son especulaciones.
El día fatal
Ese martes 17 de marzo se abrieron heridas que jamás cerrarán, pero también comenzó la gran confusión que todavía impera.
Pocos minutos después de que la embajada estallara en pedazos, el presidente Carlos Menem hizo las primeras declaraciones: "Son los nazis argentinos que se ven totalmente acorralados. Se trata de los resabios fundamentalistas", en clara alusión a los carapintadas que pocos años antes se habían levantado en armas.
También pidió la pena de muerte para los responsables, un clásico de Menem, pero éstos nunca fueron encontrados.
No fue ése el primer traspié del Gobierno en el tema de la embajada. El entonces ministro del Interior, José Luis Manzano, abonó la teoría presidencial y fue más lejos: en conferencia de prensa aseguró al mundo que el crimen no quedaría impune: "Vamos a encontrar a los responsables", dijo como si fuera un juramento.
A cinco años del trágico episodio, ni Manzano pudo permanecer en el poder, la promesa no fue cumplida y la causa judicial que instruye la Corte Suprema no avanzó en prácticamente nada. Lo que queda son solamente dudas.
Pero no respecto de quiénes fueron los atacantes -descubrir eso parece a esta altura, una fantasía-, sino de cómo fue el trágico atentado.
La investigación
Las líneas de investigación que siguieron la Policía Federal, la Gendarmería Nacional y la SIDE difieren en cosas sustanciales.
Osvaldo Laborda, el perito de Gendarmería que estuvo investigando y haciendo los peritajes cuando se inició la causa, informó a la Corte que el elemento utilizado para volar la sede diplomática había sido C4, un explosivo plástico de caracteríticas cortantes.
Ese tipo de explosivos no se vende en el país, según dijeron fuentes de la investigación y tuvo que ser contrabandeado por profesionales.
Para respaldar sus dichos, Laborda explicó en su momento que la conclusión se desprendía de la forma en que había impactado la fuerza explosiva sobre el edificio, al que prácticamente había cortado en dos.
El mismo perito se cansó de decir que no le constaba la presencia de un suicida porque no se habían encontrado restos humanos entre los escombros de la calle Arroyo, aunque sí, partes de un coche que podría haberse utilizado para transportar y hacer explotar la carga frente a la embajada.
La Policía Federal, en cambio, sostiene con fuerza que hubo un suicida y que el explosivo utilizado fue pólvora y pentrita, un cóctel mortal cuando la carga en grande, como en este caso.
Un informe candente
Pero existen otras opiniones que contradicen las pericias de la Policía Federal y las de Gendarmería. Se trata del informe elaborado, a pedido de la Corte Suprema, por tres ingenieros de la Universidad de Buenos Aires y de la de Tucumán que cambiaron el eje de la investigación.
El trabajo explica minuciosamente que se trató de una implosión, esto es, una bomba poderosísima que explotó en el interior de la embajada.
La teoría es descartada de plano por el Gobierno de Israel, que negó sistemáticamente que alguien haya podido introducir en la embajada un artefacto de esa naturaleza, a pesar de que en aquel momento había albañiles remodelando la sede diplomática.
Es más, los vecinos cuentan que el día anterior, una empresa había retirado un volquete repleto de escombros.
Pero para el gobierno de Israel es impensable esta teoría porque, de ser cierta, haría agua toda la leyenda sobre seguridad que envuelve a las sedes diplomáticas judías en todo el mundo, y siguen en la tésis del coche bomba, con conductor suicida, perteneciente a algún grupo fundamentalista islámico.
En rigor, esa fue la primera teoría que se manejó, sobre todo después de que la Jihad Islámica (Guerra Santa, para algunos traductores; Guerra Justa, para otros), se atribuyera el atentado a una agencia internacional y hasta diera el nombre del conductor de la pick up que supuestamente explotó en la calle Arroyo.
La versión fue poco creíble y los supuestos agresores enviaron un video donde se veía el frente de un edificio que podría heber sido la embajada de Israel en la Argentina o cualquier domiclio particular.
Los especialistas rechazaron esta nueva prueba porque la consideraron endeble. Adujeron que, en cualquier lugar del mundo, cuando alguien se atribuye un atentado, muentran algo que tenga que ver con el día, la hora o el lugar del hecho. En ese video no existía absolutamente nada
Otras voces
En la causa judicial constan las declaraciaones de centenares de vecinos que vieron, vivieron y sintieron en la propia piel el sangriento atentado.
Pero hay otros, a quienes no les tomaron testimonio, que juran que nunca existió un auto estacionado en la calle Arroyo. Son los mismos que relatan cómo gente sin identificación alguna retiró del lugar miles de papeles que quedaron esparcidos en los alrededores, mientras las víctimas gritaban de dolor.
Y eso es lo que todavía queda: dolor. Porque no se sabe nada, porque se desconoce quién es quién en esta intrincada historia, porque a los familiares de los 29 muertos y más de 200 heridos no les importa si la bomba estaba dentro o fuera de la embajada. Ellos quieren justicia. Piden un culpable, una razón lógica que pueda justificar tanta sangre, aunque saben que nadie, ni la historia, se las va a dar.
- Memoria Activa: conmemorará el atentado a la embajada de Israel a las 9.05 de la mañana, frente al Palaciao de Tribunales.
- Embajador: Itzak Avirán, el diplomático hebreo en la Argentina, convocó a las 14.30 en el cementerio judío de La Tablada.
- Repudios: toda la clase política repudiará el atentado a la embajada, ocurrido hace cinco años.
- Promesas: el presidente Carlos Menem recordó ayer el brutal atentado y reiteró que el mismo no quedará impune, aunque no dio detalles de los avances en la investigación.
Las andanzas de un español
Sospechas: en la causa por el atentado a la AMIA se investiga a un delincuente español muerto durante un frustrado asalto a un camión de caudales en septiembre último.
Las andanzas de un español en Buenos Aires, muerto en un tiroteo durante un frustrado asalto a un camión de transporte de caudales en septiembre último, están siendo investigadas ante la sospecha de que podría tratarse de un eslabón entre la conexión local y los terroristas internacionales que volaron la sede de la AMIA.
Emilio Javier Iglesias Pérez, 36 años, nació en España, donde militó en los restos dispersos de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), grupo que en 1934 se unió a la Falange Española, el movimiento político nacionalista fundado por José Antonio Primo de Rivera y que en 1937 se convirtió en partido único del régimen de Francisco Franco. Iglesias Pérez trabajó en su país con quien entonces era el encargado de negocios de la Embajada de Irán, Hadi Soleimanpour.
Ingresó en la Argentina en 1982, pero lo hizo con el nombre de su hermano, Francisco José, que trabajaría en alguna fuerza de seguridad en España. Cambió de nombre porque allá tenía cuentas pendientes con la Justicia, debido un pedido de captura emitido a su nombre por diversos delitos.
Aquí se casó con una chica boliviana, Luz Guzmán Erazo, psicóloga, con quien tuvo una hija. Un par de años después se separó y formó pareja con otra chica, también boliviana, que militaba en la Unión de los Sin Techo, una agrupación vinculada con militantes del justicialismo dedicada a ocupar casas abandonadas.
Durante estos años parece haber sobrevivido con los botines obtenidos en asaltos diversos y gracias a un empleo, por lo que se sabe de al menos durante un año, en la Embajada de Irán.
Iglesias Pérez resultó herido en un frustrado asalto a un camión de transporte de caudales de la empresa Juncadella, que llevaba dinero del supermercado Coto, el 5 de septiembre de 1996, a las 23.30, en Montevideo al 700. Iglesias era el líder del grupo integrado por otras tres o cuatro personas que se enfrentaron a tiros con los custodios del blindado. El español recibió un tiro en la espalda, a la altura de la cintura, por lo que tuvo que se internado en el hospital Ramos Mejía, donde falleció a la mañana siguiente.
La policía sólo se enteró de que se trataba de Emilio Javier y no de Francisco José, como decían sus documentos, cuando llegó su madre de España para identificar el cadáver. El informe del médico forense que le realizó la autopsia dice que se trataba de un hombre flaco, de pelo castaño, de ojos grises, 1,74 metro y 70 kilos.
Sorpresas en la biblioteca
Cuando se allanó su vivienda su biblioteca resultó una sorpresa: el 90 por ciento de la bibliografía correspondía a textos que se podrían definir como de izquierda y los restantes tenían vinculación con el mundo del Islam. Más sorprendidos aún quedaron los investigadores cuando tuvieron acceso a su computadora: Iglesias llevaba una suerte de diario donde anotaba las reuniones de cada día, los planes sobre futuros golpes e infinidad de nombres. La cantidad de datos guardados en la computadora son tantos que algunos dudan y creen que muchos de ellos pueden haber sido agregados con la intención de desviar la mirada hacia otras sectores.
Trabajó como chofer de la embajada de Irán en la Argentina durante un año, bajo las órdenes de su viejo conocido Hadi Soleimanpour. Esto lo prueba la fotocopia de un cheque de la casa central del Deutsche Bank por 890 pesos de una cuenta perteneciente a la sede diplomática. Se cree que también podría haber realizado tareas de vigilancia o de seguridad en la sede diplomática. El cheque en cuestión tiene el número 16855812 Serie D y se busca establecer los movimientos de esa cuenta corriente y de quién era la firma autorizada.
Pese a que en su computadora aparecen nombres de muchos dirigentes de peronistas de izquierda, también dice que se reunió en varias oportunidades con el ex oficial de la Prefectura Naval De Sagastizabal, actualmente exiliado en Montevideo, ex integrante de la Agrupación Albatros, que se sumó al último motín de los militares carapintadas, en diciembre de 1989. También aparece el nombre de otro militar carapintada, de apellido Pérsico, con quien se habría reunido varias veces.
Iglesias dirigía la revista El avión negro, en la cual colaboraban dirigentes de izquierda, pero su nombre aparece en una publicación -una nota suya sale con la firma de Javier Iglesias- que dirigía el actual agregado cultural de la embajada de Irán, Mohsen Rabbani, de quien se tienen sospechas sobre sus reales actividades y que fue investigado por el atentado a la AMIA. El español también habría tenido contactos con Shamsudin Elía, titular de la mezquita de Floresta.
El mismo día del frustrado robo al camión de Juncadella, Iglesias y su grupo dieron otro golpe en el que se llevaron 12.000 pesos, pero cuando resultó herido, en su billetera se le encontraron sólo 400. Esto parece ser una constante en la vida de Iglesias, fue autor de varios asaltos con botines más que interesantes, pero no era un hombre de andar con mucho dinero y parecía pasar por periódicos períodos de estrechez económica, por lo que se cree que buena parte del dinero robado era destinado a otros fines, hasta ahora desconocidos.
Tres jueces interesados
Las andanzas de Iglesias son de interés de tres jueces nacionales. Más allá de la investigación formal que se realizó por el robo frustrado al camión de Juncadella, a cargo del juez de instrucción Gustavo Karam, también fue investigado por la jueza federal María Servini de Cubría, quien instruye una causa por las extorsiones sufridas por la cadena de supermercados Coto a mano de la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP). Pese a que algunas versiones decían que el día del robo frustrado Iglesias iba a cobrar el dinero de una extorsión, no se la han podido encontrar todavía vínculos con la ORP. La otra investigación en marcha es la del juez federal Juan José Galeano, a cargo de la causa por el atentado contra la sede de la AMIA, que busca probar si estos vínculos pueden ser sólo eso y no tener mayor trascendencia o tratarse de un eslabón de la llamada conexión local, por la cual están procesados como partícipes necesarios cuatro oficiales de la Policía Bonaerense, encabezados por el comisario Juan José Ribelli.
Antes de que se conocieran estos datos, Iglesias Pérez aparecía mencionado en el cuerpo 18 de la causa por el atentado a la AMIA, donde murieron 86 personas, el 18 de julio de 1994.
Zulema pidió ayuda a Israel
(DyN).- Zulema Yoma le solicitó ayer al embajador de Israel en la Argentina, Yitzhak Avirán, la colaboración del gobierno de ese país en la investigación del accidente en el que hace dos años falleció su hijo, Carlos Menem.
Mientras por radio América era entrevistado Avirán, en la víspera del quinto aniversario del atentado con explosivos que destruyó la sede diplomática, Zulema Yoma le dijo al embajador israelí: "Quería pedirle a usted al aire su colaboración para investigar la causa de mi hijo Carlitos. Yo creo que el tercer atentado ya sucedió, embajador. Quiero solidarizarme con sus palabras. reciba usted mis condolencias y mi deseo de que en algún momento se descubran estos tremendos atentados", comenzó a decir Zulema.
Avirán le respondió: "Le agradezco a usted por sus palabras. El asunto de su hijo fue una tragedia muy grande para todos nosotros. Estoy seguro de que para usted fue un golpe muy grande y no sé si el tiempo le puede ayudar".
La ex esposa del Presidente afirmó: "Es muy difícil que el tiempo ayude a un dolor que voy a llevar toda la vida, embajador. Es terrible y es más terrible que nadie colabore, y por eso es que le pido a usted si podemos tener en conjunto una charla al respecto, para poner a su disposición y apoyarnos mutuamente para pedir justicia para todos", dijo. Agregó que "todos de una vez por todas debemos empezar a respetarnos como seres humanos y que en nuestro país no sucedan más las cosas que están pasando".
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